Por Sonia Mauriz Pereira
En los últimos días, para sorpresa de nadie (excepto obregones y ayusos que viven en realidades alternativas) sale a la luz que Julio Iglesias está acusado de abuso sexual.
No me sorprendía tanto desde lo del rey emérito, Campechano I.
Tampoco es poco obvia la reacción de ciertos personajes. “Yo nunca lo vi hacer eso”. A ver Amparo, tampoco has visto malversar a Mario Conde o a ETA asesinar a Miguel Ángel Blanco.
Y esto es bastante privativo de crímenes contra las mujeres, sobre todo de delitos que son exclusivos o suelen suceder más a mujeres. Si me roban el bolso nadie lo pone en duda. Un robo puede sucederle a un hombre. Y puede haber detrás un hombre o una mujer. Pero en maltrato machista y violaciones, como el victimario es hombre y la víctima mujer, lo primero es ponerlo en duda.
“ ¿Dónde está el maltrato ? ¿Dónde está que yo lo vea?» (José Luis, que te veo venir, a los hombres los violan hombres y si una mujer maltrata no es violencia machista, es doméstica y es tan denunciable como la otra)
Que salgan mujeres con privilegios como fama y dinero a defender o poner en duda tampoco es llamativo. “El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los oprimidos “ (Simone de Beauvoir), frase que sería aplicable a estas mujeres famosas , adineradas y alienadas, que hicieron de la validación masculina su modo de vida, emocional y alimenticia.
Pero recordemos lo que a estas mujeres se les olvida “El feminismo y por ende, las feministas, no juzgan las decisiones individuales de las mujeres sino las razones que las orillan a tomarlas.” Celia Amorós.
Y, desde esa visión, debemos entender la triangulación jerárquica de mujeres vulnerables que este tipo organizó en sus casas. En ellas otorgó diferentes cargos por estratos de autoridad a sus empleadas. (Más viejo que el hilo negro, de primero de cacique). ¿A quién temían más los esclavos o los vasallos del señor? Al encargado, al subalterno que por ciertos privilegios y convencido de no ser semejante a sus iguales mantenía el estado de miedo y la autoridad del amo.
La falta de libertad y la búsqueda de la supervivencia lleva al ser humano a tomar decisiones inexplicables para quien ve cubiertas estas dos necesidades. Tanto las mujeres famosas y adineradas, como las mujeres pobres y anónimas comparten una vulnerabilidad. Algo que las pone en riesgo. Su sexo. Comparten clase sexual aunque no compartan clase social o clase racial.
Las conocidas, ante esta noticia, se ven ante la difícil situación de enfrentarse a lo que las ha llevado a un tipo de servidumbre patriarcal “más cómoda”. Necesitan la validación masculina pero su vida logística y sus necesidades primarias están cubiertas. Así mujeres como Obregón su talento es gustar y Ayuso si no fuera cómoda a los señoros de su partido y a su visión sexista de la sociedad no estaría donde está. Viven en una jaula aunque esta sea de oro y domótica.
También es verdad que veo enfrentamientos entre mujeres de esta clase por este tema y es que es para celebrar, moderadamente, que este tipo de denuncia es posible hoy día y no hace 30 años. Y que hay mujeres sin miedo a enfrentarse y poner en duda al victimario y no a la víctima.
Vamos progresando y esto tiene mucho que ver con los tiempos de las denuncias. Porque en este tema a cierta gente parece preocuparle mucho el tiempo de la denuncia. Como si llevaran personalmente los plazos de los juzgados. Y parecen querer obviar un elemento fundamental: el contexto. Primordialmente que muchas personas en el mundo desconocen sus derechos. Parece mentira pero es así. Qué te puede cobrar un banco y qué no, por ejemplo. Y si yo descubro diez años después que no me podían cobrar cláusulas suelo o no me atrevo a denunciar por mi situación económica o emocional y lo hago 15 años más tarde. ¿A que todo el mundo me animaría?. ¿Y si además, el estado ha proclamado leyes que me ayuden, la sociedad está más sensibilizada y me uno a más afectadas? En este tipo de contexto tendré más herramientas,más información y podré reconocerme víctima y saber cómo proceder.
¿Cuántas abuelas han descubierto en estos últimos años que fueron maltratadas y violadas durante años? Si el cumplimiento marital, sexo obligatorio sin deseo, estaba estipulado como obligación legal. Si no eran dueñas de sus cuerpos para nada, ni para el deseo, ni para la planificación familiar. Si tu propia familia te educaba para cumplir.
Decir cosas sobre estas mujeres víctimas del truhán como “estaban atadas a la cama» es obviar siglos de opresión patriarcal y de opresión de clase y racial. “Conmigo fue un señor”. Quizá contigo Antoñita tuvo reparos de clase o eras su objetivo como cómplice.
Los acosadores no lo hacen por atracción, lo hacen por poder y no a todas las mujeres con las que se cruzan, por imposibilidad física claramente y porque no todas las mujeres cumplen la misma función en sus esquemas de actuación. Unas son monos voladores, protegen su imagen y otras son su objetivo de depredación. Y en este caso particular y en el comportamiento caciquil de toda la vida hay otro tipo de víctima, la mujer oficial. La que parece elegida y tiene ,en apariencia ,todos los privilegios y una imagen impoluta.
Esta mujer es otra víctima. Más objeto y símbolo de estatus que otra cosa. Madre de los herederos del legado patriarcal. De la que probablemente nunca sabremos qué nivel de violencia emocional vive. Quizá no lo sepa ni ella misma. No por falta de inteligencia, de la manipulación mental de un maltratador no se es inmune por preparación o por inteligencia. El género da las armas y el sexo te pone en la mira.
En esta historia hay un cacique que cree tener derecho de pernada sobre las mujeres y mujeres, todas, víctimas de un sistema que aplaude y ensalza a estos especímenes.
Muchos años viví como se le reía todo a un rey que nunca me hizo gracia. Cómo se ponía de ejemplo a una reina por ser discreta (por aguantar). Y todo tipo de hombres poderosos envidiados por utilizar a las mujeres como vertederos de esperma y objetos decorativos. Programas basados en la sexualización, vedettes, bromas “verdes” que se decía y trato desigual y vejatorio. Desde las Mamá Chicho a la prostitución encubierta de la Isla de las Tentaciones (si hay pagos y sexo, es prostitución).
Quiero pensar que los caciques ven hoy tambalear sus privilegios. Que cada vez más se cerca al abusador y el sistema se despartriarcaliza y se acaban los aplausos.
Mientras dejo estas reflexiones:
Que tú no veas algo no lo hace imposible. Sí, el árbol que cae en el bosque hace ruido aunque tu no estés para escucharlo.
Que si una víctima te cuenta que la han maltratado o violado lo cambies por otro delito y si no te “chiscaría” si fuera otro tipo de violencia te preguntes porqué.
Los maltratadores son humanos, tan diversos como humanos hay, no llevan etiquetas identificativas y tienen amigos/as, pareja, familia y trabajos. Y tú puedes ser ese familiar, amigo, pareja o compañero de trabajo. Y no tener ni idea. No eres clarividente.
No se acabará la violencia machista mientras los maltratadores cuenten para su éxito que la sociedad siempre pone en duda a la víctima. Y la sociedad será cómplice mientras lo haga.









¡Bravo, Sonia!
Un artículo muy lúcido.