Quien controla el algoritmo gobierna en la sombra (II)

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Isidro Páez, viene del anterior

“Todo objeto cuyo fin ignoramos, es provisoriamente monstruoso”
Jorge Luis Borges

La sentencia de Borges define con precisión quirúrgica la naturaleza de las arquitecturas digitales que hoy gestionan el pulso del mundo. Mientras la ciudadanía interactúa con interfaces amigables, en los estratos profundos del poder se despliega una maquinaria cuya teleología nos es ajena.

La ambición de dominio territorial, motor de la historia, simplemente ha mutado de escala, Cecil Rodhes, capitalista emblema del colonialismo británico, se lamentaba al ver las estrellas: «El mundo está casi todo parcelado… Anexaría los planetas si pudiera». Lo que para Rhodes era una frustración astronómica, para los capitalistas tecnológicos de nuestra era —figuras como Elon Musk y Peter Thiel— es un plan de negocios—. La conquista ya no se detiene en las fronteras nacionales; se extiende mediante constelaciones de satélites y cohetes que buscan cercar el espacio sideral, compiten por nuevos nichos de capitalización, lo convierten en el nuevo teatro de la acumulación por desposesión.

La relación entre el hard power y Palantir representa la redefinición del poder militar y la geopolítica global en el siglo XXI, Palantir es considerada como el “brazo de software» del aparato militar de EEUU.

En el punto IV de los 22 del Manifiesto titulado «The Technological Republic, in brief», post publicado en la cuenta de X de Palantir, el 18 de abril de 2026 lo describe abiertamente: “La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power [1], y el hard power de este siglo se basará en el software”. Es el lenguaje del neocolonialismo sin caretas. la característica estructural de un sistema tecnológico global que reproduce la desigualdad bajo una nueva forma: el dominio algorítmico.

Palantir se ha consolidado como proveedor estratégico del actual Departamento de Guerra de EEUU y agencias de inteligencia ofreciendo herramientas para planificación de combate, selección de objetivos y coordinación táctica en tiempo real. Esa inserción la coloca formando parte de facto de la infraestructura de seguridad nacional de la principal potencia militar del planeta.

En el punto V se declara:

“La cuestión no es si se fabricarán armas basadas en la IA, sino quién las fabricará y con qué fin. Nuestros adversarios no se detendrán a enzarzarse en debates teatrales sobre las ventajas del desarrollo de tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad nacional y militar. Seguirán adelante.”

Esta tesis pretende descalificar de antemano cualquier debate democrático sobre la IA militar al situarlo del lado de los «adversarios». Bajo la nueva administración de Trump, de la que los gigantes tecnológicos  son partidarios y miembros (desde OpenAI hasta Anduril, pasando por Palantir y Meta), la integración de la inteligencia artificial en los sistemas militares estadounidenses se acelera. La aceleración tecnológica se nos presenta como irrefutable.

El punto XII del Manifiesto manifiesta:

“La era atómica llega a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, llega a su fin, y una nueva era de disuasión, basada en la IA, está a punto de comenzar”. Es una clara declaración para una nueva doctrina para la Recodificación estratégica con el  cambio de paradigma, una nueva era de disuasión basada en la IA está en vías de desarrollo. La soberanía ya no reside en la masa crítica del uranio, sino en la velocidad de cómputo del silicio. Un nuevo campo de batalla: el ecosistema algorítmico rechaza el concepto analógico de fronteras. Tomar el control del ecosistema algorítmico es el único vector viable para la supervivencia estratégica

El nuevo «Katechon»: El fin de los frenos históricos

En el siglo XX, la Destrucción Mutua Asegurada y el miedo al apocalipsis nuclear funcionaron exactamente como un Katechon [2]. El arsenal atómico era una fuerza de contención: congelaba la historia, impedía una Tercera Guerra Mundial entre superpotencias y obligaba a mantener un orden geopolítico rígido por puro miedo a la extinción.

Esta idea es recurrente en Peter Thiel, el fin de la era atómica elimina ese dique de contención, permitiendo así relanzar la aceleración tecnológica masiva, la IA se libera de los viejos frenos y se convierte en el nuevo motor del orden mundial. Al disolverse el freno nuclear, el vector de la competencia global se traslada de la acumulación de ojivas a la velocidad de la evolución algorítmica. La contención ya no es física; ahora es computacional. La velocidad de desarrollo del software se convierte en la única métrica de supervivencia.

Una vez liberada del Katechon analógico, la aceleración tecnológica ya no puede ser detenida por tratados internacionales ni por fronteras soberanas. Ésta es la tesis geopolítica central del libro de Karp [3], Palantir se posiciona como la infraestructura fundamental de un nuevo orden estratégico, recodificando la disuasión mediante la IA para tomar el control del espectro computacional.

