A 30 años del fin de la RDA (II): ¿hemos superado Auschwitz?

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Hasta los consensos políticos, sociales e historiográficos más aceptados están siendo interpelados cuando no refutados en la hoy Unión Europea (UE). A 30 años del fin de la RDA -y algo al respecto apuntamos en nuestra primera contribución- y otras casi tres décadas de la autodestrucción de la URSS, la alianza de los grupos conservadores, socio-liberales, verdes y de extrema derecha del Parlamento Europeo se han propuesto -y parece que lo van consiguiendo- eliminar como seña común de identidad de la memoria europea el antifascismo. Buena muestra de ello es la reciente resolución del Parlamento Europeo del pasado 18 de septiembre de 2019.

Otra nueva línea roja que se ha cruzado por y a través del discurso posmoderno líquido, tan propenso al relato equilibrador de los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios representados por el nazismo y el estalinismo (y, por extensión en este caso, del comunismo). La operación no es que contenga grandes dosis de altura intelectual; al contrario, han tenido que retorcer a la par que instrumentalizar no pocos hechos históricos. En seguida, los veremos.

Antes conviene detenerse en tres interrogantes que no se nos pueden pasar por alto: a) ¿por qué los conservadores y socioliberales europeos -de buena parte de los verdes liberales, nada cabe esperar- han cruzado esa línea roja antes aceptada y defendida?; b) Lógicamente, y no es menor, la correlación de fuerzas hoy día en la UE se ha modificado sustancialmente: ¿pero hasta tal punto? ¿Qué UE queda dibujada con la Resolución 2019/2819 (RSP)?; c) Y, por último, ¿cuáles son las consecuencias reales de la citada resolución?

Igualmente, y de forma previa, conviene también introducir dos matizaciones de carácter histórico: primero la historiografía del comunismo europeo ha crecido en peso cuantitativo y cualitativo en estas últimas décadas. Todo ello en medio de una oleada conservadora-liberal de la historia ortodoxa en donde cualquier sesgo disidente -en palabras del historiador norteamericano Michael Parenti (La historia como misterio, 2003)- ha intentado ser eliminado. ¿Cuál es este sesgo disidente? En lo fundamental que, más allá de los errores y crímenes cometidos en nombre del comunismo, la realidad es como detrás de esta ideología y movimiento político se encuentran también episodios históricos fundamentales como la propia construcción de la UE, la victoria contra el nazismo y otros tantos capítulos básicos en la lucha contra las dictaduras fascistas en Europa de Norte a Sur y de Este a Oeste. Sin olvidarnos, por supuesto, de su poderosa influencia en la historia del movimiento obrero, siempre condenada a la segunda categoría.

La segunda reflexión historiográfica responde a la pregunta que se realizara en su día el historiador Ferrán Gallego: ¿cómo se supera Auschwitz? En De Auschwitz a Berlín. Alemania y la extrema derecha, 1945-2004 (2005) como continuación de una de sus obras magistrales De Múnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945 (2001);Gallego advertía de cómo a pesar de los esfuerzos del proceso de desnazificación -con mayores errores que aciertos- la extrema derecha y los grupos neonazis habían sobrevivido y se habían adaptado a las circunstancias. El plantel de gobiernos ultranacionalistas, xenófobos y claramente de extrema derecha es una realidad política incuestionable y en claro ascenso en la UE, pero sobre todo un ejemplo de cómo el fin común de acabar con este peligro no se ha conseguido. Se empiezan prohibiendo partidos comunistas, persiguiendo a inmigrantes, homosexuales y disidentes, poniendo muros y alambradas, institucionalizando el racismo, atacando la libertad de prensa y delimitando la separación de poderes y se nos presenta un escenario que ya hemos visto. Y no hace mucho tiempo sin que parezca que las alarmas democráticas se enciendan.

No obstante, la pregunta sigue siendo la misma pero modificando la forma verbal: ¿hemos superado Auschwitz? Pues a tenor del revisionismo histórico que rezuma la resolución parece que no.

