Julián Gómez-Cambronero Alcolea @CongoActual elcongoenespanol.blogspot.com
Voy a hablar de Etiopía, voy a hablar de la guerra que acaba de comenzar, pero no voy a explicar sus orígenes, los actores implicados, los intereses ocultos, los derroteros que puede tomar. Aunque ante estas guerras lo normal es reducirlas a un “no se llevan bien entre ellos” o “esta gente no sabe vivir en paz” -por ejemplo y siendo suaves-, se trata, como todas y más aún si se desarrollan en África, de un conflicto complejísimo, difícil tanto de explicar como de entender, por lo que se lo dejo a los expertos de verdad.
De lo que voy a hablar es… de que nadie habla de ella. Más allá de unos pocos periodistas que nos cuentan lo que va pasando, de algunos artículos, de unos pocos medios -como éste- el resto de la información de este peligrosísimo conflicto queda reducido a notas de prensa, pequeñas noticias aisladas… informaciones anecdóticas que, si te interesa el tema, casi tienes que buscar para estar al día, porque, desde luego, no te van a asaltar en telediarios o prensa quieras o no, como sí ocurre con otras.
Sin ser experto, conociendo un poco los antecedentes y lo que se va sabiendo, se puede afirmar que estamos ante un conflicto catastrófico que puede costar cientos de miles de vidas, sumir a muchas más en la miseria e, incluso, incendiar la región entera, prendiendo o prendiéndose de otros conflictos cercanos -guerra civil en Sudán, rivalidad entre Egipto y Etiopía por la presa del Nilo… control del mar Rojo-. Pero, ya lo sabemos, mientras no altere la vida del planeta -y de su parte más rica- ningún foco se desviará hacia allí.
No sería la primera vez, sin ir muy lejos. He hecho la prueba muchas veces y nunca he encontrado a nadie entre la gente normal -las que sí saben y mucho de otras guerras actuales o recientes- que sepa que hace muy poco -entre 2020 y 2022- ya hubo una guerra en Etiopía en la que murieron 600.000 personas. Seiscientas mil personas, que se dice pronto y es frío y cruel, murieron en aquella guerra que no mereció ningún espacio digno en telediarios o prensa, dos millones de seres humanos, como cualquiera que esté leyendo esto, tuvieron que huir de sus casas. Unas cien mil mujeres y niñas fueron violadas, el 15% de ellas quedó infectada con el VIH. A muchas se le introdujeron objetos en el útero, como corta uñas o cuchillas, para que nunca pudieran dar vida a un enemigo.
De todo esto… nadie se enteró. El camino que se ha iniciado con esta nueva guerra es el mismo o peor y el silencio mediático lleva también el mismo camino. Indiferencia mundial generalizada: medios de comunicación, instituciones internacionales, gobiernos, organizaciones -salvo las de siempre. Y no es solo una cuestión de justicia hacia millones de seres humanos, hasta siendo solo prácticos esta indiferencia o desinterés resulta criminal porque, aunque ya hemos visto que conocer crímenes de guerra y contra la humanidad no los detiene, podemos tener la seguridad de que sin una cobertura mundial, sin unos ojos mirando y unos oídos escuchando, las atrocidades contra seres inocentes serán muchas más y durarán más tiempo.
No oiremos los gritos pero estos se multiplicarán cada vez más desgarradores.








