En Occidente nos vendieron a los «rebeldes» sirios como luchadores por la libertad enfrentados al tiránico régimen de Bashar Al Asad, quién tuvo que luchar durante años para recuperar el país de las fuerzas islamistas que, financiadas por Occidente dieron lugar al nacimiento del Estado Islámico y otros grupos radicales ultrarreligiosos que causaron decenas de miles de muertos de inocentes.
Con el apoyo de Rusia e Irán, el Gobierno sirio finalmente resistió a los islamistas, que han quedado reducidos a la provincia de Idlib, último bastión de las fuerzas criminales que siguen siendo apoyadas por países como EEUU, Alemania o Francia.

Este último país, que ahora vive la barbarie islamista en su propio territorio, hace apenas unos meses, se manifestó exigiendo el fin de los combates en Idlib y de los obstáculos al acceso humanitario, en una nueva operación de blanqueo de los terroristas.
Pero cómo alimentar un monstruo tiene sus peligros, esta semana los «rebeldes» han devuelto el favor a Francia y su gobierno organizando manifestaciones en Idlib a favor del terrorista que decapitó al profesor francés, tratando como un héroe al terrorista que ha puesto en guardia al Estado Francés.