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Las consecuencias del relativismo ético (y moral) de la sociedad europea acerca del todo vale están ahí. Lo menos que nos llamaron a los historiadores y otros científicos sociales cuando advertimos de los peligros subyacentes de no combatir las ideas-fuerzas que estaban tras las obras como El fin de la Historia y el último hombre de Fukuyama (1992) o El Libro Negro del comunismo de Courtois (1997) y otros tantos títulos similares, fue de sectarios y totalitarios. Bienvenidos a la historia ortodoxa en mayúsculas con la que se pretende reescribir la memoria histórica común europea.

En cualquier caso, pareció, por un breve lapso de tiempo, que sus efectos narcotizantes se disiparon ante su vulgaridad y falta de rigor histórico dentro de la comunidad académica. Ahora bien, si se atiende a los antecedentes jurídicos que se exponen en la citada Resolución 2019/2819 (RSP), desde el año 2005, paso a paso, entre resoluciones, declaraciones, informes y conclusiones del Consejo Europeo y otras instituciones de la UE, se ha abierto la la veda, hasta institucionalizarse, la cruzada contra los “crímenes del comunismo” mediante la equiparación de los regímenes totalitarios. Y aquí Hannah Arendt poco o nada tiene que ver.

Quizás lo más grave, tal y como lo denunció Transform! Europa, a través del Grupo GUE / NGL -el único grupo parlamentario que se opuso frontalmente a tal despropósito- es el hecho de que de que “no corresponde a un organismo institucional o político modificar la historia por decisión mayoritaria”. En la que se ha constituido en la denuncia más dura al respecto, también se advertía como “un uso de la historia que desee imponer una visión revisionista de los principales acontecimientos del pasado siglo pasado para convertirlos en armas en las batallas políticas actuales no debería hacerse en una verdadera democracia”. Y, por cierto, ¿qué ha dicho la comunidad académica europea forjadora del relato oficial y hegemónico ante esta política declarada de revisionismo histórico? Poco. Nada en verdad.

Dos detalles previos: primero, estamos ante una resolución que invita o recomienda, pero que no es vinculante, a los Estados miembros; súmese al hecho de que el Parlamento Europeo, con o sin Tratado de Lisboa (2007), sigue situándose en un muy segundo plano en la agenda ejecutiva de la UE. Segundo, ¿qué autoridad puede tener la UE en hacer este tipo de declaraciones cuando ha sido participe activo de los principales ataques imperialistas en las últimas décadas o ha apoyado todo tipo de golpes de Estado, sin ir más lejos en Venezuela o Bolivia? Para ser consecuente hay que ser creíble. Ni lo uno ni lo otro se cumplen en este caso.

No faltó, en la práctica, nadie aquel día 18 de septiembre: Grupo PPE, Grupo S&D, Grupo Renew y por descontando Grupo ECR. Un festival anticomunista que terminó por transformarse en un “acto político y cultural” impropio, como manifestó Transform! Europa. Y agárrense que vienen curvas: punto de partida del “pecado original”, manipulando los consensos más básicos alcanzados por la historiografía para justificarlo todo: el Pacto Molotov-Ribbentrop. Fecha redonda: 80ª aniversario de aquel 23 de agosto de 1939 (Punto B). Reparto de culpas. Equidistancia. Todo solucionado. Avanzamos.

Punto E: “Considerando que, mientras los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Núremberg”, previo paso por el olvido sistemático de quienes ayudaron a ganar la II Guerra Mundial; con grave preocupación se señalaba como “sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras y evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos”. Nada que objetar en un principio. Eso sí, dos anotaciones desde el sesgo disidente. La primera académica: en una posible balanza en torno a estudios académicos, queda evidenciado cómo se lleva hablando y escribiendo bastante más de los crímenes del estalinismo que del nazismo en estos últimos años. Segundo, no está más que recordar cómo no pocos de los representantes nacionales de los grupos conservadores de la UE, que han promocionado y apoyado esta resolución, han ignorado, cuando no boicoteado, el trabajo de la Corte Pernal Internacional. Por aquello de la credibilidad.

