Justicia Poética

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Me presentaré, soy un poeta, un obrero del verso como bien dijera Gabriel Celaya, y mi único objetivo con esta sección es hablar de política desde la belleza, desde la imaginación, desde dentro de las tripas, quizá algún que otro verso, (quién sabe) y señalar posibles culpables, sistemas antiguos que siempre tienen el mismo fin: causar el mayor daño posible a los de abajo para que los de arriba puedan ser cada vez más poderosos. Por eso el título de esta humilde sección de El Común, Justicia Poética. Pero también quiero sembrar esperanza. Movilizar los sentimientos de unión fraternal y sorora para transformar el mundo a través de los múltiples movimientos de la sociedad civil organizada, que son muchos y dispares, movimientos de defensa de los derechos sociales, medio ambientales, feministas, laborales, luchas sindicales, pensionistas, movimientos internacionales y un largo etcétera.

La justicia poética no deja de ser un tópico literario en el cual lo bueno, lo justo, lo agradable a la comprensión humana, la virtud son finalmente premiadas y la maldad, lo injusto, la avaricia, la traición reciben su castigo sin que las primeras sean una causa lógica de la segundas pero que algo desde un ámbito desconocido, externo, extraño obre el milagro de la justicia universal. Y tres cuestiones deben quedar claras, el castigo del mal, el premio del bien y el triunfo de la lógica.  El término “poetic justice” fue acuñado por Thomas Rymer en “The tragedies of the last age considered” (1678) para describir cómo una obra debería inspirar el comportamiento moral por medio del triunfo del bien sobre el mal. Así pues una persona que perjudica a otra recibirá un castigo del mismo tipo pero sin relación con el daño causado. Es, efectivamente, una forma de restablecer el equilibrio en la balanza de la justicia, tan dada a causar daño al que menos tiene y dar oportunidades a quien pueda comprarlas. Así, Martha Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias, en su obra “Justicia Poética” de 1996 parte de la tesis de la necesidad de humanización de jueces y abogados y en esas creo que puedo prestar mi ayuda. El rol de los poetas es entonces similar al de los jueces porque hay un razonamiento judicial o extrajudicial en la justicia poética. Este tipo de justicia nos ayuda a analizar mejor la realidad y eso es lo que pretendo en este espacio. Pero, ¿somos los poetas, realmente, más humanos? ¿Por qué nos produce satisfacción un hecho calificado como justicia poética? ¿Es que la justicia no existe? ¿Es que resulta tan esquiva y tan extraña para la gente de a pie? ¿Es acaso la justicia tan escasa en el mundo real que la buscamos constantemente para satisfacer nuestra demanda de justicia real? ¿Por qué actúa ese mecanismo psicológico en las personas que nos hace sentir bien con un hecho calificado como justicia poética? ¿Es el mundo injusto, insatisfactorio, cruel?

Todas estas preguntas y muchas más se responderán poco a poco en estas páginas y así, tras unas segundas elecciones tenemos un caso extraordinario de justicia poética; la caída de Albert Rivera, desde adalid del liberalismo patrio hacia la desaparición casi patética de su partido Ciudadanos del panorama político español. Unas elecciones que fueron convocadas por el delfín de la Moncloa, señor Iván Redondo, para acabar con un rival político como Unidas Podemos y su líder carismático Pablo Iglesias y en realidad acabaron con el líder inventado por los poderes fácticos para compensar esa deriva democrática surgida por el movimiento del 15M. Las paradojas también funcionan en política y a veces les es dada esa justicia que el devenir de los acontecimientos parecía no querer. La desaparición de Ciudadanos ha elevado a los altares a un enemigo más peligroso aún para la democracia que es VOX. Un partido diseñado para eliminar cualquier vía democrática en la resolución de conflictos que añora tiempos pasados, sin duda peores, y que nos lleva a la destrucción de todo lo que no sea ellos mismos. Estamos ante un problema inmenso dentro del sistema de partidos español dado que la ligereza en sus presentaciones en todos los programas de TV les ha supuesto un auge que podemos pagar todas. Las luchas han de realizarse a través de la defensa fundamental y sin ambages de los derechos humanos, señalar sus tácticas, sus deslices, sus planteamientos erróneos y ponerles en la picota ya que representan, como siempre, los intereses de unos pocos y no los de una mayoría. Son, fundamentalmente, hijos del PP, seres extraídos de las cloacas del ministerio del tiempo, carcamales desprovistos de cordura, elementos de una tabla periódica en desuso. Pero no nos confundamos, la reacción ha venido para quedarse, no son el suflé de un día, son la imagen que proyectan muchos españoles desde sus tripas al mundo. Son hijos también de la desafección, del abandono institucional, de la despoblación y del tenebrismo español. Han adquirido la tesis de la defensa de lo fundamental que para ellos es la defensa de la unidad nacional, y más de tres millones de personas han picado. Son, en fin, el resultado de lo que no han querido hacer los dos partidos hegemónicos de la transición: construir el país, vertebrarlo y conseguir que todos los españoles estemos contentos con la plurinacionalidad del estado. Al no conseguirlo han exacerbado el nacionalismo español y los han lanzado contra lo otro; Cataluña, la inmigración, las mujeres en su búsqueda de la igualdad, las minorías, etc. Por desgracia estos partidos políticos existen para desplazar el eje político hacia la derecha, como viene ocurriendo en Europa desde hace décadas y así lo que a muchas personas les parece extrema izquierda, Unidas Podemos, no es más que una socialdemocracia un poco descafeinada pero que recibiría un fuerte castigo si hiciera políticas más de izquierdas dada la actual coyuntura política Europea. Hemos de decir que la izquierda ha de desarrollar y utilizar los derechos humanos como plataforma para impedir que las tendencias de la extrema derecha acaben socavando la misma democracia.

