Un logro en la campaña madrileña

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El tema de conversación y análisis general de estos días son las graves amenazas de muerte recibidas por la directora de la Guardia Civil y varios miembros del gobierno que algunos califican de «dictadura socialcomunista». El detalle que ha tenido más repercusión en los medios fue la negativa de Pablo Iglesias a continuar en un debate en la SER el día 23 de abril, día siguiente a recibir amenazas explícitas para él y su familia, ya que la candidata de VOX a presidenta de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, se había negado a condenar las amenazas e incluso las ponía en duda.

Más allá de las comparaciones con las reacciones a cuando las amenazas las reciben otros o de los calificativos que merece Monasterio, a Pablo Iglesias le han caído algunas críticas por abandonar el debate, argumentando que con esa reacción ha dado una victoria simbólica a la formación fascista, y está privando a la audiencia madrileña de la confrontación de ideas, ya que la Sexta y RTVE cancelan los debates que tenían pensados por la renuncia de los partidos de izquierda a debatir con VOX (para que mis lectores tengan todos los elementos de juicio sobre este aspecto debo reconocer que la ley obliga a que si se organiza un debate estén todos los partidos con representación).

Bien, pues yo creo que es la segunda vez en menos de una semana que Pablo Iglesias logra algo importante para sus intereses. La prueba del logro la están viendo ustedes ahora mismo con sus ojos: ha conseguido que las amenazas sean noticia. No es una exageración, el poder de los medios para dar relevancia o silenciar acontecimientos según beneficien a un partido o a otro es bien conocido. Lo llevamos viendo los que miramos un poco más allá toda esta campaña.

Antes de que esto ocurriera ha pasado casi desapercibido en esta carrera electoral que Ayuso tuvo que rectificar su declaración de bienes tras conocerse que es propietaria junto a su hermano de una empresa sin actividad conocida desde 2014, pero que ha recibido préstamos a dedo de Avalmadrid, el mecanismo público de garantías de la Comunidad que preside. O que el número dos de la candidatura de VOX, Jorge Cutillas, fue detenido en 1982 como líder de una organización fascista acusado de apedrear el autobús de unos niños vascos que venían de excursión a Madrid.

También nos hemos enterado hasta la saciedad de que VOX recibió el lanzamiento de piedras y otros objetos en su acto de precampaña en Vallecas, pero casi no se ha comentado el hecho de que fueron ellos quienes provocaron el tumulto saltándose el cordón policial y dirigiéndose en actitud amenazadora a los presentes. Más aún, ahora columnistas como el infame Hughes de ABC fingen indignación cuando se recuerda esa realidad, a pesar de que su propio diario tuvo que reconocerlo en su crónica:

El ambiente estaba muy crispado pero no se había pasado de las palabras y los insultos hasta que Santiago Abascal, líder de VOX, bajó de la tribuna, rebasó el cordón policial establecido para proteger a los líderes políticos y se dedicó a contar pasos, a tomar medidas imaginarias en el aire y a encararse con quienes tenía enfrente. Algún agente, según este relato, le pidió que no cruzara el cordón de seguridad aunque Abascal, reconvertido en agente del orden, hizo caso omiso.

La propia Policía Nacional así lo indicó, y quedó recogido en miles de fotos y videos cómo la tropa del partido ultra hasta forcejeó con los agentes del cordón. Y de ellos también hay imágenes lanzando objetos, por cierto.

Integrantes de la comitiva de VOX en Vallecas forcejean a los agentes de la ley.

Este mecanismo para decidir qué ocupará portadas y qué no fue especialmente llamativo cuando en Tribunal Constitucional dejó a ese chaquetero estridente llamado Toni Cantó fuera de las listas del Partido Popular para estas elecciones. Cantó ocupó portadas, cierto, pero porque era un tipo ya conocido y llamativo. En el mismo fallo también se quedó fuera otro integrante de la lista, Agustín Conde, ex alcalde de Toledo por la formación azul, que pasó casi de puntillas, cuando a mi juicio, su presencia en la lista daba muchos más motivos para la indignación que la de Cantó: Conde fue vetado del Consejo de Europa de por vida por haber dado un trato de favor al gobierno de Azerbayán cuando actuó como observador internacional de este organismo.

Llegamos a los sucesos que abrían este artículo. La tónica era la misma. En la era digital pueden ustedes comprobar las portadas de los principales diarios al día siguiente a que esos políticos y cargos públicos recibieran las amenazas. Ni una línea a ese acontecimiento. Solo cuando horas más tarde Pablo Iglesias reaccionó a la infamia de Monasterio todos los partidos tuvieron que tomar posiciones y los medios dedicaban el tiempo que merecía a que se amenazase, no lo olvidemos, a un ministro y un exvicepresidente de un gobierno electo y a la directora de uno de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado.

Como he dicho era la segunda vez en pocos días que Pablo Iglesias metía al poder mediático el gol de obligarlo a tratar de los temas que intentaba silenciar. La primera fue cuando en otro debate, el de Telemadrid que retransmitieron también varias cadenas públicas y privadas, Iglesias mostró a Isabel Díaz Ayuso el texto literal de su denominado protocolo de la vergüenza, lo que obligó a los medios afines a reaccionar reactivando el bulo de que el vicepresidente tenía el mando de la situación en las residencias durante la crisis sanitaria, y creando uno nuevo, que fue el ministerio de defensa y no la vicepresidencia de Iglesias la que mandó a las fuerzas armadas a desinfectar y colaborar en la situación de los centros residenciales. Este último, por cierto, con la aquiescencia de la propia ministra de defensa, Margarita Robles.

Pablo Iglesias puede gustar más o menos como candidato. Su estrategia puede dar resultado o no. Pero habrá que reconocerle que de momento ha logrado poner sobre la mesa de actualidad aspectos que se pretendían silenciar. Ignoro si será suficiente pero ese mérito es innegable.

Y por cierto, las elecciones, que algunos adjudicaban de antemano a Ayuso y su tropa, dan síntomas de estar mucho más igualadas de lo que algunos creían. A pesar de toda la maquinaria y parafernalia que la derecha ha edificado en las décadas que ya lleva gobernándonos a los madrileños, no tiene en absoluto un dominio tan abrumador como algunos pregonan. Siguen siendo favoritos para la victoria, sí, pero no está clara ni, caso de ganarla el bloque de derechas, parece que vaya a ser una victoria arrolladora. Confíen en nosotros, los villanos de Madrid.

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