Las víctimas de la tortura del régimen sionista

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Este pasado viernes tuvo lugar una conferencia telemática que llevaba por título “Las víctimas de la tortura del régimen sionista”, cuya organización corrió a cargo de Alkarama, Movimiento de Mujeres Palestinas y Samidoun, Red de Solidaridad con Presos y Presas Palestinas.

La moderadora comenzó el acto explicando en qué consiste la detención administrativa, que es un procedimiento que permite a las fuerzas de ocupación israelíes retener a los prisioneros indefinidamente con información secreta sin acusarlos ni permitirles ser juzgados. Ni el detenido ni su abogado pueden acceder a la información o las pruebas secretas y, según las órdenes militares israelíes, una orden de detención administrativa puede renovarse por tiempo ilimitado. El tribunal emite una orden de detención administrativa por un período máximo de seis meses, sujeto a renovación. Aunque el uso de la detención administrativa de manera generalizada y sistemática está prohibido por el derecho internacional, la ocupación israelí utiliza la detención administrativa como una herramienta para el castigo colectivo contra los y las palestinas. 

Tras esta introducción, intervino en primer lugar la activista y expresa palestina Rula Abu Dehu, ex presa y profesora en el Instituto de Estudios de la Mujer en la Universidad de Birzeit (Cisjordania). Rula hizo una brillante exposición acerca de los objetivos del régimen sionista al encarcelar a palestinos y palestinas, que no es otro que derrotarles física y moralmente para despojarles de su identidad como pueblo, con el fin de que la persona presa llegue hasta el punto de la desesperación y el desapego por la causa.

Rula habló de dos tipos de opresión: en primer lugar la opresión del cuerpo, esto es, la tortura física: palizas de soldados, agresiones de perros adiestrados, ingesta forzosa de alimentos tras una huelga de hambre (lo que conduce directamente a la muerte),…y en segundo lugar, la tortura psicológica, sufriendo humillaciones tales como rapado de cabeza, prohibición de visitas de familiares, privación de libros y cuadernos o bolígrafos para escribir, entre otros ejemplos.

Asimismo, la ponente diferenció entre dos etapas en los métodos de tortura dentro de las cárceles sionistas, antes y después de los Acuerdos de Oslo. Tras los mismos, el desarrollo tecnológico se implantó en las cárceles y se impuso una especie de “opresión moderna”, en que ya no se visualiza a los verdugos, en que las torturas alcanzan un grado máximo de sofisticación (celdas minúsculas que impiden moverse, prohibición de hacer al preso sus necesidades, entre otros ejemplos).

No obstante, Rula incidió en que a pesar de todo, los y las presas, que sufren las mismas vejaciones, salen de las cárceles con todavía más compromiso de lucha y más identidad como pueblo, por lo que Israel no solamente no está consiguiendo su objetivo de mermar la lucha, sino que está haciendo justamente lo contrario. Una de las manifestaciones más plausibles de que los y las presas no están moralmente supeditados, es la huelga de hambre, que se ha instaurado como un eficaz instrumento de presión dentro de las cárceles, y gracias al cual en muchos casos se han llevado campañas de liberación de presos con éxito.

Tras la exposición de Rula, intervino Saad Omar, refugiado palestino en nuestro país, periodista y activista, quien ha pasado 9 años en la cárcel como preso político, entre 2005 y 2014. Saad saludó a la causa de Pablo Hasél a quien considera también como un preso político.

Saad explicó las distintas fases por las que pasa una persona, desde que la detienen hasta que entra en la cárcel, pasando por el interrogatorio. Y su descripción fue realmente sobrecogedora. En primer lugar, pegan al detenido con brutalidad para desequilibrarle, y los soldados le propician torturas tanto físicas como psicológicas durante el trayecto. Una vez en el interrogatorio, un forense militar atestigua que el detenido o la detenida no tiene heridas ni secuelas de ninguna clase, y entonces empieza el TERROR, con mayúsculas: con los ojos vendados, encadenan a los detenidos, le propinan palizas, le llevan a las conocidas como “celdas nevera” que impiden ninguna clase de movimiento. Si son considerados presos peligrosos, los guardias tienen absoluta libertad para utilizar la fuerza física a su voluntad. Dentro de la cárcel, en ocasiones utilizan también el chantaje sexual: practicando sexo delante de los presos, poniendo en la tv canales de pornografía, entre otros ejemplos. Otras formas de tortura se manifiestan mediante el traslado del preso o la presa a una cárcel alejada de su pueblo o ciudad natal, para que su familia no pueda ir a visitarle. O mediante la celebración de “banquetes” mientras hay presos y presas en huelga de hambre.

El ponente explica que la opresión no termina cuando la persona presa sale de la cárcel, ya que le es prácticamente imposible encontrar un empleo, pues los ocupantes castigan a quienes proporcionan empleo a los expresos.

Saad concluyó añadiendo que los y las presas palestinas son meras cobayas de la política de la represión, pues estos mismos métodos del terror son exportados a otros países. Y que al final, cualquier persona palestina se siente presa de algún modo: quienes están en la diáspora, por no poder regresar a su hogar; quienes están en Gaza, por el bloqueo criminal impuesto por tierra, mar y aire; quienes están en Cisjordania, por las vejaciones sufridas por los colonos y los soldados; y quienes están dentro del ente sionista, Israel, por ser ciudadanos de segunda y sufrir el inmiscuimiento del ocupante en cualquier detalle de su vida cotidiana.

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