¡Me va a estallar la cabeza!

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Esta columna en el diario elcomun.es dedicada a la vía fiduciaria al socialismo nació el 16 de noviembre de 2019 con un artículo dedicado al pacto de gobierno entre el PSOE y Podemos llamado El Punto 10.

El acuerdo fue firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y contenía 10 puntos de marcado carácter social. No obstante, el décimo punto del acuerdo defendía el “equilibrio presupuestario y [el] acatamiento de las reglas de la UE” y la tesis de mi artículo fue que “el equilibrio presupuestario y el acatamiento de las normas impuestas por la UE son incompatibles con la puesta en práctica de los nueve puntos anteriores”.

Hoy, casi seis años después de aquel acuerdo, se vuelve a poner encima de la mesa la misma problemática que entonces. Sólo cambian las circunstancias. El Ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, lo ha expresado así:

“Esta idea de que para gastar más en defensa hay que recortar el gasto social es la expresión pura de la ideología neoliberal que ha llevado a Europa precisamente a la situación de falta de capacidad que tiene ahora mismo. Se construyó Europa como un mercado sin mecanismos políticos para gobernar, sin capacidad fiscal, lo hemos visto en la crisis financiera, en la pandemia y lo vemos ahora. Qué profundo error ha sido eso. Interiorizar esa visión neoliberal según la cual para gastar más en una cosa hay que recortar del gasto social es falso, es económicamente falso. Keynes ya decía que podemos permitirnos todo aquello que seamos capaces de hacer y desde luego lo que necesita Europa para asegurar su estabilidad y su autonomía a futuro no es menos estado del bienestar, es más”.

Enhorabuena, señor ministro, con su inédito arranque de sinceridad ha dado usted en el clavo. Nunca antes supimos de sus verdaderos sentimientos hasta que realizó estas declaraciones. Hasta entonces, usted se había mostrado como un europeísta convencido, nunca le oímos una palabra malsonante con respecto a la Unión Europea y al euro. Al contrario, usted siempre fue un acérrimo defensor de esas instituciones que critica. La procesión va por dentro, supongo.

Sin embargo, me voy a arriesgar a hacer una predicción: nunca más oiremos a Bustinduy decir la verdad sobre la Unión Europea y el euro; al menos, no en público. El ministro sabe que la sinceridad en política es peligrosa y que si repite sus declaraciones perderá su cargo (por eso lleva tanto tiempo con la boquita cerrada). Por consiguiente, pasará a endorsar las filas de lo que yo llamo “la izquierda coitus interruptus”. Se trata de un tipo de izquierda más amplio de lo que parece. Está compuesto por personas cultas y formadas como Bustinduy que han leído y comprendido a Keynes, a Marx, a los poskeynesianos y a escuelas económicas tan heterodoxas como fundamentales como lo es la teoría monetaria moderna.

Esas personas conocen una verdad que raramente cuentan en público: el Estado y las familias o empresas son cosas diferentes. El primero es usuario y emisor de la moneda nacional, las otras son solamente usuarias. La izquierda coitus interruptus también sabe que las consecuencias de este hecho son de un alcance enorme. El Estado no se puede quedar sin su propia moneda por mucho que gaste, el dinero no es una mercancía sino apuntes contables, el pleno empleo es una decisión política del Estado ya que podría contratar en moneda nacional a toda la mano de obra desempleada y convertir al pleno empleo en una variable endógena del ciclo económico. ¿Lo huele, querido lector? Es el dulce aroma de la vía fiduciaria al socialismo. Pero no se excite, por favor, que ahora llega el desencanto. Lo anterior sólo es aplicable a los Estados monetariamente soberanos, es decir, que emiten su propia moneda de manera soberana. Si llevado por una erección intelectual y socialista usted exclama que eso no es problema, que prácticamente todos los Estados emiten su propia moneda desde hace milenios, que nosotros mismos lo hemos hecho en el pasado y que la solución es abandonar el euro y recuperar la soberanía monetaria, se llevará un chasco porque eso que usted y yo tenemos claro nunca saldrá de los labios de la izquierda coitus interruptus. Por el contrario, esa izquierda lo dejara implícito, pero sin decir; lo sugerirá más o menos claramente, pero sin llegar a afirmarlo; dará todas las pistas para que no quede otra interpretación posible, pero en el momento de decirlo públicamente la izquierda coitus interruptus se callará y no lo dirá nunca. Conozco algún ejemplo que lo borda.

