Adriana Franco Silva, Observatorio Latinoamericano de Geopolítica del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
Si la comparación político-económica entre Sankara y Traoré permite identificar algunas coincidencias, las políticas de género y sexualidad muestran contrastes muy claros. Para Sankara, la emancipación de las mujeres no era un programa secundario, sino una condición estructural de la revolución. En su discurso del 8 de marzo de 1987, titulado “La revolución no puede triunfar sin la emancipación de las mujeres”, Sankara mencionó que las mujeres burkinesas eran militantes que luchaban por la revolución y que eran fuertes, no las pensaba como sujetas pasivas que debían esperar el cambio. Sankara también reconoció que la revolución les había fallado al excluirlas de las dinámicas políticas y económicas de Burkina Faso. Asimismo, criticó al sistema capitalista patriarcal.
Recuperando a Friederich Engels, el líder burkines reconoció que el patriarcado excluye a las mujeres y que la propiedad privada impuesta por el capitalismo refuerza esa subordinación. Este punto es importante porque en diversas sociedades africanas —como también señalan Ifi Amadiume y otras académicas del continente— las relaciones de género no necesariamente sometían a las mujeres. Inclusive, muchas veces las mujeres eran las que transmitían la “propiedad” de la tierra. Sin embargo, eso fue trastocado por el colonialismo, ya que, como mencionaba Sankara, en el sistema capitalista las mujeres están supeditadas y los hombres obtienen ganacias de su fuerza de trabajo sin que ellas reciban remuneración.
En la actualidad, el planteamiento de Sankara podría ubicarse dentro de los debates sobre la generación de valor del trabajo reproductivo. El líder burkinés, probablemente, apoyaría a las marxistas autonomistas —como Silvia Federici, Mariarosa Dalla Costa, Selma james, Leopoldina Fortunati, entre otras— quienes afirman que el trabajo reproductivo genera valor. En su discurso de 1987, Sankara cuestionó la reproducción de la división sexo-género occidental, la cual estaba introyectada en los hombres burkineses: “bajo un sistema de explotación, la mujer y el obrero están condenados al silencio. Pero dentro del sistema actual, la mujer del obrero es además condenada al silencio que le impone su marido-obrero.” Aunque Sankara intentó implementar el “sueldo vital” para las mujeres, muchos hombres se opusieron y la reforma no se pudo implementar.
Como documenta Namakula Mayanja en el capítulo “Revolution and Women’s Liberation Go Together”, la política vinculada a las mujeres de Burkina Faso durante el gobierno de Sankara cuestionó el patriarcado y promovió la igualdad para hombres y mujeres en múltiples dominios. Estos planteamientos no solo quedaron en los discursos del líder, sino que se implementaron a partir de proyectos y políticas. Por ejemplo, Sankara promovió la creación de la Unión de Mujeres de Burkina, una organización de combate que articulaba la movilización de las mujeres para luchar por sus derechos. Las decisiones tomadas en la Unión tenían que ser acatadas por el gobierno, pero estas resoluciones, como menciona Damata Ganou, tenían que incluir las demandas y necesidades tanto de las mujeres urbanas como de las rurales.
Por otra parte, Sankara prohibió la ablación (generalmente conocida como mutilación genital femenina) y el matrimonio forzado, creó el Ministerio de Desarrollo de la Familia e impulsó una reforma para que en el gabinete del presidente siempre hubiera representación de mujeres. El líder burkinés también incorporó a mujeres en posiciones militares y de gobierno en una época en que eso era prácticamente inviable en diversas partes del mundo. A pesar de esto, es importante no idealizar el alcance de esas políticas, ya que los cambios constitucionales no necesariamente transformaron la realidad social y cultural. En Burkina Faso, por ejemplo, la ablación siguió practicándose incluso después de la prohibición.
En relación con la homosexualidad, la postura de Sankara fue más ambigua. No obstante, el líder africano no heredó las leyes antisodomía del período colonial —a diferencia de muchos gobernantes africanos— y tampoco introdujo ninguna restricción al respecto durante los cuatro años de su gobierno. Sin embargo, no hay registro de discursos explícitamente a favor de los derechos del colectivo LGB+. Además, algo que se podría cuestionar desde una perspectiva de género crítica, es el hecho de que sus discursos casi siempre planteaban la existencia del género en términos dicotómicos. A pesar de esto, su marco filosófico promovía una emancipación universal. Para Sankara, el panafricanismo se articulaba con principios humanistas donde el pueblo, en su conjunto, tenía que hablar y estar representado. Por lo tanto, las minorías sexuales no fueron perseguidas ni reprimidas durante su administración.
