¿Qué podemos hacer con Alemania?

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Lidia Falcón, Presidenta del Partido Feminista de España.

Las elecciones alemanas cuyas consecuencias todavía tienen que conocerse, están siendo, sin embargo, un motivo de toda clase de análisis, especulaciones y comentarios por parte de los entendidos. Hace tiempo quería haber escrito sobre la señora Ángela Merkel y su „fenómeno“. Después de haber leído, y oído, durante 16 años, toda clase de elogios a su estilo de gobierno, caracterizado por la prudencia, la moderación, el diálogo, la escucha, la negociación y la capacidad de lograr acuerdos y alianzas, quería haber puesto relieve las verdaderas motivaciones de esa representante de la derecha más tradicional, que, a semejanza de Margaret Thatcher aunque con menos presunción y protagonismo, logró la implantación y arraigo del gran capital sin oposición. Derrotada la socialdemocracia, desaparecido el comunismo, el Capital ha sabido dominar la economía europea durante tres décadas.

Ángela Merkel ha sido el agente necesario para mantener el predominio y las normas que interesan a las grandes corporaciones que constituyen la mayor riqueza del país: las plantas industriales, la minería, los altos hornos, los trenes de laminado, los astilleros, para lo cual se mantiene la explotación del carbón, incluso el más contaminante, y el uso del gas. Al mismo tiempo se finge que se tiene una gran preocupación por conservar el medio ambiente por lo que se están haciendo grandes esfuerzos por impulsar las energías alternativas, que no tienen apenas incidencia en la producción de energía. Cerró las centrales nucleares después del desastre de Fukujima que satisfacía las demandas de los verdes y atraía al electorado que estos habían conquistado. Cuando la crisis económica se desata en 2008 logra imponer con toda dureza la consigna de ahorrar, ahorrar, ahorrar, que hunde en la miseria a Grecia y ocasiona la pobreza de Portugal, España,  Italia, e Irlanda,  los llamados países PIG, (cerdo en inglés) que son despilfarradores y viven sin trabajar, abusando de la generosidad de los países austeros del norte de Europa.

También se le atribuye a Merkel la bondad y la generosidad con que acogió en 2017 a 800.000 sirios que huían de la guerra, aunque esta cifra nadie haya podido comprobarla. Hoy, releyendo muchas de las informaciones que se han publicado encuentro la explicación veraz: las empresas necesitan trabajadores por la baja natalidad que está ocasionando un descenso importante de la demografía. Y los sirios, acogidos con tanta solidaridad por el gobierno alemán están trabajando por un euro la hora. Consiguen uno de los propósitos del Capital que señaló Marx, tener un ejército de trabajadores de reserva que mantengan los salarios bajos.

El pueblo alemán ha votado, casi a partes iguales, a socialdemócratas y democristianos, que representan la continuidad de esa misma política. Una vez destruida la URSS y los países satélites del régimen soviético se hacen satélites del capitalismo y siervos de la OTAN, no queda alternativa. Como dice una viñeta del ROTO, en la que un personaje trajeado con unos cuernos y unas llamas rodeándole, lo que indica su condición diabólica, afirma: „No es difícil mantener a la gente en el Infierno, no hay más que convencerles de que no hay otro lugar“.

Todos los problemas y desigualdades que sufría Alemania siguen en el mismo lugar, sólo que agravados, y los defensores a ultranza del capitalismo llenan de elogios la política que ha seguido la Merkel. Encuentro un sorprendente artículo de Xavier Vidal Folch, que suele ser ponderado, en el que remedando a Kennedy y lo que él llama „entrañable imperativo“ dice que „no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país“. Y exige que todos, alemanes y españoles, nos pongamos a la tarea de „corresponder a todo lo mucho que ha hecho Alemania en el último medio siglo a favor de los españoles“.

Todavía desconcertada al leer la larga lista de favores que le debemos a Alemania que, naturalmente, comienza en fecha tan reciente como 1983, no fuera a ser que recordáramos la alianza de Hitler con Franco, me entero de que le debemos la entrada en el Mercado Común y las dotaciones de dinero que la UE nos regala cada año.

Del maltrato y la explotación que sufrieron cientos de miles de españoles emigrantes económicos durante la dictadura, que engrosaron los bolsillos de los empresarios, del  dinero que le entregamos a Alemania para que se reunificara con la del Este, en lo que también participamos, y de haber impuesto la desindustrialización de España, de la que tiene más 40 millones de clientes, para seguir dominando la economía europea, y de la política de austeridad que impuso a partir de 2008, que hundió la economía española, el señor Vidal Folch no dice nada. Como nunca ha criticado nadie el sofisma de Kennedy que tanto éxito ha tenido. Porque el Capital no quiere que se reflexione sobre todo lo que hacen por su país los obreros explotados de todas las ramas de producción, las mujeres que mantienen la reproducción sin compensación económica, y los campesinos y los que atienden los servicios, con trabajos precarios y mal pagados. Esos que mantienen el mundo por su base aún han de estar agradecidos al Estado y a los gobiernos que los maltratan y los engañan.

Como seguirán viviendo con el nuevo gobierno alemán, que seguirá imponiendo sus cuotas de producción y de comercio contra España, mientras nos pide que le demos las gracias.

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