Sí es dinero público, pero no es “dinero de los contribuyentes”

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Jorge Amar, Economista, Investigador Experto en el GISP ( Global Institute for Sustainable Prosperity). Presidente de la  APEEP (Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios). @Jorge_Econopata

Las reacciones en las redes sociales a dos noticias demuestran el desconocimiento de la gente de izquierdas sobre cómo funciona un estado y en especial el presupuesto y los impuestos. Ambas muestran un acierto en el juicio moral sobre ciertos actos, pero por las razones equivocadas y por ello sin saberlo refuerzan el marco neoliberal que posibilita las conductas reprobadas.

La primera son las declaraciones de una concursante televisiva que tras ganar un gran premio en un programa y ante las preguntas de los periodistas sobre si le molesta pagar los impuestos por dicho premio, la bien intencionada y enciclopédica concursante contesta que no le molesta y a continuación como explicación de la razón de su postura reafirma sin saberlo un mito fundacional del neoliberalismo, el que el gasto público es pagado con el “dinero de los contribuyentes”.

La segunda son las reacciones de gentes de izquierda por las quejas de muchos influencers y famosillos que, viviendo en Dubai para evitar pagar impuestos en España, se ven sometidos a las represalias militares de la República Islámica de Irán contra los lugares de donde partieron los ataques criminales de las fuerzas de la coalición Epstein que asesinaron a miles de iraníes, incluidas más de ciento cincuenta niñas en un colegio. Desde la izquierda, y con ánimo de proteger el estado social se acusa a quienes eligen no pagar impuestos en España de evitar financiar esos servicios públicos entre ellos la repatriación de emergencia de esos gorrones.

Lamentablemente asociar el gasto del estado a la recaudación no solo es erróneo, sino que el empecinamiento en ligar recaudación tributaria al gasto es condenar al estado social a su progresivo desmantelamiento.

¿Por qué es erróneo decir que los impuestos financian el gasto del estado?

Desde el punto de vista lógico es imposible recaudar una moneda si antes no ha sido introducida en la economía, la forma principal de introducir una moneda es mediante el gasto realizado por el emisor de esta, el estado, normalmente vía su Banco Central. Luego el gasto público precede a la recaudación de los impuestos lógicamente, lo que invalida su pretendida función de financiamiento pues esta siempre debe preceder a la realización de un gasto.

Desde el punto de vista contable, el dinero es una deuda de su emisor, un pasivo, y como tal cuando vuelve a su emisor lo hace con signo negativo, esto es restando pasivos, no añade ningún activo, solo reduce deuda emitida.  Cuando pagamos nuestros impuestos al estado, lo que ocurre es que el dinero vuelve a su emisor (el Banco Central) y dado que los € son sus pasivos se restan de la deuda emitida por el Banco Central, destruyendo, por lo tanto, dichos € en el proceso. Todo el gasto que realiza el Tesoro es mediante creación de € por parte del Banco Central. Al respecto esta cita de Gertjan Vlieghe, Miembro Externo del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, en “Monetary policy and the Bank of England’s balance sheet” (2022) deja clara la relación de creación de dinero y el gasto público.

“Una definición en cierto modo mecánica es que la financiación monetaria consiste en financiar el gasto público con dinero del banco central en lugar de mediante la emisión de bonos del Estado. El problema es que, como he explicado en las secciones anteriores de este discurso, esta descripción se ajusta a la mayoría de las operaciones de política monetaria de los bancos centrales, tanto en el Reino Unido como en otros países. Cuando un banco central emite reservas, el principal activo de contrapartida en su balance suele ser algún tipo de financiación pública.”

¿Por qué ligar el gasto del estado a la recaudación tributaria es condenar a su desmantelamiento al estado social?

Una vez limitamos el gasto del estado a que coincida con la recaudación estaremos prohibiendo la existencia de déficit público, que no es otra cosa que la diferencia entre la creación de dinero mediante el gasto y la destrucción de dinero mediante la recaudación (y otros “ingresos”) del estado.

Un repaso a nuestra historia de los últimos 50 años muestra pronto lo fútil y absurdo de esa pretensión. Hemos tenido 47 años déficit público y los 3 años que ha habido superávit público han sido justo los tres previos a la Crisis Financiera Global y esto último no es una casualidad.  La aparición de superávit público mostraba una posición de déficit del resto de la economía (Sector Privado más Sector Exterior), es decir, mientras el Sector Público se des-endeudaba para regocijo del gobierno, el Sector Privado se endeudaba hasta posiciones insostenibles. Un repaso a los balances financieros sectoriales (herramienta de análisis macroeconómico creada por Wynne Godley) proyectaba que esos superávit eran señales de alarma respecto al Sector Privado y que una vez éste no pudiera endeudarse al no poder tomar más riesgos llegaría una “recesión de balances” o un “momento Minsky” produciendo una crisis financiera, que en una economía neoliberal altamente financiarizada terminaría afectando a la economía real y no circunscribirse solo a la bolsa de valores y a quienes participan en ella.

Como decía en su discurso de recepción del premio del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel el economista William Vickrey al respecto del significado de los déficits:

“1ª Falacia: Afirmar que los déficits constituyen un gasto perverso y desenfrenado que va en detrimento de las próximas generaciones, que heredarán una menor dotación de capital invertido. Esta falacia proviene de una falsa analogía con el endeudamiento de los individuos. La realidad actual es exactamente la contraria (…) no son una perversión sino una necesidad económica.”

¿De dónde parte ese mito que es reproducido constantemente por medios, expertos, y público en general de que el estado se financia con “el dinero de los contribuyentes”?

Este mito fue popularizado y repetido hasta la saciedad por una de las figuras políticas neoliberales más conocidas del siglo XX, Margaret Thatcher, quien en su cruzada contra el estado social, entre privatización y privatización, buscó cambiar el alma de la población británica y para ello atacó de frente una de las expresiones más certeras sobre el dinero legal que es el término “dinero público” , certero dado que el dinero legal proviene de una sola fuente, su emisor, el estado normalmente mediante una institución, su banco central. En su lugar utilizó machaconamente el término “dinero de los contribuyentes” de manera que cumplía dos objetivos.

El primer objetivo era enmascarar las posibilidades reales de financiación del gasto del estado lo que servía para facilitar y justificar la ola de privatizaciones por el coste para las “arcas del estado” de servicios esenciales (desde ferrocarriles pasando por educación, sanidad y vivienda) que acabarían luego en manos de los más ricos.

El segundo objetivo era ensalzar de esa manera a los ricos, quienes por tener más renta y riqueza en un periodo histórico donde la equidad fiscal era mayor, por lo tanto, eran sometidos a una mayor presión fiscal, y hacerlos pasar como necesarios para tener un estado social porque pagaban impuestos y había que incentivar que no se marcharan, lo que sirvió para justificar amplias rebajas fiscales a estos.

Cada vez que justamente nos indignamos porque personas (físicas y/o jurídicas) eluden cumplir con las obligaciones fiscales (o de otro tipo) y les atribuimos una capacidad que no tienen (financiar el gasto del estado), reforzamos el marco neoliberal que Thatcher y otros forjaron, lo que nos aleja de recuperar el estado para defender los intereses del pueblo y exigirle a nuestros representantes políticos que usen todo ese poder que tiene para financiar el gasto social que merecemos y necesitamos.

En una próxima columna contestaré por qué entonces pagamos impuestos si no financian el gasto y la función de la deuda pública (toda la deuda pública y no solo los títulos del Tesoro) en nuestra sociedad.

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