En contraste con esto, la política de Traoré hacia el colectivo LGB+ ha sido de arremetida. En agosto de 2023, antes de que se cumpliera un año de su gobierno, el Consejo Superior de la Comunicación prohibió las emisiones televisivas que «promovieran la homosexualidad» y vetó cualquier contenido de «carácter homosexual» en canales dirigidos a menores. En julio de 2024, el Consejo de Ministros aprobó un proyecto de Código de Personas y Familia que incluía la criminalización de la homosexualidad y sus actos asociados. Con esta ley, la homosexualidad podía ser sancionada con hasta cinco años de prisión y multas económicas. De hecho, en enero de 2026 se produjo la primera condena bajo esta ley en contra de un extranjero que fue sancionado con dos años de prisión y una multa de poco más de tres mil quinientos dólares.
En los últimos años, diversos líderes africanos han implementado políticas en contra del colectivo LGB+ bajo una narrativa antiimperialista. Aunque esto podría parecer contradictorio, los líderes políticos señalan que la homosexualidad responde a prácticas del liberalismo occidental que fueron impuestas durante la colonización para controlar a las poblaciones africanas. Estos planteamientos han resonado entre diversas poblaciones, por lo que se ha convertido en una de las estrategias para legitimar a ciertas administraciones en el continente. Así, la criminalización de la homosexualidad ha movilizado apoyo, consolidado la autoridad y permitido construir cierta identidad en un contexto de crisis.
En oposición a esta narrativa, y como demuestran diversos estudios realizados tanto por académicos africanos como de otras latitudes, el género en África pre-colonial no era dual ni estático; las prácticas sexoafectivas eran diversas en muchas comunidades. Por otra parte, en los discursos de los gobiernos africanos que criminalizan la homosexualidad, como en el caso de Traoré, se ha omitido el hecho de que este tipo de normativa fue establecida por las metropolis europeas durante la colonización. Además, actualmente, estas posturas son promovidas por grupos cristianos evangélicos de Estados Unidos.
Aunque el vínculo con Sankara se rompe completamente en este tema, Traoré ha procurado impulsar políticas dirigidas a las mujeres; a saber, a través de proporcionar créditos agrícolas. Sin embargo, como en el caso de Sankara, la implementación de estas políticas tiene que estar acompañada de una transformación social y cultural para promover un cambio estructural, sobre todo después de los ajustes impulsados por la colonización, que reforzaron el patriarcado y la heteronorma. En el caso de los créditos agrícolas, por ejemplo, es indispensable analizar de manera detallada cómo se implementan estas políticas, ya que la deuda puede reforzar relaciones de dependencia y subordinación.
Algunos sectores plantean que Traoré está promoviendo que las mujeres sean el pilar de la revolución económica. Sin embargo, otros han criticado el hecho de que su gobierno no ha implementado medidas más eficientes para reducir la desigualdad de género, el matrimonio infantil o promover la salud de las mujeres. Uno de los obstáculos a los que se enfrenta el líder burkines en relación con las políticas de género es la violencia y presencia de grupos terroristas en el país, ya que esta situación afectan de manera profunda a mujeres y niñas. Frente a este contexto, en junio de 2022, Traoré adquirió un terreno para dar refugio a mujeres que huyen de la violencia terrorista. Sin embargo, no basta con implementar políticas reactivas, hay que fomentar políticas que hagan frente a las violencias estructurales y, al mismo tiempo, contribuyan a generar una transformación en la estructura del sistema sexo-género.
Sankara entendía la emancipación como un proyecto universal: las mujeres, los campesinos, los trabajadores y cualquier grupo marginalizado formaba parte del sujeto revolucionario. Traoré, en contraste, ha criminalizado al colectivo LGB+, lo que va en contra del panafricanismo humanista de Sankara. Si bien la comparación de ambos líderes debe contextualizarse, sería importante señalar que no hay emancipación posible si se siguen reproduciendo violencias contra ciertos sectores sociales. No es posible alcanzar la liberación de las mujeres sin la emancipación simultánea de otros sujetos subalternizados, debido a que las luchas enfrentan la misma raíz patriarcal y heteronormativa impuesta con el despliegue del capitalismo colonial.








