El Comando Madrid

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Durante los últimos días del mes de junio, este villano de Madrid asistió a una operación policial de enorme envergadura. El 29 de junio salí de mi casa con intención de realizar unas cuantas compras de cara a un evento familiar. Al pasar por los alrededores de Atocha me sorprendió la presencia de efectivos policiales durante varias manzanas en todas direcciones. La entrada al Paseo del Prado estaba cortada, y una tanqueta policial antidisturbios se encontraba aparcada cerca. Me alegré.

Me alegré, porque vi que la policía, una vez más, iba a desarticular un comando terrorista en nuestra ciudad. El hecho de que la historia haya llevado nuestra pequeña villa medieval a convertirse en una gran urbe, capital de una nación, ha traído algunos inconvenientes, entre los cuales no es el menor ser objetivo preferente de cualquiera que pretenda hacer daño al país. Si en el pasado había visto a los medios varias veces glosar la actuación policial contra comandos etarras, islamistas, y en alguna ocasión, muy de pequeño, del GRAPO, tenía confianza en que nuestras fuerzas de orden actuaran ahora que una organización terrorista con muchos más crímenes en suelo europeo en su haber que cualquiera de las citadas había constituido un comando y organizado una reunión de su cúpula en nuestra ciudad.

El sangriento historial de la banda terrorista OTAN comenzó con la brutal Operación Gladio, donde mediante una campaña de extorsiones, tráfico de armas y asesinatos lograron alterar elecciones en varias democracias europeas, como Italia. Para ello no dudaron en rescatar y proteger a criminales de guerra nazis como Reinhard Gehlen y Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, o fascistas como Valerio Borghese, alias «el príncipe negro». La organización tenía tales medios que dio varios golpes de estado países integrados en su estructura, como el de los Coroneles de Grecia en 1967 y muchos más en Turquía. Todo esto está documentado en trabajos como Los ejércitos secretos de la OTAN de Daniele Ganser.

A pesar de que los integrantes de la banda se definen como defensores de la democracia, aparte de haber promovido golpes de estado de extrema derecha contra gobiernos elegidos en las urnas en Europa y en el resto del mundo, desde el principio tuvieron a dictadores fascistas como Oliveira Salazar entre sus integrantes, y trato preferente con otros, incluido el que nos gobernó a nosotros, Franco. Fue el propio ex presidente español Leopoldo Calvo Sotelo el que afirmó que «en España el propio gobierno era Gladio».

Tras la catástrofe de la caída del bloque del este, única fuerza capaz de hacer frente a esta banda criminal, muchos tuvieron esperanza en que el grupo se disolvería, entregaría las armas, pediría perdón a sus víctimas y ayudaría a esclarecer los crímenes cometidos durante décadas, pero lejos de eso comenzaron sus acciones más sangrientas en países como la República Federal de Yugoslavia —con ataques sobre la población civil tan repugnantes como el de la carretera de Dakovica—, Libia o Afganistán, donde tras dos décadas disputando a los talibanes el control del tráfico de opio y otros materiales ilícitos, han acabado abandonando a sus suerte a la población civil ante esos integristas, no sin antes llegar a varios acuerdos con ellos. A fin de cuentas los propios talibanes vienen de uno de esos grupos repugnantes con los que a lo largo de los años se han mezclado diversos dirigentes de esta trama.

Esta era, pues, la organización que había anunciado su intención de establecer una cabeza de puente en nuestra ciudad. En aquel momento exhibían sus arsenales y su capacidad destructiva con amenazas a civiles rusos o incluso a países que no habían hecho el menor gesto de ataque o confrontación, como China, exigiendo a la población europea que sirviera como carnaza para proteger las ambiciones de su líder supremo, Joe Biden, alias «el senil» o «el pederasta».

Durante varios días anteriores y posteriores, históricos dirigentes de la banda, como Henry Kissinger o Javier Solana vertieron en los canales de propaganda del entorno otanista diversas bravatas y soflamas incendiarias contra las citadas Rusia y China, además de no condenar las acciones pasadas de la organización, mostrando su nulo arrepentimiento.

Por otro lado, en los últimos tiempos esta organización tenía secuestrados a los ciudadanos europeos a los que demandaba sacrificios como no usar el coche, el agua caliente o hacer acopio de diversos alimentos para mantener el pulso de sus aliados nazis contra Rusia.

De modo que al ver a las fuerzas de orden tomar posiciones suponía que iba a presenciar la desarticulación del Comando Madrid de la OTAN. Que de inmediato esas tanquetas harían presos a sus dirigentes, y pronto comparecería el ministro del interior explicándonos la operación y exigiendo a la banda el abandono de la violencia, la condena de sus crímenes y la entrega de sus arsenales. Pero no fue aquello lo que ocurrió.

Para mi sorpresa, uno de los agentes le pidió el carnet a un ciclista que llevaba una camiseta de algún grupo de rock vasco. Este villano de Madrid estuvo lo suficientemente cerca para oír como a aquel joven le preguntaban su destino, en qué trabajaba, cuánto llevaba en la ciudad… Es decir, la policía estaba protegiendo a esta banda.

Incluso, ahora que el Villano de Madrid lo pensaba, el gobierno se había mostrado muy complaciente con la presencia de la cúpula terrorista en la ciudad. No debemos olvidar que esta organización, según Ganser, también ha sido cómplice de la represión política en España contra la izquierda, y es muy posible que tuviera implicación, por ejemplo, en los sucesos de Montejurra de 1976. Pues sin embargo se vendía como algo positivo su presencia en la ciudad y sus planes de guerra mostrando su nula voluntad negociadora. Cierta representante de la izquierda en la ciudad había declarado unos días antes que era «un placer y un orgullo» la reunión de esta organización en Madrid. Una banda que machacaría a su grupo sin ningún reparo, valiéndose para ello incluso de criminales de guerra nazis si fuera menester. Lo había hecho en el pasado y no se arrepentía. Fue entonces cuando el Villano se estremeció al comprender que la tarea que tenía por delante la gente como él en su ciudad era todavía mucho más ardua de lo que imaginaba.

Boris Johnson, miembro de la actual cúpula directiva de la banda terrorista OTAN se pasea por El Museo del Prado. Esta imagen ha intentado ser usada para vendernos como simpático a este monstruo maleducado e infractor de sus propias medidas sanitarias.

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