El presente es de lucha el futuro es nuestro. Propuesta para la emergencia de una nueva izquierda latinoamericana y caribeña

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Sergio Rodríguez Gelfenstein

El colapso y desaparición de la Unión Soviética marcó el fin de un época caracterizada por un sistema internacional bipolar en el que la ideología establecía la inserción de países, gobiernos y organizaciones en la dinámica internacional. A partir de entonces, el mundo no ha logrado afianzar un sistema que lo estructure y lo ordene.

Han sido más de 35 años de inestabilidad en que se ha pasado de una década de caos al finalizar el siglo pasado, la instauración de la unipolaridad tras los ataques terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, la incapacidad material de Washington por sostener este sistema tras la crisis financiera de 2008, la emergencia de Rusia y China al pináculo en 2012 para comenzar a colocarse a la par de Estados Unidos, el declive de Europa y la crisis del sistema multilateral que no pudo manejar exitosamente la pandemia de Covid19, así como su incapacidad para evitar los genocidios que Occidente produce en diversos lugares del planeta, uno de los cuales obligó a Rusia a reaccionar a través de una operación militar especial en Ucrania

De igual manera se debe considerar como elementos centrales de la crisis, el asesinato indiscriminado de niños y mujeres en Gaza, las dos guerras contra Irán en junio de 2025 y febrero de 2026, hasta los intentos contradictorios que emergen de Estados Unidos cuando simultáneamente Trump pretende reinstaurar un sistema unipolar mientras que Marco Rubio y los neoconservadores estadounidenses en alianza con el lobby cubano-americano se proponen llevar el planeta nuevamente a una confrontación ideológica bipolar, esta vez teniendo al partido comunista de China como contradictor del poder imperial de Washington.

Esa incapacidad de países y gobiernos de ponerse de acuerdo en la búsqueda de mínimos consensos, ni siquiera para enfrentar un enemigo común de la humanidad como lo fue el virus del COVID, es expresión de una crisis sistémica que da cuenta del fracaso del capitalismo por sostener un modelo que ha sido incapaz de dar soluciones a los problemas más acuciantes de la humanidad. Por el contrario, en países como China, Vietnam y otros, el socialismo encuentra recursos para llevar a sus pueblos a existir en condiciones cada vez más favorables para el desarrollo de la vida. Más de 1500 millones de ciudadanos (casi el 20% de la población del planeta) viven en sistemas socialistas que exponen su superioridad en esta confrontación sistémica.

América Latina y el Caribe, después de superar la noche negra de los gobiernos dictatoriales que implementaron tenebrosas políticas neoliberales y la persecución de sus pueblos a través de la subordinación a la doctrina de seguridad nacional elaborada por Estados Unidos en el marco de la guerra fría, se adentraron en la búsqueda de una alternativa a los estrechos límites impuestos por Washington.

Parecía que en 1998, justo 25 años después del derrocamiento del presidente Salvador Allende, emergía una nueva realidad para la región. El triunfo electoral del comandante Hugo Chávez en Venezuela señaló el rumbo de una nueva etapa a la que se fueron incorporando otros países, pueblos y gobiernos de distintas orientación política pero que tenían como norte la democracia, la defensa de la soberanía y el avance hacia espacios de integración que le dieran fuerza y presencia a la región en el escenario internacional. Durante los primeros 15 años de este siglo, esa fue la pauta que señaló el camino.

Tomando nota y ante la emergencia de una situación internacional que comenzaba a serle adversa en diversas latitudes y longitudes del planeta, Estados Unidos decidió refugiarse en América Latina y el Caribe, salvaguardar su control sobre la región y afianzarse en la misma para seguir manteniendo su condición de potencia global.