Otro caso de justicia poética ha sido la irrupción de otra fuerza política en el seno de la izquierda. El caso de Más País es siniestro por su nacimiento a expensas de la división y de la traición. No es más que la constatación de que la división por cuestiones personales no sólo nos perjudica sino que supone un elemento de rechazo para los ciudadanos que apoyan a un partido político movimiento como Unidas Podemos. No sólo es la transferencia de voto entre una fuerza y otra sino la sensación de que las disputas internas son eternas en esta formación. Por ello muchos votantes han decidido quedarse en casa o apostar por una victoria segura que, al menos eleve las expectativas personales porque el electorado de izquierdas está tan acostumbrado a perder que es muy permeable a los cantos de sirena. No obstante Unidas Podemos ha demostrado tener un suelo muy firme para resistir los embates de los poderes económicos y comunicacionales de este país y esos poderes no han conseguido que Iñigo Errejón tenga una fuerza apreciable dentro del congreso. Con lo que la justicia poética ha vuelto a obrar dado que ha tenido menor número de votos en 18 circunscripciones que cuando se presentó solo en Madrid.

Y la mejor noticia de todas es, sin duda, el próximo gobierno de coalición. Tras el abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la sonrisa de este último dejaba a las claras que había conseguido su objetivo, con todos los medios en contra, con una bajada de votantes y escaños, con una escisión en sus filas, y aún así puede ser, todo apunta a ello, vicepresidente del Gobierno de España. Justicia Poética con mayúsculas cuando personajes de derechas que echan espuma por la boca dicen que se exiliaran a Somalia si ello sucede. Justicia Poética si conseguimos construir un gobierno para la gente, un poder para la gente, un futuro donde cuente la gente. Periodistillos de medio pelo se estarán quitando el pelo que les queda, el señor John de Zulueta del círculo de empresarios aún consternado, la carcundia mediática calificando el preacuerdo como bolivariano, la cadena de los obispos incendiando los debates, tertulianos que no salen de su asombro y especulan con los 7 males para España si una formación democrática como Unidas Podemos entra en el gobierno pero yo les digo que no hay de qué preocuparse ya que lo firmado sólo incluye consolidar el crecimiento y la creación de empleo, ¿Qué hay de malo en ello? ¿Qué pretenden los poderes fácticos? ¿Acaso precarizarlo más? Se quiere trabajar por la regeneración democrática y luchar contra la corrupción ¿Acaso son ellos los corruptos y por eso tienen miedo? Se luchará contra el cambio climático ¿Les parece mal? ¿Acaso son como el primo de Rajoy que niega el cambio climático? Fortalecer las pequeñas y medianas empresas, dado que ellos son las grandes ¿tienen miedo de perder deducciones fiscales o exenciones en sus grandes empresas? ¡Pues que lo tengan! Se consigna en el preacuerdo la aprobación de nuevos derechos como el derecho a una muerte digna, la salvaguarda de la diversidad y de la memoria histórica, asegurar la cultura como derecho, políticas feministas, revertir la despoblación, garantizar la convivencia en Cataluña y una justicia fiscal que puede tener también mucho de poética. Es evidente que las élites se ven con la posibilidad de tener que pagar un poco más. De tener que contribuir un poco más a lo común, lo que nos salva, a la sanidad universal y gratuita, a la educación laica y de calidad, al equilibrio de las pensiones dignas de nuestras mayores, y eso les aterra. ¿Por qué?

Para terminar simplemente dar las gracias a la dirección de El Común, un medio que nace para que todo aquello que nos une siga haciéndolo. Un medio libre, abierto a todas las posibilidades de un universo por descubrir, por movilizar y por afianzar porque el universo de la izquierda es el universo de los bienes comunes que nos llevan a transformar la sociedad en la que vivimos para que sea un poco menos competitiva y más cooperativa, menos egoísta y más altruista, menos machista y más feminista. Una sociedad que cubra las necesidades básicas de la población y pueda avanzar desde los derechos humanos hacia la justicia social y, como no, hacia una Justicia Poética.

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