El oscuro encanto de ser presidente del Congo

0

Julián Gómez-Cambronero Alcolea @CongoActual elcongoenespanol.blogspot.com

Mientras en todo el país la población se debate entre la miseria, el hambre, la violencia en todas sus variantes, guerras incluidas, y una atroz violencia sexual contra mujeres y niñas, la clase política congoleña, especialmente en Kinshasa, lucha -literalmente en muchos casos- en el bando del presidente Tshisekedi o contra su intento de reformar la Constitución para, sobre todo, cambiar el límite de dos mandatos para el presidente de la Nación y que puedan ser tres.

Felix Antoine Tshisekedi es el segundo presidente congoleño elegido democráticamente. Ganó las elecciones en 2018 y 2023 por lo que no puede volver a presentarse en las previstas para 2028. De ahí que casi desde que comenzó su segundo mandato ha ido dando pasos cada vez menos discretos para cambiar la ley y presentarse de nuevo, pensando que nadie le hace, ni le hará, sombra en unas elecciones. No es la primera vez que esto ocurre.

Su antecesor, Joseph Kabila, se convirtió en presidente, heredando el puesto de su padre Laurent Désiré Kabila, asesinado en 2001 durante la llamada Segunda guerra del Congo o Guerra Mundial Africana. Conseguida la paz, o lo más parecido a ella, se celebraron por primera vez elecciones democráticas para elegir presidente en 2006. Kabila ganó entonces y cinco años después por lo que, como ahora Tshisekedi, se acababa su carrera presidencial. Pero, como titulo, la presidencia congoleña tiene un oscuro encanto que seduce a todo el mundo -y que, es cierto, no es caso único ni en África ni en general-.

Así pues, Kabila intentó cambiar las leyes, la propia Constitución. Ya tenía práctica, porque el sistema electoral, con el que ganó en 2006, incluía una segunda vuelta para los dos candidatos más votados, lo que se suprimió en las de 2011 y Kabila se convirtió en presidente al ser el más votado -aunque no consiguió mayoría absoluta- en la primera vuelta. Un año antes de las elecciones, Kabila intentó cambiar la ley constitucional que le impedía presentarse de nuevo. No lo consiguió, pero el Tribunal Constitucional dictaminó que si se retrasaban las elecciones el presidente podía seguir ejerciendo como tal hasta que se volvieran a celebrar. Dicho y hecho, el mismo tribunal las acabó retrasando unos meses antes de su celebración. Todo este proceso había sido contestado desde la calle y reprimido de manera sangrienta.

En diciembre de 2018 se celebraron por fin las elecciones. Como el candidato de Kabila no tenía mucho futuro, se cuenta que llegó a un acuerdo con uno de los candidatos, Tshisekedi, para que este fuera presidente, tutelado por el propio Kabila. Obviamente esto implicaba un fraude, del que se ocupó el presidente de la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI), Corneille Nangaa, que lo confesó años después.

(Spoiler: Conreille Nangaa no obtuvo el esperado premio del nuevo presidente y hoy es el líder-títere de la AFC-M23, que protagoniza, apoyada por Ruanda, una destructiva guerra contra el gobierno en el Este).

Según diferentes organismos que siguieron las elecciones, el verdadero vencedor fue el candidato Martin Fayulu, que repitió intento, sin suerte, en 2023 y que hoy lidera las protestas contra los intentos de reforma de la Constitución, habiendo salido herido por la represión policial en alguna de las marchas. En esas elecciones, Tshisekedi obtuvo el 73% de los votos y, aunque el aplastante resultado pudiera levantar sospechas, no parece que esta vez fuera irregular su victoria, sino más bien por aburrimiento de un electorado que parecía preferir lo malo conocido.

El oscuro encanto del cargo está justificado también por los privilegios al perderlo. Aunque solo hay un ex presidente actualmente en la RDC, la situación seguía siendo bastante rentable: un sueldo equivalente al 30% del del presidente, personal de seguridad, administrativo y doméstico a cargo del Estado, mil litros de combustible al mes y “vivienda digna” o veinte dólares al mes…

En 66 años de independencia, el país solo ha tenido cinco presidentes. El primero, Joseph Kasavubu -desde la independencia en 1960 hasta 1965- fue nombrado tras las primeras elecciones democráticas, en las que su partido obtuvo 12 escaños frente a los 41 del de Patrice Lumumba, y donde pesó la simpatía que despertaba ante el Gobernador General de la todavía colonia belga. Se fue a su casa tras el golpe de Estado de Joseph Mobutu -luego Mobutu Sese Seko-. Éste, que de antiguo sargento mayor y periodista pasó a jefe de las Fuerzas Armadas, tomó el poder de un país sumido en absoluto caos y con la simpatía de casi todo el mundo, con la intención de dejarlo a los cinco años. Pero tuvieron que pasar treinta y dos años -en los que saqueó y arruino a la población-, ser abandonado por sus “apoyos del norte” y tener a la oposición armada a las puertas de Kinshasa para que marchara al exilio. Aunque la idea era que los líderes de los grupos armados vencedores en 1997 dirigieran el país, uno de ellos, Laurent Désiré Kabila, se hizo con él y quitó de en medio a sus camaradas, apoyado por Ruanda. Antes de un año expulsó a los ruandeses y comenzó una de las guerras más destructivas de las últimas décadas. Laurent Kabila abandonó el poder por un disparo en la cabeza de uno de sus guardaespaldas, tras menos de cuatro años en el poder. Su hijo, pese a fracasar su intento de un tercer mandato, estuvo dieciocho años en el poder.

¿Hasta dónde llegará Tshisekedi para no abandonar el poder? ¿Volverá a costar sangre ese oscuro encanto de presidir uno de los países más ricos del planeta con una de las poblaciones más pobres?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.