Todo ello sustentado en el fortalecimiento de un soporte ideológico de extrema derecha nunca antes visto en la política interna de Estados Unidos. La entronización de un gobierno nazi fascista en Washington que intenta emular las peores prácticas de Hitler: el supremacismo, el racismo, los ataques a la democracia, al sistema multilateral y al derecho internacional, la misoginia, el menosprecio de las minorías y su voluntad patente de dominar el mundo, marcan una dinámica que incluso pone en entredicho el propio sistema capitalista emanado en lo económico  de la revolución industrial iniciada en Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XVIII y en lo político de la revolución francesa que estableció como modelo único a la democracia liberal representativa de corte occidental.

Igualmente, las políticas de la administración Trump han dinamitado el sistema internacional germinado al finalizar la segunda guerra mundial que permitió una nueva arquitectura multilateral en lo político, económico y de seguridad, creando las condiciones para el nacimiento de un nuevo sistema internacional que considere las profundas transformaciones acaecidas en el planeta en los últimos 80 años.

Este caos que inunda como un diluvio todo el planeta, ha tenido profundas repercusiones políticas e ideológicas en América Latina. La izquierda pareciera haber perdido el norte que la mantuvo como referente de las ideas más avanzadas de la sociedad, por lo menos en los últimos 150 años.

En algunos casos, la izquierda ha llegado al gobierno por vía electoral para limitarse a establecer alianzas con empresarios y derechas, suponiendo que de esa manera iba a ampliar su base social de apoyo, craso error, han sido esas mismas derechas las que han trabajado por revertir los procesos políticos y sociales que tuvieron a los pueblos como protagonistas. Han olvidado que su verdadera fortaleza está en establecer sólidos vínculos con las organizaciones populares y sociales y que la llegada al gobierno debe servir -sobre todo- para generar mecanismos de ascenso del protagonismo popular haciendo que los pueblos dejen de ser objeto de las políticas gubernamentales para transformarse en sujeto de la transformación de la sociedad.

La confusión es mayúscula, ya ni siquiera se sabe que es ser de izquierda. En la coyuntura actual, sectores de esta orientación política, desde el gobierno hacen alianzas con Estados Unidos para generar gobernabilidad sin tener en cuenta que la misma se utiliza para aumentar las ganancias de las transnacionales y las grandes empresas en detrimento de sus pueblos.

Otros, sobre todo en Europa, apoyan al gobierno nazi de Ucrania en defensa de una supuesta democracia y de un sistema de seguridad regional que solo beneficia a la corrupta burocracia europea incluso al precio del menoscabo de las condiciones de vida de sus propios pueblos. Por ejemplo, en España han reaccionado cuando ven que las derechas se proponen cosechar los resultados de la crisis ante su inmovilidad y una apatía que hace que cada vez sea más difícil determinar el límite que las diferencia de esas propias derechas. Están asustados porque no olvidan que en el siglo pasado, Hitler y Mussolini llegaron al poder por vía electoral en condiciones políticas y económicas similares a las de ahora.

Finalmente, después de observar con total complacencia el genocidio de Estados Unidos y el régimen sionista de Israel en Palestina y apoyar las guerras en contra de Irán, ahora estas “izquierdas” se rebelan cuando la barbarie sionista ha rebasado cualquier práctica exterminadora incluyendo la de los nazis a mediados del siglo pasado. Los indiscriminados ataques a Irán fueron bienvenidos hasta que sus repercusiones comenzaron a afectar los niveles de vida de sus ciudadanos tras la elevación de los costos de los combustibles y los alimentos sin poder esgrimir mecanismo alguno para evitar tal situación mientras exhiben total cobardía al evitar señalar al verdadero culpable de tal situación que no es otro que Estados Unidos.

La izquierda tradicional se encuentra desarticulada. Ha mostrado total incapacidad para -al menos- explicarle a los pueblos lo que ocurre, mucho menos para señalar una ruta válida para enfrentar y superar esta situación. Los mecanismos existentes hasta ahora han demostrado total inoperancia, paralizados por actitudes pusilánimes, dubitativas y hasta cobardes. Se hace necesario articular una propuesta de largo plazo que elabore y establezca pautas, instrumentos, metodologías y formas de actuar en esta situación que no es favorable para los pueblos.

