Carta Abierta a los trabajadores del metal de Cádiz

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Julián Jiménez, docente en educación secundaria.

Querido/a trabajador/a del metal gaditano que estás en la calle, luchando y peleando, en la huelga del metal indefinida, que lleva varios días en desarrollo, por tu pan y el de los tuyos:

Lo primero que quiero hacer es presentarme. Pertenecemos a sectores muy diferentes, yo soy un trabajador del sector educativo y vivo a cientos de kilómetros de ti, en la otra punta de la Península, en Alicante. Nuestras realidades y trabajos son, obviamente, diferentes. Conozco lo básico y necesario de vuestro sector, las condiciones laborales, los salarios, la grave situación de paro en la zona de Cádiz y poquito más. Lo normal, en estas circunstancias, es que vuestra lucha y vuestra huelga me resultara ajena o me uniera al coro criminalizador, si me dejase intoxicar por la propaganda de los medios de comunicación.

Sin embargo, mis ideas y mis principios, que adivinarás en este escrito, me tienen vacunado contra todo ello, desde hace ya mucho tiempo. De hecho, el primer motivo por el cual escribo esta carta es para darte las gracias. Te preguntarás «¿por qué? Yo solo estoy luchando por mi pan y el de mi familia.». Aquí debo contradecirte, porque no solamente estás haciendo eso. Estás mostrando que no nos han domesticado, que aún queda espíritu combativo, que todavía hay gente dispuesta a no dejarse pisar sin luchar y sin plantar cara. Vuestra huelga es un revulsivo que nos da fuerzas a otros sectores y otras zonas, porque no son pocos los que necesitan lucha y reivindicación para mejorar las condiciones, máxime con unas subidas de precios que se comen nuestros sueldos. Vuestra huelga y vuestra pelea nos indica que la llama viva de la lucha histórica de nuestros padres y nuestros abuelos, de esa clase obrera que arrancó derechos a base de dejarse la piel en la barricada y con la presión en la calle, no han conseguido apagarla y sigue viva y fuerte. Por eso, lo primero que quiero, es darte las gracias. Porque tu lucha, en un momento de supuesta paz social, nos anima a imitarla y a tomar ejemplo. Nos da esperanzas, muchas.

Realmente, debo decirte que no es algo nuevo, por eso hablo de «supuesta paz social». Numerosas luchas se reparten a lo largo del Estado de forma silenciosa y desde hace meses, y no porque no hagan ruido, sino porque la prensa del poder, esa que a vosotros os señala con el dedo y os quiere criminalizar, a otros les tiene totalmente invisibilizados y silenciados. Las trabajadoras del Museo Guggenheim llevan casi 200 días en huelga, los bomberos forestales valencianos llevan más de mes y medio en huelga. Por no hablar de la dura lucha de los trabajadores de Tubacex, de vuestro sector, que estuvieron más de 240 días hasta ser readmitidos en su puesto de trabajo, una de las victorias más importantes en los últimos tiempos. Podría tirarme el día enumerando colectivos en lucha, que he recogido en esta lista. El problema es que vivimos en la sociedad del click, del tweet, de la imagen, de lo viral. Y en esta sociedad, si no se te ve, no existes, y eso enlaza con otro punto importante que es necesario señalar.

Habrás visto cómo esos mismos medios que han silenciado tantas y tantas luchas, luchas laborales que apenas se han mencionado en las TV, radios y periódicos, han empezado la campaña brutal de criminalización contra todos vosotros. En primer lugar, no informando de los motivos reales de la huelga, que es lo primero que se debería explicar al tratar un conflicto laboral: Podrían detallar que pedís la recuperación de poder adquisitivo, que no queréis renunciar a ninguna paga y que no aceptáis aumentar los días de trabajo como exige la patronal. Podrían denunciar las más que innumerables muestras de represión policial por parte de los piquetes del patrón. Pero tanto tú como yo sabemos que, a estas alturas, su misión real no es esa. La verdadera labor de los medios de comunicación, controlados en su mayoría por bancos y accionistas de esas mismas empresas a las que hacéis la huelga, es la de criminalizar y demonizar vuestra lucha: presentaros como unos monstruos que cortáis carreteras por gusto, que os gustan las barricadas y que practicáis lo que, según ellos, es «violencia». Por eso se inventaron el bulo de las ambulancias, de la supuesta mujer que tuvo que parir en una ambulancia y que en realidad nunca existió. Fue una técnica ya usada en Colombia durante los paros y huelgas de estos pasados meses.

