Por San Bartolomé el verano ya se fue, dice cierto refrán español. Dicha festividad cae el 24 de agosto y efectivamente, como se encargan de recordarnos múltiples reportajes y titulares en los medios de desinformación o de intoxicación que nos rodean, se empieza en esta última semana que ha transcurrido desde aquel día a notar la vuelta a las ciudades de la gente que ha tenido la suerte de poder disfrutar unas merecidas vacaciones. Tampoco es necesario mirar a la tele o las redes para notarlo, basta con observar los núcleos urbanos para percibir que las calles que hasta hace nada estaban vacías comienzan a volver a poblarse. En muchos casos es visible que los transeúntes lucen marcas y moreno típicos de la época y costumbres estivales. Otros no hemos tenido esa suerte y nos hemos quedado en las ciudades cuasi vacías a trabajar para que el ritmo de vida siguiera adelante y los que vuelven los encontrasen todo en orden. Por último, está un montón de gente que no tenemos claro si han descansado o no, pero cuya vuelta al trabajo se nos antoja preocupante.
Les hablo, por ejemplo, de Donald Trump, que se ha pasado el verano violentando leyes, dando soporte a las hienas sionistas y amenazando a inmigrantes y sectores desfavorecidos de su país y amenazando al gobierno de Venezuela. Ha hecho algunos viajes, incluida una visita a Escocia donde se ha hecho fotos en sus campos de golf y se ha permitido el lujo de ser él quien en terreno británico reciba al primer ministro del Reino Unido. ¿Alguien ha notado si estaba de vacaciones o trabajando? Y caso de haber estado de vacaciones, ¿qué nos espera ahora que vuelve al trabajo?
Les hablo del Papa León XIV, del que tras su semana inicial en el cargo en la que apareció hasta en la sopa para que nos fuéramos habituando al nuevo inquilino del Vaticano, no hemos vuelto a saber nada. No habla ni hace nada, incluso cuando las iglesias católicas de Gaza son arrasadas por los monstruos sionistas. Como mucho desde Castelgandolfo pegó, nunca mejor dicho, un pellizco de monja con las típicas palabras huecas que siempre oímos cuando una autoridad de cualquier tipo quiere hacer como que hace pero no mover un dedo: profunda preocupación, el fin de la barbarie, lenguaje de los violentos, etc. ¿Está de vacaciones? ¿Ha dejado de estarlo desde aquella primera semana?
Les hablo de los sionistas en general, desde sus simples cachorros maleducados que provocaron incidentes en aviones a sus dirigentes. Parece que los individuos más marginales de la manada de hienas sionistas sí han salido de vacaciones y las han dedicado a molestar y crear problemas en otras latitudes diferentes a donde las hienas alfa comenten un genocidio que ellos celebran a voz en grito, pero precisamente estos, los jefes de la manada, no han descansado, los hemos visto todo el verano ordenando masacres, yendo por todo el mundo a hacerse las víctimas y planificando cómo lucrarse de sus acciones. Aquí parece que unos han tenido vaciones y otros no, pero no se sabe bien cuál ha sido la diferencia, y, desde luego, asusta su vuelta al trabajo.
Les hablo de los responsables políticos de las comunidades que han resultado arrasadas por un verano ciertamente duro en cuanto a los incendios forestales. Lo cierto es que todos estaban de parranda y ocio cuando sus comunidades ardían, pero se hicieron muchas fotos grandilocuentes con los típicos chalecos reflectantes y señalando cosas, que podían ser desde puntos en un mapa hasta simplemente el horizonte. Estas personas, ¿han estado de vaciones o no? No soy capaz de decirlo. ¿Hay diferencia? Y en caso de que hayan estado, ¿qué nos espera ahora que vuelven al trabajo?
Les hablo de los representantes de la ultraderecha aquí y allá, ahora que esta plaga se ha extendido por el mundo, que no han dejado de «amenizar» nuestro verano con gestos histriónicos como los de Meloni o Bolsonaro, con ataques a periodistas en su domicilio o con declaraciones pidiendo hundir los barcos de ayuda humanitaria. ¿Han descansado o no? ¿En qué consistirá su vuelta al trabajo? La verdad es que los del caso concreto de los barcos no doblan el lomo en todo el año y se dedican a decir memeces de barra de bar durante todo el año, incluso cuando parece que van al congreso a trabajar buscan alguna excusa para largarse. Difícil, difícil decir si han tenido vacaciones o no.
Les hablo de las patronales hosteleras y turísticas, que mientras sus trabajadores se dejaban la piel, en muchos casos en condiciones abusivas, han seguido haciendo lo que quiera que hagan en esas reuniones donde se pegan un banquetazo —el Villano lo sabe por experiencia, ha trabajado en muchas ocasiones atendiendo esos ágapes— y a la salida lloriquean porque les hacen pagar impuestos o porque no les dejan poner a sus trabajadores horarios laborales dickensianos.
Como ven, hay gente que puede que hayan descansado, pero no han perdido el tiempo en verano, y ahora parece que, al menos de palabra, vuelven a sus puestos habituales y a su trabajo. ¿Estamos preparados para soportarlo?