A través de la historia, la izquierda, los revolucionarios han demostrado su capacidad de construir incluso en las peores condiciones adversas, innumerables generaciones de luchadores han entregado sus vidas en más de cien años de combates. La llegada al gobierno de algunas fuerzas de izquierda, lejos de incrementar las capacidades de lucha, parecieron producir ciertos acostumbramientos a la pasividad y la suposición de que la burocracia y la mayor existencia de recursos solucionaría todo.

Lo cierto es que la izquierda en el gobierno, en la mayoría de los casos, generó una nueva burocracia, también corrupta, nepótica y en muchas ocasiones incapaz de generar políticas en beneficio de los pueblos. Ha llegado el momento de revertir esa situación. Como dijo el secretario general Xi Jinping en el acto de conmemoración del centenario de la fundación del partido comunista de China “debemos volver a los orígenes” a fin de enarbolar una ética y una moral que nos distinga de los capitalistas y que nos de la fuerza y la convicción necesaria para derrotar al poderoso imperio estadounidense. Tal vez no nos podremos equiparar con su potencial militar y financiero, pero -como siempre ha sido aunque lo hayamos olvidado- la fuerza de nuestras ideas es invencible.

Depende de nosotros, de nadie más, está en nuestras manos y debemos hacerlo. Como dijo el comandante Ernesto Che Guevara “el presente es de lucha, el futuro es nuestro”