 La tecnología no es neutral, un algoritmo no es una entidad neutral; hereda las prioridades geográficas y culturales de sus programadores y de los datos con los que fue entrenado, su desarrollo responde directamente a la lógica del poder duro (hard power), donde el control del algoritmo se convierte en la nueva forma de control territorial y económico. Un algoritmo es un instrumento geopolítico que hereda las prioridades, la carga ideológica y los sesgos culturales de sus programadores. No hay código sin bandera. Palantir no solo vende plataformas de tecnología, propone una visión del orden mundial basada en superioridad militar de Occidente, es un instrumento geopolítico que articula mediante infraestructuras invisibles y decisiones automatizadas.

 El sesgo geopolítico en el ámbito tecnológico e inteligencia artificial es la tendencia sistémica de un algoritmo para favorecer la visión del mundo, los valores políticos y los intereses estratégicos de la nación donde fue desarrollado, el software de Palantir está condicionado por su propia carga ideológica manifestada en el Manifiesto, el algoritmo procesa los datos y opera tendenciosamente como un eslabón fundamental para la preservación del capitalismo financiero y además argumenta que la tecnología e inteligencia artificial occidentales deben servir explícitamente para asegurar la dominación militar de EEUU. Palantir funciona como la infraestructura tecnológica y de control, un eslabón que protege, optimiza y reproduce los intereses del capitalismo financiero global.

El brazo tecnológico de la acumulación por desposesión

1.El capitalismo financiero actual no solo se nutre de dinero, sino de la mercantilización de los datos (el «capitalismo de plataformas» o de vigilancia). Palantir es un eslabón crucial porque transforma la información dispersa de ciudadanos, consumidores y estados en un activo estratégico. Al monopolizar el procesamiento de macrodatos, permite a los fondos de inversión y corporaciones predecir mercados, mitigar riesgos financieros y optimizar la explotación de recurso

2. Contratos estatales y garantiza el orden del mercado.

La empresa se financia principalmente con el presupuesto público de ministerios de defensa, agencias de inteligencia y seguridad global. En la lógica macroeconómica, el capitalismo financiero necesita de un aparato coercitivo eficiente que garantice la estabilidad geopolítica para que los flujos de capital sigan circulando sin interrupciones. Palantir es la herramienta informática que gestiona esa vigilancia, mapeando amenazas, controlando fronteras y conteniendo el descontento social que generan las crisis financieras.

3.La conexión con Wall Street y el capital de riesgo

La misma génesis de la compañía está ligada a los nodos más densos del poder financiero actual: Nació bajo el ala de In-Q-Tel (el fondo de capital de riesgo de la CIA).

Su cotización en bolsa y su valor dependen de la especulación de grandes fondos de inversión (como BlackRock o Vanguard) que inyectan capital en empresas tecnológicas de defensa (DefenseTech).

Sus algoritmos de predicción no solo se usan para la guerra, sino también en su plataforma Foundry para que bancos globales y aseguradoras detecten fraudes, optimicen carteras de crédito y maximizen ganancias.

A través de su plataforma Foundry, Palantir ejecuta una función dual: mientras optimiza carteras de crédito y maximiza ganancias bancarias, actúa como una herramienta de control social. No se trata solo de detectar fraudes financieros; se trata de mapear amenazas, vigilar fronteras y contener el descontento social generado por las crisis del capital. Es el brazo tecnológico de la acumulación por desposesión, transformando los datos de los ciudadanos en activos estratégicos que garantizan que los flujos financieros circulen sin interrupciones, bajo la supervisión de infraestructuras invisibles.

¿Cómo queda expuesto este alineamiento geopolítico?

-Por Asimetría de Datos: Los modelos globales de IA se entrenan mayoritariamente con datos provenientes del Norte Global (EE. UU. y Europa). Esto provoca que las soluciones tecnológicas tiendan a ignorar o distorsionar las realidades socioeconómicas y geográficas del Sur Global debido a:

-La Alineación Ideológica y Narrativa: Estudios recientes revelan que ante un conflicto fronterizo o un evento histórico disputado, una IA desarrollada en Occidente priorizará narrativas diplomáticas o de seguridad occidentales.

-La Preferencia en la Toma de Decisiones Estratégicas: Investigaciones del CSIS (Center for Strategic and International Studies) demuestran que las IA entrenadas con datos históricos tienden a favorecer dinámicas de alianzas tradicionales (como la relación EEUU – Reino Unido).

La advertencia de Evgeny Morozov [4], resuena hoy con más fuerza que nunca: así como el control del petróleo permitió a ciertos estados condicionar el desarrollo de otros en el siglo XX, el control de los datos y los algoritmos configura hoy las nuevas relaciones de dominación, los algoritmos y las plataformas configura nuevas relaciones de dependencia y dominación, entre las potencias tecnológicas y la periferia global.


[1] En política y Relaciones Internacionales, el “Hard power” es la capacidad de un Estado para influir en otros países mediante comportamientos o políticas a través de incentivos económicos o fuerza militar. Los ejemplos más comunes de hard power incluyen sanciones económicas, amenazas militares o el uso de intervención e invasión y ocupación armada.

[2] Katechon: del griego: “lo que frena”.

[3] Karp, Alexander C. & Zamiska, Nicholas W. (2005): “La República Tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente” Editorial Tenos, Barcelona

[4] Morozov, E. (2012). “The net delusion”. PublicAffairs, N.Y.

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