El orgullo de ser tránsfuga

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Cuando escribo este artículo, la moción de censura de Ciudadanos en Murcia parece abortada por una maniobra del Partido Popular de la que hablaré más adelante.

Lo cierto es que en el momento en que fue presentada yo llevaba tiempo esperando algo así basándome en el siguiente razonamiento: no creía que el poder financiero, mediático, empresarial, etc que tantas portadas y promoción regaló al partido naranja dejase que ese tiempo y dinero se esfumaran como la nada. Suponía más bien lo que parecía presentarse a mis ojos: los tendrían en la reserva para volver a usarlos en algún momento, y el uso que yo esperaba era ese, que cuando asumieran que, ahora mismo, con la aritmética parlamentaria en la mano, el gobierno que más garantiza orden y estabilidad es uno liderado por Pedro Sánchez, les darían orden de acercarse a ellos para forjar una coalición PSOE/Ciudadanos más del gusto de los poderes fácticos que una del PSOE con UP. ¿Que Ciudadanos parecía estar en las últimas? Bueno, les recuerdo que con poner a su maquinaria a trabajar nos convencieron de que el político mejor valorado en España era un señor catalán al que casi nadie conocía fuera de esa comunidad y lograron que pasara de un 3% a 8% de intención de voto en solo tres meses en 2015.

A estas horas está claro que no, que han obedecido las órdenes de sus amos, como siempre han hecho, pero estas eran otras: inmolarse de modo espectacular para recuperar esos votos para otras formaciones de derechas y reducir la fragmentación de ese espacio electoral.

De todas maneras el auge de Ciudadanos me parece algo que merece la pena recordar, porque es un ejemplo clarísimo de lo que es capaz el poder mediático: en pleno auge de Podemos (que algunos me van a decir que también fue inflado por ciertas cadenas de televisión) los poderes fácticos empiezan a ver que puede formarse un electorado de izquierdas. No es una suposición. Recuerden a Josep Oliú director del Banco de Sabadell en Junio de 2014: «Hay que crear un Podemos de derechas, el de ahora nos da un poco de miedo». Más claro no se puede decir. Entonces empieza la operación que llegó en algún momento a situar a los naranjas como partido en cabeza en las encuestas y a calificar a Albert Rivera como «el Kennedy español». Rivera, no obstante cavó su tumba política cuando desbordó la tarea que sus amos le tenían asignada: quiso jugar a ser cabeza de la derecha española, cuando lo único que esperaban de Ciudadanos era ocupar escaños para apoyar a PP o PSOE según conviniera alejando el riesgo de un pacto con lo que consideraban la mayor amenaza. Además, a esas alturas, los amos ya habían asumido que con movilizar a una derecha progre que intentara ir de moderna no bastaba, para aquel momento Vox ya estaba siendo inflado para atraer al electorado más ultra. Entonces los dejaron caer a Ciudadanos.

Los titulares para intentar vender a Rivera, en este caso en el Diario de Almería.

Algún día habrá que preguntarse si alguien con tanto apoyo del poder como tuvo Rivera ha logrado menos. De momento hoy resultaba conmovedor ver a ciertos representantes del partido naranja, como el vicepresidente de mi comunidad, Ignacio Aguado quejarse en tweets o en palabras del maltrato mediático que han empezado a conocer.

Analizada la fuerza de los medios para hacer crecer o inmolar a un partido, llega el momento de prestar atención a otro pilar de los poderes fácticos: la capacidad de comprar o sobornar a quien interese. En una de mis películas favoritas, Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964) , una cacique le decía al personaje interpretado por Clint Easwood: «Soy lo suficientemente rica para apreciar a los hombres que se dejan comprar». Bueno, esta frase luce mucho en la ficción, pero en la vida real, la mayoría de la gente somos del estrato que debería ver los tejemanejes de dinero y poder como un perjuicio para ellos y desde luego como algo reprobable. Pues la maniobra del Partido Popular que ha permitido desactivar el peligro de que el gobierno murciano cayera ha sido una compra con cargos de gobierno y con sus correspondientes sueldos a tres tránsfugas de Ciudadanos. Pero este cambalache tan bajuno y miserable se nos ha vendido como una maniobra maquiavélica, de savoir faire, de políticos hábiles.

Señores, es una compra de principios y lealtades de una bajeza difícilmente igualable. Pues allí están los integrantes de la formación que finalmente va a ser el partido de referencia de la derecha sacando pecho junto a sus nuevos mercenarios (con la aquiescencia, una vez más, de numerosos diarios y cadenas de televisión afines).

Al escribir yo este artículo parece ser que es general que a los integrantes de Ciudadanos que lo deseen, sus amos les han permitido seguir a su servicio desde el Partido Popular. El último antes de que yo tome mi pluma ha sido Fran Hervías.

Cuando en la cara de uno se mercadea con las instituciones de todos y con lo votado en las urnas, es lógico sentir indignación, pero lo que no entiendo es la sorpresa de algunos, cuando no hace tanto hubo una carrera similar en sentido inverso. En aquel momento parecía que los naranjas desbordaban a los azules, y muchos cargos populares corrieron a salvar su trasero en Ciudadanos. A destacar en mi comunidad de residencia Ángel Garrido, el hombre de las inauguraciones grotescas de dispensadores de hidrogel y carteles de colores, que de presidente en funciones por los populares pasó a Consejero de transportes por los naranjas. Entonces a los de Inés Arrimadas el transfuguismo les parecía de maravilla y a los tránsfugas los llamaban, en un ejercicio de neolengua, fichajes. Podemos concluir, por tanto, que estos dos partidos son al final el mismo perro con el collar que convenga ponerle en cada momento.

Acabando mi artículo les diré que soy de la Comunidad donde se dio el Tamayazo, conozco los juegos de compras de voluntades. Pero me parece un cambio alarmante el hecho de que si entonces los responsables eran conscientes de la ruindad de su acto, ahora sea algo para exhibir.

Esta maniobra de reconstrucción nacional de la derecha, por cierto ha tenido consecuencias en mi comunidad: el primer día que ha tenido una oposición enfrente el gobierno de Ayuso ha estado a punto de caer. Justo ahora acabo de enterarme de que se ha confirmado que habrá elecciones. Las primeras encuestas dicen que podría haber una posibilidad real de echar a la indeseable que ha dejado morir a nuestros ancianos, ha aprovechado la pandemia para enriquecer a sus amigos y ha convertido Madrid en el bar de los borrachos irresponsables de toda Europa. Sí, sí, sé lo que están pensando: la izquierda de Madrid es lamentable y/o inexistente. Esa oportunidad de cambio la habría si esa «izquierda» no fueran señoritos pijiprogres peleándose entre ellos. A veces algunos madrileños creemos que el PSOE y quizás también Más País y UP están cómodos con la tarada aquí porque así les votan en el resto de España. Pero en mi opinión dejar de ser una distopía neoliberal que por momentos recuerda al Detroit de Robocop merece darles una oportunidad. Aunque visto que el primer movimiento dado por el PSOE es presentar como candidato al mismo e inoperante Ángel Gabilondo no cabe esperar mucho. Ellos mismos malograrán la ocasión. Pero yo haré lo que está en mi mano para que Ayuso se vaya.

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