Por Candela Aguilar
Como ya he explicado en ocasiones, debido a mi trabajo, tengo contacto con otras culturas y religiones, sobre todo con adolescentes de etnia gitana o inmigrantes que proceden de Marruecos o de otros lugares de África. He vivido junto a ellos, sobre todo junto a ellas, no solo la discriminación por la procedencia, sino la misoginia y la falta de libertad que sufren mujeres y niñas dentro de estas culturas.
Me gustaría aclarar que cuando hablo de culturas o religiones misóginas no me refiero a la raza, aunque por desgracia en muchas ocasiones una cosa va ligada a la otra. Si no a aquellas culturas o preceptos religiosos que son profundamente injustos y violentos para nosotras y que, casualidad o no, no son nada injustos para ellos.
Hace unas semanas una alumna gitana de 14 años dejó de acudir al centro educativo, al hablar con la familia me dijo que estaba castigada, que estaría mucho tiempo sin salir a la calle y sin móvil ya que la habían pillado hablando con un chico. Esa misma chica siempre me cuenta lo cansada que está de ser mujer ya que no la tratan como a sus hermanos o primos. Ellos tienen libertad de movimiento desde los 11 o 12 años, entran y salen de casa cuando quieren y aunque sean precoces para muchas cosas (como el consumo de alcohol o tabaco) no son sancionados por ello. En cambio, a ellas no se les puede ocurrir salirse de la norma, son brutalmente reprimidas.
Pero no solo eso, los chicos gitanos tienen claro que antes del matrimonio ellas no pueden hacer nada con nadie, pero no utilizan la misma vara de medir para ellos mismos. Admiten que, a esa edad, o prefieren las “payas” (mujeres que no son de etnia gitana) para poder hacer cosas, aunque luego no se casarían con ellas o buscan “gitanas mal casadas”. El concepto de “mal casada” es también profundamente machista ya que solo apunta en una dirección: ellas. No oirás decir de un gitano que está “mal casado”. Cuando una gitana mantiene relaciones sexuales antes del matrimonio o se casa muy joven y luego se separa recibe este adjetivo que la marca de por vida.
Esto es un arma de doble filo ya que empuja a muchas chicas a escaparse de casa a edades tempranas con un chico al que apenas conocen para poder gozar de esa libertad que les es negada desde pequeñas simplemente por su sexo, o tienen que hacerlo para pagar las consecuencias de las decisiones que han tomado, decisiones que no son otras que hacer lo mismo que hacen todas las chicas de su edad.
Pero si las chicas de etnia gitana lo tienen complicado, las chicas musulmanas no lo tienen mucho más sencillo. Son chicas en su mayoría nacidas y criadas en España, pero no en nuestra cultura, o solo parcialmente. Las experiencias vividas en el colegio, en la calle o a través del ocio y la cultura chocan mucho con lo vivido en casa y con las directrices culturales y morales que les son impuestas allí. Estas chicas sufren las restricciones propias de la cultura de sus padres; tienen que llevar velo, no pueden enseñar los brazos o las piernas, tener amigos del otro sexo, participar en actividades extraescolares, ir a la piscina o salir a la calle solas, sin la vigilancia de algún familiar del otro sexo, sea de la edad que sea. ¿Y cómo te sentirías tú si tuvieses que salir a la calle vigilada por tu hermano pequeño? ¿Qué se te presuponga responsable o no de tus actos solo por haber nacido hombre o mujer?
Hace pocos meses en el barrio del Raval, en Barcelona, se creó una asociación llamada “Per Elles”. Esta asociación surge para darles voz y recursos a estas chicas, que, aunque nacidas aquí, no pueden gozar de nuestra libertad. A través de carteles y posters les hacen un llamamiento: si no puedes participar en actividades por motivo de tu sexo y/o tu cultura ponte en contacto con nosotros. Este proyecto no surge de una idea preconcebida alimentada por el racismo o el odio, surge de una necesidad detectada en el barrio. La necesidad expresada por muchas niñas de sentirse iguales al resto, de poder gozar de su vida y de su libertad, de tener la opción de equivocarse y elegir su destino. Niñas criadas bajo los preceptos machistas y misóginos de otras culturas y religiones, que siempre se sentirán ciudadanas de segunda ya que no tienen los mismos derechos ni deberes que las que son verdaderamente “de aquí”.
Pero no podemos mirar siempre para otro lado, pensar que el machismo está solo y siempre en los otros; en otras culturas, en otras religiones… y olvidar la nuestra. Porque por desgracia dentro de nuestra cultura el machismo no está solo en la derecha. El machismo de la izquierda “posmolerda”, ese machismo disfrazado de progresismo integrador que es capaz de estar a favor de la mutilación genital femenina o del velo porque es algo cultural, como por ejemplo los concejales de la CUP en Ripoll que votaron en contra de una ordenanza municipal en este sentido. Ese machismo es muy peligroso, porque disfraza de opción libre todos aquellos preceptos culturales que nos someten a las mujeres dejándonos solas en una lucha que además acaparan ellos ante la opinión pública, cambiando incluso el significado de la palabra sexo o lo que significa ser mujer. Pero, si no saben ni nombrarnos, ¿Cómo van a protegernos? El feminismo es internacionalista y va a luchar por los derechos de las mujeres, de todas las mujeres, porque si una sola de nosotras en el mundo es reprimida por motivo de su sexo nos tendrá junto a ella para levantar la voz.









Me parece acertado que Candela entre con gran claridad en el tema de españolas musulmanas -no se si es lo mismo decirlo al revés. Lo digo así porque han nacido aqui- no puedan gozar de las mismas libertades que nosotras. Y que el relativismo cultural lo justifique por parte de la izquierda woke. Que a su vez refuerza al machismo de los familiares.