Cuento algunas cosas

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Jaime Cedano Roldán, Superviviente del genocidio contra la Unión Patriótica en Colombia.

Leyendo la prensa colombiana y mirando mensajes en las redes podemos mirar diversos aspectos de lo que está pasando en Colombia, especialmente en Bogotá, y proponerlos como componentes del inmenso puzzle que estamos viendo:

  1. El asesinato de un ciudadano en Bogotá por parte de la policía ha sido el detonante para el encuentro de dos procesos: por un lado una gran indignación acumulada en diversos sectores sociales, especialmente entre los jóvenes, y en otro ángulo el fachouribismo, que busca profundizar un régimen político y social despótico, corrupto y ultra neoliberal. Y que se ha sentido golpeado por la detención domiciliaria de Uribe.
  2. La violencia policial ordenada y dirigida desde el Alto Mando y el ministerio de defensa, expresa un intento de reconquista a “sangre y fuego” de Bogotá, bastión del antiuribismo y de un electorado crítico e independiente. Desde su detención domiciliaria Uribe dirige la razzia policial y la ofensiva mediática para hacer ver a los manifestantes como los vándalos culpables de todo.
  3. Iván Duque juega el papel del “rey bobo”, complaciente con las acciones sangrientas, y alegre como Nerón con las llamas de la ciudad, mientras alienta el enriquecimiento de sus padrinos y amigos, y el poder absoluto en manos de Uribe su jefe y mentor.
  4. La autopsia del cuerpo del ciudadano asesinado, videos del interior del centro policial a donde fue conducido, torturado y rematado, y los testimonios de amigos y familiares, permiten establecer que se trató de una venganza policial por roces habidos días atrás entre el asesinado y dos policías. El resto de policías de la patrulla y de la estación también participaron de la golpiza o fueron cómplices.
  5. Las protestas en los barrios asumen perfiles insurreccionales. Se expresan muchas rabias, frustraciones y desesperanzas reprimidas que llevan a miles de jóvenes a proclamar “Que arda todo”. Rabia de los nadies. También inconformidad generalizada con el gobierno y su abierta y desmesurada corrupción y elitismo. La brutalidad policial hace aumentar la violencia de las protestas. El balance parcial es de 14 muertos, centenares de heridos a bala, piedra y bolillo, Centenares de detenidos. Decenas de estaciones policiales incendiadas lo mismo que autobuses y estaciones de autobuses. Igualmente, grandes saqueos a comercios y oficinas.
  6. Lo sucedido esta semana en Bogotá tiene semejanzas, aunque en menor escala, con el “Bogotazo” del 9 de abril de 1948, cuando el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán produjo un levantamiento popular con centenares de muertos, destrozos generalizados y el origen del conflicto social y armado que aún no termina. Gaitán había dicho que si a él lo asesinaban se produciría un gran estallido social y que se tardaría medio siglo para que las aguas se apaciguaran. Se equivocó. Van setenta y dos años y las aguas no se han calmado. Las protestas de esta semana igualmente se parece a las dimensiones de las protestas insurreccionales del Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977. En otras ciudades diferentes a Bogotá también hay movilizaciones y enfrentamientos entre manifestantes y policías. Pero es Bogotá el epicentro.
  7. La policía, en boca del ministro de defensa, salió el viernes a medio día a pedir perdón “por los errores cometidos”. Sienten el peso de los videos que rulan con las imágenes de la criminal brutalidad policial, saben que no doblegarán a la gente, crece la denuncia internacional que llega incluso al Tour de Francia, y desde la alcaldía de Bogotá se expresa también resistencia a la brutalidad policial y al ausentismo complaciente de Duque.
  8. El viernes en Bogotá los jóvenes de algunos barrios convirtieron los incendiados centros policiales en bibliotecas y espacios de cultura y de vida. En algún barrio los manifestantes hablan tranquilamente con los policías, pero en otros barrios vuelven a sentirse las violentas cargas represivas. Provocadores atacan la biblioteca instalada en un barrio de clase media, en medio de una pacífica protesta cultural. Luego llega la policía disparando y golpeando. Lo de pedir perdón solo era una estrategia.

La lucha continúa y va «pa» largo.

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