Es por ello que, con la experiencia de haber apoyado otras luchas en el pasado, como la de los mineros asturianos y leoneses en 2012 o la de los estibadores en 2017, te daré dos consejos, con mucha humildad y respeto, si me lo permites. Haced el caso justo a los medios de desinformación: no dejéis que os marquen la agenda. ¿Ellos hablan de violencia? ¿De qué violencia hablan? ¿De una barricada o de un corte de carretera? ¿Desde cuándo las ruedas o unos palés ardiendo sufren como animales o seres humanos? La verdadera violencia, que ellos no van a denunciar, es la miseria y el paro que asolan la provincia de Cádiz y a su juventud, los sueldos justitos y congelados del metal, por no decir cosas mayores, o la temporalidad que afecta a vuestro sector. La verdadera violencia que van a justificar y legitimar es la de la policía que os lanzaba pelotas de goma y gases asfixiantes. La violencia es la de una patronal que, ganando dinero a cascoporro, quiere ganar más a costa de vuestro sudor y esfuerzo. Contra dicha violencia, es legítimo hacer una barricada para defenderse y defender a los tuyos. Porque fue así como se consiguieron los derechos laborales y sociales que estamos perdiendo, con barricadas que echaban humo, no haciendo batucadas ni convirtiendo una manifestación en un desfile de disfraces.

Y el segundo consejo que os sugeriría es que tengáis en cuenta que hoy las redes sociales son la otra barricada en la que hay que ganar la batalla, además de en la calle y en la mesa de negociación. Aunque los medios tengan aún el monopolio de la información, debéis colonizar las redes sociales y hacer que se escuche vuestra voz: vuestras razones, vuestras reivindicaciones, vuestra garra y vuestra dignidad y neutralizar a los voceros de la Patronal, algunos pagados y destinados a criminalizar cualquier lucha de clases y con contenido (no solo pasará con vosotros, ocurre de forma constante). Tenéis que conseguir que vuestros motivos y vuestra reivindicación se escuche, alta y clara. Es gracias a las redes como muchos hemos sabido de luchas laborales silenciadas, como las que os he comentado más arriba, estaban teniendo lugar. Es gracias a las redes que estamos leyendo a algunos, aún pocos, de vuestros compañeros. Y nos está ayudando a comprender y a solidarizarnos con vuestra lucha.

Aunque, a decir verdad, tampoco es que yo necesitase mucho, como habrás podido adivinar, para ponerme de vuestro lado. Mis ideas marxistas y mi conciencia de clase ayudan a que la palabra solidaridad no sea un cascarón vacío o una mera pose. Allí donde haya una lucha, allí donde los trabajadores luchen por su pan, allí donde haya conflicto entre el empresario y el trabajador, allí donde los trabajadores necesiten el apoyo y la difusión, allí debemos estar, apoyar y solidarizarnos. Ayer fueron otros sectores, hoy sois vosotros y en el futuro seremos o serán otros.

Imagino que, como en toda lucha, vas a tener altibajos, momentos donde pensarás que vais a hacer la revolución y lograr un acuerdo decente, pero también ratos de bajón o decaimiento, sobre todo si lees a determinados voceros del poder, a juntaletras a sueldo de la patronal o pones media hora el programa derritecerebros de Susanna Griso o Ana Rosa Quintana. Cuando eso pase, recuerda que son unas cuantas, y no precisamente pocas, las personas que os estaremos respaldando en vuestra lucha y en vuestras reivindicaciones. Porque la victoria de los trabajadores del metal, como cada una de las luchas laborales existentes y en desarrollo, no será solo una victoria de los trabajadores de uno u otro sector, es una victoria de la clase obrera en su conjunto.

Me despido atentamente de ti, pidiendo que compartas este escrito con tus compañeros y tomando apuntes de todo lo que haces y de las lecciones que aprendamos de vosotros, porque, aunque yo sea profesor y me dedique a la docencia, hoy eres tú y tus compañeros los verdaderos maestros en la lucha. De obrero de la educación a obrero del metal.

Un abrazo solidario

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