Apartheid sionista también en la vacunación

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A lo largo de estos días, en todos los telediarios y en la inmensa mayoría de los medios de comunicación, hemos podido leer y escuchar las “bondades” del sistema de vacunación israelí con respecto a la vacuna del COVID-19: cómo en tan poco tiempo ya se ha vacunado casi el 30% de la población. El gobierno israelí además presume de que para la primavera, Israel saldrá de la pandemia.

Sin embargo, hay que preguntarse hasta qué punto es efectivo el sistema de vacunación, cuando se deja fuera del mismo sistemáticamente a 5 millones personas, concretamente, el total de la población palestina de Cisjordania y de Gaza. Tan sólo tienen acceso a la vacuna los colonos de los asentamientos ilegales en Cisjordania.

A pesar de que los fracasados Acuerdos de Oslo recogen que la ANP (Autoridad Nacional Palestina) debe asumir la salud de la población palestina, el Cuarto Convenio de Ginebra en su artículo 56 cita expresamente que el país ocupante tiene el deber de garantizar la adopción y aplicación de las medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y epidemias. Por tanto, Israel tiene la obligación legal de hacerse cargo de la vacunación de los y las palestinas.

En Gaza y Cisjordania, se han registrado hasta ahora más de 170.000 casos positivos por Coronavirus y se han reportado más de 1.800 muertes relacionadas con la COVID-19 desde el inicio de la pandemia. Y a la vacuna de momento no se le espera, al menos en el corto plazo, ya que la ANP firmó un contrato con la farmacéutica AstraZeneca, cuyas primeras dosis llegarían en principio para la primavera.

No obstante, el abandono de la salud de los y las palestinas, no nos sorprende: está más que de sobra documentado el deterioro de la salud de los presos y presas palestinas en cárceles sionistas; la imposibilidad de salir de Gaza o Cisjordania para una operación urgente, por la evidente falta de suministros e infraestructuras en Palestina, a menos que Israel les conceda el permiso de salir, algo que se da en muy contadas y rarísimas ocasiones; la retención en los check-points de mujeres palestinas embarazadas que en muchas ocasiones se ven obligadas a dar a luz en los mismos, sin asistencia sanitaria y en pésimas condiciones, con las consiguientes consecuencias para la salud de los bebés y de las madres; y así podríamos continuar con infinidad de ejemplos.

Una vez más, con la situación de pandemia mundial, vemos las grandes contradicciones del sistema capitalista, con infinidad de ejemplos, siendo uno de ellos el que exponemos en este artículo: cómo se alaba a un “país” (permítanse las comillas, ya que no se trata de un país sino de una entidad ideológica racista y de Apartheid sustentada sobre una estructura de Estado) que consigue un récord de vacunación, y que al mismo tiempo discrimina de forma sistemática a la población palestina a la que debería cubrir como potencia ocupante.

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