Desmontando a Daniela Ortiz de Zevallos, la rica criolla peruana que abronca a la clase obrera al grito de «privilegiados»

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Julián Jiménez, docente en educación secundaria.

Vivimos tiempos inciertos y bastante confusos. Tiempos donde la inmediatez, la fugacidad de las redes sociales y el paso de la militancia real al activismo digital genera que se cuelen impostores, que al calor del ego del like, la búsqueda de un futuro profesional y en ocasiones ambas, hacen que verdaderos caraduras lideren cosas que, en un contexto como la militancia física, sería bastante complicado. Si a ello le sumamos la comunión de intereses que surge entre ellos y que en el periodismo, la precariedad ha extendido ese nuevo periodismo donde no se contrasta sino que se milita, sin percatarse de si se está engañando a los lectores, tenemos el cóctel perfecto para que haya y proliferen personajes como las de la historia que les voy a exponer.

A Daniela Ortiz la conozco desde noviembre de 2018 en redes, cuando un enfrentamiento con «feministas islámicas» que venía de años, por sus posiciones (y su acoso a mujeres laicas) y las mías les llevó a sacar un estúpido comunicado que les valió el reproche y quedar desacreditadas ante medio Twitter (y a punto de acabar declarando en un juzgado): Daniela, a quien yo no conocía, se unió al coro linchador sin molestarse en preguntar ni en contrastar la información que difundía, pero me sirvió para conocerla y conocer su posición política.

¿Y cuál era esa actividad? ¿Denunciar el racismo de la ultraderecha? ¿Los mensajes de odio de nazis o fascistas? ¿Las condiciones de esclavitud laboral de muchos migrantes? No. Era promocionar con retweets su actividad en museos y exposiciones, promocionar con perfomances su faceta de «artista» y cargar contra la izquierda blanca y la clase obrera que vive en España/Cataluña (aquí dejo una búsqueda que muestra su obsesión y su desprecio tanto a la izquierda en sí como a lo que representa). De hecho, todas sus publicaciones inciden en eso: la clase obrera es privilegiada, la izquierda es privilegiada y la izquierda es más racista que la derecha. Comentarios que resultan sorprendentes.

El problema es que ese discurso, que algunos compran y desconozco el motivo, es difícil de sostener si resulta que se descubre que tú eres miembro de una familia de la oligarquía de Perú. Y eso es lo que ha pasado. En este mes, el que aquí escribe, decidió hacer este hilo, cansado de los ataques constantes de Daniela Ortiz a trabajadores, militantes comunistas o gente que se las ve y desea con llenar la nevera cada mes, explicando la familia de la que proviene Daniela Ortiz, con una sencilla búsqueda en Google. Era realmente insultante que una miembro de la oligarquía peruana, que tiene a la clase obrera peruana viviendo en uno de los países con mayor desigualdad de América, se permitiera insultar constantemente a gente que, seguramente, haya conocido el verdadero peso que supone nacer y crecer en la clase trabajadora. 
Al parecer, luego he podido saber que otra cuenta ya había sacado esos datos a raíz de su intervención en un programa de TV. Cabe señalar, y esto quiero que quede bien claro, que si Daniela ha recibido ataques y amenazas (aún no ha mostrado cuales son esos ataques y amenazas que ha recibido) son condenables y censurables, faltaría más, máxime si tienen un cariz racista o xenófobo. Ella, en los diarios donde habla y en la red social twitter habla en todo momento de «amenazas de la ultraderecha a las que se suma la izquierda blanca», pero me ha sido imposible encontrar esas «amenazas a las que se suma la izquierda». Porque en todo momento, la crítica en la izquierda ha sido una crítica política y una crítica a su sobreactuación, omitiendo su origen familiar (se vendía como una inmigrante de familia humilde y pobre).

Daniela Ortiz es en realidad Daniela Ortiz de Zevallos Pastor. Es miembro de una importante familia de Perú llegada en el siglo XVII, los Ortiz de Zevallos, con ramificaciones en la nobleza castellana. De hecho, su prima fue Miss Perú y presume de sus riquezas en las revistas de la alta sociedad de Perú. Su tío ha sido embajador en EEUU, lo que posiblemente explica el motivo por el cuál Daniela ha tenido el privilegio, según la Vanguardia, de salir en un avión pagado por el Estado Peruano para víctimas de la COVID mientras 1.400 peruanos están desesperados por regresar a su país. Ella misma reconoce, en la ficha artística que le realiza el ex diputado de En Comú Podem y amigo personal suyo, que llegó a Barcelona gracias al dinero de su familia adinerada. Miembros de su familia aparecen como altos cargos, diplomáticos, políticos y empresarios de Perú del siglo XVIII, XIX y XX, como se puede ver con una simple búsqueda. Por tanto, esa fachada de inmigrante pobre, oprimida y explotada dista mucho de la realidad de la privilegiada miembro de la familia Ortiz de Zevallos. Por no hablar de los carísimos estudios en la elitista y privada universidad católica donde los realizó.

