Más que un virus

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Sergio Zamora García

Cualquier esfera de la vida que imaginemos, la política, la social, la económica e incluso la cultural están interrelacionadas entre sí y, por tanto, no tiene sentido analizarlas como compartimentos estancos, independientes o inamovibles. De la misma forma, sería inútil entender esta crisis como algo ajeno a esas áreas o como un virus que prefiere centrarse en una realidad marginando a otras. Así, cualquier análisis que pretenda excluir lo político y, por ende, lo ideológico en esta coyuntura, o está pecando de inocencia o, lo que es peor, sumerge su ideología bajo el cínico mantra del pacto interclasista. Expongo a continuación cómo esta situación, tan inesperada como grave, está influyendo sobre diferentes vértices de nuestra realidad sociopolítica:

El sistema económico

El capitalismo ha vuelto a demostrar sus limitaciones como sistema. Lo hace esta vez, no tanto como una de sus crisis cíclicas características, sino como una crisis externa que no esperaba y que acelera en consecuencia los ritmos de la siguiente. Si algo positivo tiene esto es ver la cantidad de caretas que se caen desde el neoliberalismo, que, ante su preocupación van corriendo a solicitar la ayuda de “papá Estado”, ese que antes se consideraba un obstáculo para su desarrollo personal. Vemos, además, como el sistema a pesar de su capacidad de supervivencia y reestructuración histórica, no se sustenta bajo unos cimientos tan sólidos como pudiera parecer y, de hecho, ante una crisis de tal envergadura pone más trabas que soluciones; eso se vio, por ejemplo, con la caída de las bolsas durante las primeras semanas.

Cambios sociales

En este apartado, habría que empezar hablando del falso discurso que incide en que esto nos afecta a todos por igual. Eso, evidentemente, no es cierto, pues como se está viendo, las cifras de afectados por la Covid se disparan en los barrios periféricos de clase trabajadora de las grandes ciudades. Esto responde a un fuerte componente de clase, pues aquellas zonas donde los trabajos están más precarizados, el mercado laboral no permite tanto el teletrabajo y, en consecuencia, han estado más expuestos, donde los servicios públicos están más deteriorados o la propia morfología de la ciudad incita a una mayor densidad y aglomeración de la población, las consecuencias han sido mucho más graves que en otras zonas donde no se dan tales circunstancias.

Se está hablando mucho estos días sobre lo que supondrá social y culturalmente esta crisis. Algunos sostienen que esto pone en jaque a todo el sistema tal y como lo conocemos, y que le costará mucho levantarse. Sinceramente, no creo que esto suponga tal revolución, pero sí que puede ser efectivo para determinados cambios en el paradigma social, como por ejemplo, un cambio de mentalidad en la necesidad de defensa de lo público, en la idea del Estado no ya como un ente obstaculizador, sino como una herramienta necesaria de protección o en el sentimiento de pertenencia a una comunidad con intereses homogéneos. No es poco, y ya se sabe que los grandes saltos cualitativos parten de pequeños cambios.

Cambios políticos

Cuando se producen crisis económicas, algo que se repite de manera cíclica en este sistema, se abre la posibilidad a que se produzcan cambios políticos, de mayor o menor intensidad y de formas variables en función del contexto. Lo cierto es que esta crisis económica puede derivar en una política y veremos las transformaciones o realineamientos que esto supone. En algunos países europeos se está produciendo el llamado efecto bandera, esto significa que, en momentos críticos de un país, su sociedad, buscando una mayor estabilidad y eficacia política, refuerza el apoyo y las posiciones del partido que gobierna. Es muy difícil imaginar escenarios políticos futuribles en contextos de tanta incertidumbre, pero en esta dialéctica de realineamientos, yo me decantaría por un posible crecimiento del bipartidismo en España, donde las posiciones progresistas se reagrupen entorno al PSOE y las conservadoras entorno al PP, buscando precisamente esa estabilidad en los dos espectros de la que antes hablaba. Esto perjudicaría al resto de partidos, que tendrán que buscar sus propias estrategias. En esas está ya Ciudadanos, buscando el espacio más vacío del espectro, una centralización socioliberal que le vuelva a convertir en una organización bisagra, otro experimento del partido marketing. Y ese crecimiento del bipartidismo podría hacer retroceder a VOX, a pesar de las intenciones de las posiciones más reaccionarias del espectro que se manifiesta cual privilegiado que patalea desde su poltrona reclamando libertad y democracia, dos conceptos excesivamente subjetivos. También Unidas Podemos necesitará marcar su espacio, quizás debería lograr un equilibrio entra la lealtad al gobierno y el seguidismo al PSOE, no vaya a ser que un excesivo acercamiento ideológico a la socialdemocracia le acabe devorando electoralmente.

Todo esto se irá viendo en el medio plazo, y es difícilmente predecible, pues plantear escenarios imaginarios suele llevar a equívocos, y más en estos tiempos de imprevistos permanentes. Lo que sí parece claro, es que es una crisis con muchas aristas interconectadas y que, como tal, no podemos hacer una radiografía de una única parte, pues se hace evidente que esto es más que un virus.

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