Democracia republicana o monarquía parlamentaria. Hacia un nuevo proceso constituyente

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El presente artículo forma parte del especial que lanza El Común en conmemoración del 90 aniversario de la proclamación de la II República Española, proyecto referente de la izquierda transformadora de este país, que sigue aspirando a un régimen de democracia plena casi un siglo después de aquella experiencia.

Ismael Sánchez Castillo, Diputado en el Parlamento de Andalucía. Responsable de Organización del PCE en Sevilla.

Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre la “plena normalidad política y democrática”, tras unas declaraciones realizadas por Pablo Iglesias. Inmediatamente la oligarquía financiera de España, los poderosos, los que controlan los medios de producción y los partidos que sostienen al agotado Régimen del 78 saltaron enfurecidos y que es que en este país no se puede cuestionar la “democracia” y mucho menos a la monarquía, todo muy democrático.

Los tentáculos de la corrupta monarquía borbónica son largos, llegan hasta Abu Dhabi y más allá, para impedir que el pueblo pueda gestionar la “cosa pública”, que haya un reparto justo de las riquezas, esa Rēs pública que permita a la mayoría social dirigir el bien común y el futuro. Cada vez que alguien habla de esto se forma un gran escándalo, aunque todo el mundo sabe que la calidad democrática de España deja mucho que desear.

Y la cuestión es sencilla, si solo existe una democracia institucionalizada, si no hay mecanismos de democracia directa, de democracia participativa… no hay democracia plena. Y es por esto, por lo que se hace necesaria una democracia republicana. Desgraciadamente, cada vez que se plantea con fuerza esta idea la represión es fortísima. Lo vimos con el exalcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso, un trabajador del metal víctima de la injusticia judicial y de la impunidad de la Corona por afirmar que “El rey, señores, porque su procedencia lo es, es corrupto”. La historia pone a cada uno en su lugar y hoy Juan Carlos I continúa con su huida vergonzosa en los Emiratos Árabes mientras ha quedado demostrado que Barroso tenía razón. Más recientemente, el rapero Pablo Hasél ha ido a la cárcel por cantar y poner tuits sobre “el emérito” o se han encarcelado a políticos independentistas por organizar un referéndum, presos políticos por querer que el pueblo decida en libertad su futuro, y se hace en base a la aplicación del artículo 155 de la Constitución que no tiene ley orgánica que lo desarrolle y sustancie. Con todo esto, muy lo que se dice muy plena no parece nuestra democracia.

En resumen, para que haya una democracia real, una democracia de la gente no puede continuar la monarquía, es incompatible, es contradictorio. Ciudadanía o súbditos, representación o dominación, este es el debate, democracia republicana o monarquía parlamentaria.

En base a todo lo anterior, parece de sentido común la necesidad de iniciar un proceso constituyente. España ha perdido su soberanía, aquí manda Maastricht, el IBEX 35 nos fija nuestra política económica y si nos desviamos un poquito hombres de negro aterrizarán en paracaídas para hacernos volver al camino correcto. Así, cada vez más personas se decantan por la República como forma de estado y por ende, por la necesidad de tener una nueva Constitución. Y es que cada vez más gente entiende la necesidad de un modelo de estado como garante de la educación, sanidad, pensiones, banca pública…

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