Sube la apuesta en el punto G: “considerando que, desde su inicio, la integración europea” -y atentos a lo siguiente- “ha sido una respuesta a los sufrimientos provocados por dos guerras mundiales y por la tiranía nazi, que condujo al Holocausto, y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios y antidemocráticos en la Europa Central y Oriental…”. Idealización total de una UE que tiene todavía bastantes cuentas pendientes con su pasado colaboracionista. Pero aquí no se está hablando de historia sino de hacer tabla rasa con un pasado que se pretende fumigar. Y ya se puede citar el artículo 2 del TUE (Tratado de la Unión Europea) de la UE que en términos de credibilidad democrática se cae resolución por todos los lados (Punto M.1.)

Carente de cualquier originalidad los demás puntos de la resolución siguen por la misma senda. Pese a recordar algunas cuestiones básicas sobre los horrores del nazismo y el auge de los movimientos de extrema derecha, se omite, y, por tanto, se elimina cualquier rastro del antifascismo como seña identitaria fundadora de la Unión Europea. Poco o nada importa cuando lo único que se pretende es crear un relato -que no una interpretación- a partir del cual reescribir un supuesto nuevo pasado común ex-novo.

Al parecer, los parlamentarios europeos, atentamente preocupados por condenar “el revisionismo histórico y la glorificación de los colaboradores nazis en algunos Estados miembros de la Unión”, tampoco tuvieron mayores problemas en el Punto M.8. a la hora de inventarse una nueva tradición -¿qué pensaría Hobsbawm de todo esto? nos preguntamos- cuando se solicita a “todos los Estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo”.

En este suma y sigue, la resolución también se atreve a pedir que dicha historia, ahora oficial, se traslade a los “planes de estudio y los libros de texto de todas las escuelas de la Unión” (Punto M.7.). Alarmada, a la par, se mostró dicha resolución con que todavía en “algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos […] monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes totalitarios” (Punto M.18).

Puesto a recargar de fechas de nuestro calendario en el punto M.11. -y suponemos que en pleno calentón- se dijo literalmente -en la muestra más acabada de lo mucho que nos toca todavía por repensar cómo y de qué forma superar Auschwitz– lo siguiente:

«Pide, además, que el 25 de mayo (aniversario de la ejecución del capitán Witold Pilecki, héroe de Auschwitz) sea declarado Día Internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo, que será una muestra de respeto y un homenaje hacia todos aquellos que, al luchar conta la tiranía, demostraron su heroísmo y su sincero amor por la humanidad, y también ofrecerá a las generaciones futuras un claro ejemplo de la actitud que se debe asumir ante la amenaza de esclavización totalitaria» (Punto M.11).

Los puntos finales son una declaración anti-Rusia y pro OTAN, que no conducen a otra a cuestión qué a preguntarnos no solo por lo que pasó y pasa en Ucrania, sino hasta cuándo la crisis permanente de la UE estallará definitivamente.

Con razón toda la extrema derecha y los movimientos fascistas europeos han ensalzado en prensa, blogs, webs, redes sociales, cadenas de WhatsApp, a través de fake news, esta resolución con invenciones de todo tipo. Llegando a asegurar, en más de un caso, de que había referencias directas a España. Todo falso. Evidentemente. Pero recordemos: se lo han puesto en bandeja. Otra gran aportación a la historia de la UE que, a día de hoy, ha pasado de ser ejemplar en términos de integración, valores universales y Derechos Humanos, a otro capítulo más de cómo se las apañan las grandes potencias capitalistas para destrozar cualquier historia en la que poder sentirse representados.

En verdad, lo que se aprueba o no en el Parlamento Europeo -y más si se trata de una resolución, insistimos, no vinculante- tiene escasa o nula repercusión en los estados a nivel mediático y político. Sin embargo, en este caso -y lo hemos dicho- se han cruzado unas cuantas “líneas rojas”, pese a que el asunto haya quedado en un plano ya no secundario sino bastante invisibilizado. Lo que no nos debe conducir al error de omitirlo. Más en un país en el que, día a día, vemos cómo se consolida y se fortalece el “Modelo Español de Impunidad” (Equipo Nizkor, 2004).

Resulta necesario examinar y denunciar esta resolución que, a pesar de contener algunos elementos positivos, hace un flaco favor tanto al papel social de la historiografía como a la defensa integral de los Derechos Humanos. Justamente, en este sentido, hay que resaltar la importancia de la carta abierta ya mencionada de Transform! Europa que, además, recogió centenares de firmas de prestigiosos académicos. Sin mención ninguna, evidentemente, en los medios de comunicación.