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1 COMENTARIO

  1. Los dos elementos que plantea esta breve reseña de la situación mundial: El ascenso de las derechas, o de las grandes burguesías financieras, para darle un contenido de clases más específico y la «desarticulación» de la izquierda que aún no atina a estructurar una linea de acción para contraponerse a este ascenso del reaccionarismo político, son manifestaciones de una toma de consciencia necesaria en la actual situación y aplaudo la iniciativa. No comparto, sin embargo la caracterización del gobierno actual de los EEUU cito: «La entronización de un gobierno nazi fascista en Washington que intenta emular las peores prácticas de Hitler», una cosa es que la extrema derecha republicana haya centralizado el poder y sometido al resto de los poderes del estado republicano: Parlamento y Justicia al ejecutivo, utilizando todas la argucias legales para ello, en aras de entronizarse en el dominio unipolar del planeta. Y otra muy distinta es o fue el nacismo. Que es supremacista, ampara al genocidio sionista y quiere someter a su control absoluto a los países dueños de los recursos energéticos, con nombrar el ejemplo de Venezuela, basta, para no hablar de las intervenciones y guerras fraguadas a este propósito en Oriente Medio. En mi modesta opinión lo que esto esta revelando no es ni mas ni menos, los manotazos de ahogado del sistema Unipolar, que a posteriori de la caída de la URSS, se consolidó con una globalización cuyo eje y comando estuvo por estas ultimas décadas bajo su control. El ascenso de China con un crecimiento de tres décadas a tasas del 6 al 8 % de su PIB, y la respuesta de la Federación Rusa ante el expansionismo de la OTAN, con la «operación especial», el surgimiento de los BRICS, y sus propuestas de eliminar el sistema de los llamados «Petrodólares», que reglaba y sometía el intercambio del crudo mundial a la moneda americana. Creando como alternativa un sistema libre de comercialización al margen del dolar, con un banco que centralice además el funcionamiento de las finanzas de más de la mitad de la población mundial. Todos estos elemento están conjugando una cambio de paradigma geopolítico a nivel planetario. Y en perspectiva el perdedor de su papel hegemónico es y será sin dudas los EEUU de América del Norte. Esta es la sucinta explicación, que repito, desde mi modesto punto de vista permitiría explicar porqué la política exterior de este país se ha tornado en consolidación de lo que considera su dominio, y lo defiende con su arsenal armamentístico, pero es netamente una actitud defensiva ya que no quiere entregar «ni la bolsa ni la corona». Por otro lado en la economía capitalista globalizada, hay un crisis en ciernes que solo se ha insinuado y esta es justamente la cuestión de la energía mundial, que basada aun en los hidrocarburos, y representando la parte circulante del capital Constante, por los enormes capitales invertidos, requiere una amortización que tira indudablemente la tasa de ganancia a la baja, amenazando con una crisis estructural de todo el sistema. En lo inmediato, los capitales parecen haberse desviado en sus inversiones a los sectores de más rentables de la economía, léase: Los sectores «militar industriales».
    En cuanto a la desarticulación de las izquierdas, el tema va para largo y es muy complicado, no obstante esto requeriría un balance mínimo de lo actuado, de las lineas operantes y de las acciones llevadas a cabo en las distintas situaciones de la lucha de clases. Como guía propongo la cuestión de la democracia, en el seno de las propias organizaciones y luego su participación en el contexto político en los que les tocó actuar y para ello lanzo una pregunta: No será que se han mal interpretado las lecciones de Marx, sobre todo desde el lamentable panfleto de Lenin: en el «Que Hacer» que las fuerzas se han centrado en construir el «destacamento avanzado de la clase obrera, su vanguardia revolucionaria» o sea El Partido Revolucionario en vez del planteo de Marx:»la clase obrera y el pueblo trabajador deberán convertirse en partido» como parte y expresión de la constitución como clase Para SI, surgida desde el seno de la Sociedad Civil y comenzar a forjar con la participación activa de los mismos el estado tipo Comuna de París?
    O sea lo mismo que se plantea en la introducción: «generar mecanismos de ascenso del protagonismo popular haciendo que los pueblos dejen de ser objeto de las políticas gubernamentales para transformarse en sujeto de la transformación de la sociedad»
    El ejemplo no puede ser más actual. El conflicto en Bolivia, que se está desarrollando en estos precisos momentos. Que no solo apunta a lo definido por Rosa de Luxemburgo, a una «huelga política de masas», sino que demuestra una capacidad organizativa sin precedentes casi en anteriores movilizaciones de masas, ya que esta esta organizada por 6 mil delegados, elegidos en asambleas, que son quienes dirigen los movimientos y acciones a tomar frete a la represión, y quienes decidieron unánimemente la continuación de la huelga general , que comenzó por los campesinos, levantados frente a una ley injusta, y luego siguió por las cooperativas mineras, por los maestros, los transportistas, se expandió como reguero de pólvora por todo el país.Tanto la huelga, como la forma en que se desarrolló deberían se objeto de propaganda periodística en todos los países y no sólo de Latinoamérica, sino del mundo. Y quiero aclarar, no estoy en contra de la participación de los partidos de izquierda, llámense o no comunistas, socialistas etc. Pero estos partidos deben favorecer el desarrollo del los organismos democráticos de la Clase obrera, no someter el movimiento a las instancias organizativas de ninguno de los partidos, dar la polémica , participar con propuestas programáticas, etc, etc, esa es la contribución que pueden y deben hacer los partidos.
    La últim cuestión que es dable mencionar, es la situación de la clase obrera en general, y en particular el los países más industrializados, y es que hay casi tres décadas de inmovilismo, y de un consumismos desmedido que de algún modo lo ha provocado este desarrollo «pacifico» de la larga onda de Kondratiev (50 años) y en el transcurso de los mismos, las organizaciones de defensa de la clase: los sindicatos, han sido copados por burocracias conciliadoras y obsecuentes con el capital; y hoy ante la crisis en ciernes, una de las primeras tareas de la Clase Obrera y el pueblo trabajador es conquistar sus órganos de defensa y lucha, y desde allí proyectarse para ampliar el movimiento siguiendo el ejemplo del pueblo Boliviano.
    Agradezco la deferencia de ustedes por concederme este espacio para desarrollar estas pobres ideas, espero que algo aporten. H G

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