Muere Larry McMurtry el desmitificador del wéstern americano

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Ha fallecido a los 84 años Larry McMurtry, escritor y guionista, quien se quedó a las puertas del Oscar en 1972 cuando escribió el guión de “La última película” pero quizá sea más conocido para el público por el guión de “Brokeback Mountain”, la película de Ang Lee sobre dos vaqueros gays interpretada magníficamente por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal. McMurtry creció en un rancho de Texas, y pasó la mayor parte de su vida en Archer City, una pequeña ciudad en medio de llanuras donde pastaban las reses. Ahí se dedicó a escribir, y a regentar sus librerías de segunda mano, en las que llegó a atesorar casi medio millón de volúmenes. Hollywood enseguida se fijó en él. A los 25 años, ya había publicado una primera novela, que no tardó en convertirse en “Hud, el más salvaje entre mil” (1963), película de Martin Ritt protagonizada por Paul Newman.

En la ficción, Archer City se convirtió en “Thalia”, y dio nombre a una trilogía llevada al cine por distintos directores. Después de Martin Ritt y antes de que Sidney Lumet convirtiera en “Lovin Molly” (1974) la segunda entrega de la trilogía, el productor Bert Schneider quedó fascinado por “La última película”, tercera novela de McMurtry. Protagonizada por Jeff Bridges, Timothy Bottoms y  Cybill Shepherd, “La última película” (1971), que narraba un despertar sexual en tiempos de represión, se convirtió en uno de los grandes clásicos del Nuevo Cine Americano. Entre una y otra, Larry McMurtry intentó, como sus personajes, escapar de las llanuras de Texas. Quiso despedirse del Oeste con “Moving On” (1970), pero no se sentía a gusto en la gran ciudad, y acabó obteniendo el Premio Pulitzer, por “Paloma Solitaria” (1985).

En 1983, otra de sus novelas, “La fuerza del cariño”, también se convirtió en película (galardonada con cinco Oscar, incluidos los más importantes), a mayor gloria de Shirley MacLaine, Debra Winger y Jack Nicholson, y tuvo su correspondiente secuela en 1996. Y McMurtry acabó yendo a recoger el Oscar que debería haber ganado tres décadas atrás. Esta vez no era por una de sus novelas, sino por la adaptación de “Brokeback Mountain”, un relato largo de Annie Proulx, y compartió honores con Diana Ossana. Pero aquel amor prohibido entre dos jóvenes vaqueros resultaba perfecto para cerrar el círculo de una obra consagrada, de una manera o de otra, a la desmitificación del legendario Oeste americano.

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