Una carta abierta que recordando el infame título de la resolución “Europa debe recordar su pasado para construir su futuro”, en su segundo punto advertía de cómo “las declaraciones sobre la historia del siglo XX contienen errores inaceptables, distorsiones y visiones unilaterales” al respecto del Pacto Molotov-Ribbentrop. Insistiendo en la idea de la omisión de “cualquier referencia al comportamiento favorable de las democracias liberales frente al expansionismo nazi”. Para en el siguiente indicar cómo dicha “resolución no menciona la enorme contribución de la Unión Soviética (con más de 20 millones de muertos) a la victoria sobre el nazismo, decisiva para el destino de Europa y de la humanidad”. O lo que es todavía más grave: “Se las arregla para mencionar el Campo de Concentración Nazi de Auschwitz sin decir que fue el ejército soviético quien lo liberó […]”. Añadiendo: “O olvida deliberadamente que en muchos países (entre ellos Francia o Italia, pero no solo) los comunistas fueron el componente de la Resistencia al nazismo / fascismo)”. Y, lo dicho, “no significa ignorar o guardar silencio sobre los aspectos vergonzosos de lo que generalmente se llama el “estalinismo”. De ahí que, en modo alguno, se pueda “equiparar el nazismo y el comunismo”.

¿Qué tipo de memoria histórica promociona la UE? La respuesta es sencilla: “Estas falsificaciones y omisiones no pueden hacerse sobre la base de una «memoria compartida»”. Porque más allá de que se intente crear de la nada un nuevo calendario para el recuerdo, supuestamente común europeo, no se puede aceptar la idea de un “totalitarismo indistinto”; lo que es “en realidad una invitación a borrar las páginas claras y transparentes de la historia de aquellos que contribuyeron, mediante su propio, sacrificio a derrotar al nazismo y al fascismo”. En conclusión, las supuestas “llamadas justificadas a la lucha contra el racismo y el fascismo no pueden basarse en un uso distorsionado e incluso falso de la historia o en la intención de cortar las raíces de un componente fundamental del antifascismo, es decir, el componente comunista”.

Las consecuencias de abrir el pasado a cualquier elemento revisionista, negacionista y reaccionario, las hemos constatado recientemente con la proposición del Grupo Municipal de Vox en la ciudad de Madrid, quien trasladó dicha resolución al Pleno del consistorio y que se aprobó con los votos del PP y Ciudadanos.  No le vamos a dar más publicidad pues cómo señaló el historiador -y columnista también de elcomun.esFernando Hernández Sánchez dicho texto “excluye calificar a su autor [Ortega Smith] como perteneciente a la categoría de los inteligentes, los que procuran el bien propio y el de los demás”.

En cualquier caso, las advertencias que muchos aprendimos en las escuelas de formación y que hace un año rescató Pablo Iglesias, hoy más que nunca son imprescindibles en cuanto al llamado de una “alerta antifascista”. Mucho nos jugamos. Todavía estamos a tiempos de que citar a Beltor Brecht no se transforme en una alegoría tan típica de los post y de los tweets.

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Sergio Gálvez Biesca. Madrileño de origen. Internacionalista convencido. Cercano a la terrible frontera de las 40 es Doctor en Historia Contemporánea y pertenece al Cuerpo de Archiveros del Estado lo que le da para alimentar a su prole. Ha pasado por mucho y, en concreto, por muchos de los espacios de la izquierda política, social y sindical intentando nunca perder la coherencia ni la salud mental. En la actualidad es investigador del proyecto I+D HISMEDI, en el IberoamericanInstitute of theHague así como forma parte de la Sectionon Archives and Human Rightsonthe Internacional Council on Archives (ICA-SHR). Entre sus últimas aportaciones se encuentran La gran huelga general. El sindicalismo contra la «modernización socialista» (Madrid, Siglo XXI, 2017), y la co-coordinación de la obra colectiva El acceso a los archivos en España (Madrid, Fundación 1º de Mayo / Fundación Largo Caballero, 2019).

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