Es golpismo, no es una broma

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Observo con estupor que muchos de mis compatriotas se toman a risa lo que califican de pataleta o berrinche de Trump tras perder las elecciones. Para mi sorpresa observo además que muchos de ellos tenían por muy ciertas y valederas las palabras de la propia administración Trump cuando hace poco más de un año acusaban también sin pruebas al sistema electoral boliviano de robar las elecciones que habían dado como ganador a Evo Morales. Aquello desembocó en un golpe de estado sangriento sobre supuestos que entonces eran infundados, y ahora cada vez más claramente falsos.

No, señores, la pataleta del psicópata hecho a sí mismo desde la fortuna de su papá no es asunto para la sorna. Primero porque este sujeto ya ha dado varias pruebas de apoyo a grupos violentos de toda índole. Segundo porque ya entre abril y mayo varios de sus seguidores llegaron al extremo de irrumpir armados en los edificios estatales de los gobernadores que no seguían sus directrices ante la emergencia pandémica.

Y lo más importante de todo, porque parece consolidar ya para los países oficialmente buenos y civilizados el manual de golpe de estado que los mismos USA llevan cierto tiempo aplicando en otras latitudes: si los resultados electorales no gustan a la extrema derecha no se reconocen, se judicializan y se crea un clima de tensión que legitime el tomar el poder por las armas.

Ignoro si a Trump le saldrá bien la jugada o no, pero el modus operandi es el mismo que vimos en Bolivia. No tiene una pataleta, Trump está intentando de forma sutil que los mismos individuos que ya irrumpieron en los edificios estatales impongan su segundo mandato por la fuerza. Está intentando, digámoslo claro, UN GOLPE DE ESTADO. Que parece que ya tiene un porcentaje de partidarios lo suficientemente serio como para no poder despacharlos como una broma.

Dos imágenes de los grupos que irrumpieron armados a finales de abril en el Capitolio (parlamento estatal) de Michigan.

Además, siempre se nos ha repetido con machacona insistencia que los USA son el país modelo del mundo, a pesar de sus altísimas tasas de pobreza, de que un número de personas equivalentes a la población total de España solo comen gracias organizaciones de caridad, de tener una tasa de delitos violentos sin parangón en las naciones desarrolladas, de tener el porcentaje de población reclusa más alto que ha tenido ningún país en la historia, de ser el único país de la OCDE sin sanidad universal, con 27 millones de personas sin prestación sanitaria alguna, entre ellos más de cuatro mil niños, donde medio millón de familias quedan en bancarrota cada año por no poder pagar los gastos, con índices de mortalidad infantil que superan a países subdesarrollados, y donde pese a todo lo dicho, se gasta más que en ningún otro país del mundo en atención médica. Sí, lo de siempre del «eficaz» modelo privado: pagar más por menos, exactamente lo que define una mala gestión.

Bueno, pues esto redunda en que incluso cuando vemos que ser pobre, algo muy fácil en los USA, te deja sin posibilidades de votar, que el establishment financiero y político boicotea a candidatos, que los corresponsales de ciertos medios extranjeros deben informar continuamente de sus actividades, que en las últimas citas electorales antes de las de ahora 100 millones de norteamericanos no votaban por ser conscientes de que su voto no sirve de nada, se nos vende como la democracia ejemplar en el mundo. No duden que eso va a suponer que como no es Maduro el que ha sembrado dudas y se niega a irse por las buenas, sino un referente de la ultraderecha mundial, esta va a asumir que puede imitarlo. Y no exagero, ya en los últimos días varias cuentas en redes sociales del partido ultraderechista de nuestro país están apoyando las tesis de Trump.

Si en Venezuela Maduro hubiera siquiera insinuado que el recuento en alguna provincia no estaba claro o que un tribunal debía examinar ciertos votos, ni que decir tiene que esas mismas cuentas de Twitter estarían poniendo el grito en el cielo, pero también, y esto es más importante, muchos de los que ahora ridiculizan o se toman a risa las amenazas del presidente saliente norteamericano. Sencillamente, que en los USA se cometan abusos de autoridad o atropellos antidemocráticos no se concibe. Las décadas de voz única en los medios, de propaganda que abarcaba desde la información al entretenimiento he hecho su efecto.

Pero se ha dado un salto cualitativo: si al principio se nos había incrustado en la cabeza que despreciar sin pruebas elecciones, judicializar, y perpetrar golpes de estado era admisible en países oficialmente «malos», ahora resulta que esto también vale en los países oficialmente «güenos» y democráticos. La democracia triunfa si gana la extrema derecha. Y habrá que prepararse.

De momento aquí en España parece que lo de tomar armados los parlamentos autonómicos aún queda lejos, pero ya durante los últimos días de octubre, coincidiendo con el paquete de nuevas restricciones aprobadas en la lucha contra la pandemia se produjeron disturbios en varias ciudades españolas por parte de grupos de extrema derecha, no de extrema izquierda en contra de lo que se nos ha intentado vender. Los lemas que portaban, su iconografía y su rastro en las redes los delataba. Aquí tienen un reportaje extenso al respecto. No se lo tomen a risa, porque la derecha ya ha decidido que el mundo está listo para imponer sus normas. Y si no se someten por las buenas pregúntenles lo que ocurre a la población negra de USA, por ejemplo.

Me parece que este titular de la web de extrema derecha «Mediterráneo Digital» no deja mucho lugar a la duda de quién organizó los disturbios del 31 de octubre.

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