Estos datos, por supuesto, han sido completamente omitidos en todas las informaciones sobre su caso. Han sido varios medios los que se han hecho eco del caso: ABC (no deja de ser sorprendente que ABC se haya convertido de repente en un medio anticolonialista e indigenista), La Vanguardia, Público, El Salto o Kaos en la Red. En dichos medios tampoco se exponen las críticas que se hacen, respetuosas, sobre su posición política y sus privilegios de clase, por parte de militantes de izquierda. De esa forma, se está estigmatizando a las personas que solo hacen una justa crítica política a Daniela: de repente, todas esas críticas, son tachadas de ultraderecha. Es decir, se ponen a la misma altura que la de posiblemente desaprensivos que solo atacan a Daniela por lo que denuncia, no por las contradicciones entre su clase social y su discurso.

Algunas de esas críticas son, precisamente, de personas del feminismo y de la izquierda a las que Daniela Ortiz ha estigmatizado en las redes sociales, aprovechando su faceta de «activista» y aprovechando su buena relación con los movimientos alternativos en Barcelona, de los que cabría hablar largo y tendido, pero eso daría para otro artículo. De hecho, la realizada por Mimunt Hamido es muy recomendable leerla, pues muestra la doble vara de medir de dichos movimientos. Mimunt es una mujer de país musulmán que ha recibido ataques y amenazas por combatir desde el feminismo discursos contra la mujer, mientras Daniela Ortiz la machacaba por sostener esos discursos, apoyando un supuesto feminismo de corte religioso.

Y cabe preguntarse: Aunque el discurso de Daniela Ortiz pueda ser correcto. ¿Es lícito que lo haga ella, teniendo unos orígenes tan privilegiados? ¿Con qué derecho puede ella tachar de «privilegiados» y «vividores» a trabajadores que cobran salarios de miseria? ¿Por qué en ningún momento la crítica de Ortiz sale de la dicotomía blanco-racializado, eludiendo en todo momento el carácter de clase social? ¿Quizá por miedo a perder los privilegios multiseculares de su familia? ¿Por qué aquellas personas peruanas que han recriminado a Daniela Ortiz su estatus social y que conocían a su familia eran tachados de «colonialistas» por ella y sus palmeros? ¿Por qué todo aquel que te ha hecho una crítica política ha sido tachado de racista, aunque jamás hiciera alusión alguna a tus orígenes (salvo a los de adinerada y criolla de apellido)? ¿Por qué Daniela Ortiz se ha negado a denunciar las amenazas que existían contra ella? ¿Por qué argumenta que se debe al miedo a la expulsión si gozaba de permiso legal de residencia, como ella exponía en una entrevista? ¿Cómo es que ese miedo jamás lo mostraba cuando realizaba performances en público, mucho más arriesgadas y que podían acarrear detenciones?¿Por qué aprovecha para cargar contra una «izquierda» con la que tiene especial obsesión? ¿Por qué detesta el comunismo como ideología y carga siempre contra él, quizá por su clase social? ¿Por qué insultaba al idioma catalán, tachándolo de colonialista y negándose a aprenderlo, si ella siempre habla en castellano y no en una lengua indígena?

Y esto, que es una simple anécdota y el desemascaramiento de una impostora, sirve para retratar a cierta parte de la izquierda, perdida en el laberinto de la posmodernidad. No hay partido catalán ni de ámbito estatal que no haya sacado la cara por Daniela y se haya dejado atrapar por el sentimentalismo barato: Una pobre artista oprimida ¿quién no va a mostrarle su apoyo? Y si a eso le sumamos sus buenas relaciones con la pequeña burguesía artística de Barcelona o en el conglomerado del movimiento «social», especialmente en estos movimientos que inciden en aspectos raciales y no en la desigualdad social, donde Daniela se sentía como pez en el agua, tenemos el caldo de cultivo perfecto para convertir a una rica descendiente de las familias más tiranas de Perú en una pobre oprimida. Lo cual no quita que merezca apoyo si ha sido amenazada, pero sin dejar de separarlo de la crítica política que también merece por lo expuesto anteriormente.

Esperando el regreso de Daniela Ortiz de su «exilio» en poco más de dos meses. A su llegada al aeropuerto de El Prat, será recibida como una estrella y proclamada Virreina de Cataluña por esa izquierda «alternativa» que no sabe ni donde tiene la cabeza. Que otra cosa no, pero clase, tiene. Vaya si la tiene. Una Ortiz de Zevallos, Algo así como si la Duquesa de Alba se hubiera ido a EEUU a tachar de privilegiado al currante de un supermercado de Arkansas.

El presente artículo fue publicado originariamente en el blog http://jsmutxamel.blogspot.com

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