
“En España para denunciar y perseguir corruptos hace falta ser casi un héroe. Mala señal”. Estas palabras las escribe Luis Gonzalo Segura en su último libro España, cara b. Farsa, corrupción y fraude, publicado por Lola Books.
A mis ojos, Luis es, efectivamente, un héroe. Cuando pienso en él me vienen a la mente varios nombres legendarios como el sheriff Will Kane de Solo ante el peligro o la detective Sarah Lund de la serie The Killing. Son personajes de ficción inolvidables. Todos tienen una característica en común: un juez interior inexorable que les dicta lo que está bien y lo que está mal. Ese juez se convierte en una brújula moral que los orienta hacia un ideal de justicia del que no pueden huir, igual que la aguja de una brújula no puede huir del norte. Son el ideal del ser moral kantiano hecho carne. El imperativo categórico vive en ellos diciéndoles que tienen que hacer todo aquello que pueda convertirse en norma universal de conducta.
Sin embargo, Luis Gonzalo Segura no es un personaje de ficción. Es una persona de carne y hueso que comparte este mundo con nosotros. Eso es lo que le ha llevado a convertirse en el whistleblower español por antonomasia. Cuando discutimos qué nombre poner a su libro le propuse que usáramos el término cara b. A él le gustó la idea. Hablamos del libro La Gran Transformación, donde Karl Polanyi trata precisamente esa cara b de la historia en la que se van fraguando los grandes cambios sociales en el reverso de las corrientes imperantes. Eso es lo que Luis Gonzalo Segura nos cuenta en su libro, en el que desde el imperativo moral hace un repaso exhaustivo de la historia de España a partir del triunfo del franquismo hasta nuestros días. Su diagnóstico, con nombres y apellidos y tras una ardua labor de documentación, es demoledor.
“Lo más habitual es que los políticos favorezcan a las grandes empresas con legislación favorable. Que legislen a favor de las empresas y en contra de los ciudadanos. A favor de unos pocos y en contra de todos. Lo hacen a cambio de múltiples favores, algunos de ellos todavía legales, como las denominadas ‘puertas giratorias’, empleos muy bien remunerados para políticos cuando terminan su carrera política”.
Sería absurdo dar aquí nombres porque en el libro están todos los que usted está pensando y muchos otros que no por ser menos conocidos son menos dañinos. No obstante, cuando le propuse el término cara b en el fondo estaba pensando en el propio Luis Gonzalo. Él es en realidad esa cara b de España que pese a terribles injusticias y vejaciones (que él ha tenido que sufrir) se niega a venderse y guardar silencio. Eso sería algo impensable para Luis Gonzalo, que en mi opinión ha escrito en España, cara b su mejor obra hasta el momento.
Euro delendus est.



