La derecha peruana se resiste a la derrota y alienta una escalada golpista

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Miles de personas marcharon por las calles de Lima el día después de conocerse el resultado definitivo del recuento oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que confirmaba la victoria de Pedro Castillo, en una manifestación que recogió a personas llegadas de todas las regiones del Perú y que se concentraron en una céntrica avenida limeña hasta alcanzar la extensión de varias manzanas. La marcha se produce no sólo como recibimiento de júbilo al nuevo presidente sino como forma de apoyo ante la espera de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) decida sobre las anulaciones de mesas presentadas por Fuerza Popular, en un último intento por cambiar los resultados.

El presidente de este organismo encargado de la imparcialidad de las elecciones, Jorge Salas, defendió esta semana que las instituciones electorales obran con «transparencia» y pidió que se eliminaran la «polarización» y las «fake news», que han provocado un clima de enorme tensión tras las elecciones presidenciales en todo el país. El llamado a la tranquilidad se hace ante la escalada golpista que parecen sugerir las acusaciones de la perdedora, Keiko Fujimori, quien continúa denunciando un supuesto fraude en mesas electorales.

Las acusaciones de fraude electoral (de secular tradición en Latinoamérica, incluida España, cuando gana la izquierda) llegan no sólo de la candidata derrotada sino de personalidades de la sociedad más conservadora del país, tal es el caso del escritor Vargas Llosa y diversos congresistas, quienes han declarado que cuestionaba la capacidad del JNE para entregar «resultados limpios, verdaderos», e incluso planteaba que, puesto que podían transcurrir semanas en revisar las solicitudes de nulidad presentadas por el partido de Fujimori, se alcanzaría la fecha del 28 de julio, fecha del cambio presidencial, lo que obligaría a convocar nuevas elecciones.

En la admisión de estas apelaciones se juega no sólo el resultado electoral sino el de la propia Keiko, quien deberá responder tras la derrota ante la fiscalía anticorrupción, que ha solicitado la prisión preventiva para la hija de Fujimori por incumplimientos de contactos con testigos implicados en el caso de lavado de dinero con la empresa Odebrecht (empresa constructora causante de coimas -sobornos- que afectan a varios ex presidentes del país, de hecho todos los que se mantienen con vida están involucrados) y cuyo juicio deberá continuar la candidata al no haber ganado las elecciones.

El mandato de Castillo parece ser un recién nacido que llega con dificultades desde antes del parto. Las bolsas del país reaccionaban con fuertes descensos nada más conocerse la virtual victoria de los de Perú Libre. La posibilidad de victoria del candidato socialista Pedro Castillo hizo caer los índices de referencia del mercado peruano y provocó un retroceso del 2% en el Sol, la mayor caída desde 2013. Hasta la consultora JPMorgan señaló en un comunicado que «si Castillo es confirmado como presidente electo, creemos que el banco central estaría a prueba con el cambio de régimen, probablemente enfrentando una fuga de capitales tras el resultado de las elecciones. Si la candidata de la continuidad del régimen (Keiko) Fujimori termina ganando, esperamos que las condiciones financieras se normalicen a pesar de los desafíos políticos que se avecinan en un escenario de sociedad muy polarizada».

Pedro Castillo parece gozar del favor de la calle y el pueblo peruano se muestra dispuesto a manifestarse como ha demostrado en Lima. Sienten como suya esta victoria electoral y no desean que se les birle esa oportunidad. Le espera una difícil tesitura al nuevo presidente, al que deseamos sea capaz de mantenerse firme y continúe con el afecto de su pueblo antes de que comiencen a socavarle las exigencias de la derecha peruana.

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