No obstante, al ministro Bustinduy el régimen del 78 no le ha perdonado ni la pequeña sesión inofensiva de onanismo keynesiano y se le ha echado encima en la persona de uno de los firmantes del punto 10 del pacto de gobierno, nada más y nada menos que su antiguo jefe en Podemos, Pablo Iglesias.

En el programa del 16 de julio de 2025 de La Base, entre risas y mofas graciosísimas, Pablo Iglesias hizo referencia a las declaraciones de Bustinduy que he reproducido más arriba y dijo:

“Ya saben ustedes, las matemáticas son neoliberales. Si a 5 le quitamos 3 no nos quedan 2, nos queda lo que seamos capaces de hacer… en fin, qué mal envejecen ciertas declaraciones ¿verdad? Porque además la idea de que para gastar más en una cosa hay que gastar menos en otra cosa es falsa ¡Me va a estallar la cabeza!”

Ahí lo tienen, el que un día pensamos que era el revulsivo que la izquierda necesitaba, el que había venido a acabar con la vieja política, el que por fin iba a sacar a la izquierda de su empantanamiento, se muere de risa porque, en su ignorancia, no entiende que Bustinduy no le compre el discurso económico al neoliberalismo. Por el contrario, sostiene sin sonrojarse que el dinero es una mercancía, es decir, que si mi madre me da cinco moneditas de oro para comprar pan y me asaltan unos economistas heterodoxos envalentonados y me quitan tres moneditas, sólo me quedan dos moneditas y adiós bocadillo. Así son las matemáticas y los economistas heterodoxos cuando se enfadan. Sin embargo, esto nos devuelve a la falacia de composición que hemos expuesto antes. Ni mi madre ni yo somos emisores de moneda nacional, sólo usuarios, por tanto, nos podemos quedar sin dinero nacional. Por el contrario, el Estado es usuario y emisor de moneda nacional y no se puede quedar sin ella. Esto significa que el Estado no puede ahorrar en moneda nacional, ya que emite toda la que quiere en forma de apuntes contables. Por consiguiente, el Estado puede gastar más en una cosa sin gastar menos en otras simplemente aumentando su nivel de gasto. Tal y como Bustinduy indica, la limitación no son los recursos financieros en moneda nacional, sino los recursos reales, tanto materiales como humanos. Es decir, todo aquello que podemos hacer mediante los recursos a nuestro alcance siempre es financiable en moneda nacional.

Las declaraciones y divertidas cucamonas de Pablo Iglesias son las de un neoliberal de libro, ya que tal y como siempre dice Bill Mitchell, padre de la teoría monetaria moderna, el neoliberalismo es la creencia errónea que sostiene que el Estado tiene que recaudar o emitir deuda para poder gastar.

No obstante, esto no es óbice para que Pablo Iglesias hable largo y tendido sobre el keynesianismo. En el capítulo 4 de mi libro Socialismo Fiduciario. La consecución de los fines del socialismo mediante la teoría monetaria moderna (que apareció publicado casi en su totalidad en esta columna en un artículo llamado El Momento Kalecki) recojo una entrevista de Pablo Iglesias a Diego López Garrido en la que, sin ningún rubor, dicen que el keynesianismo es recaudar impuestos de forma progresiva para luego gastar en el estado del bienestar. Es sonrojante que dos profesores de universidad y políticos de primera línea muestren en público tal grado de ignorancia. El keynesianismo es precisamente la desvinculación de la recaudación de impuestos de la capacidad de gasto de los Estados. Es decir, todo lo contrario de lo que sostienen Iglesias y López Garrido. El estado de bienestar asociado a las políticas keynesianas se deriva de esta desvinculación. Esa es la gran aportación de Keynes. Así, en su modelo el pleno empleo se convierte en una variable endógena del ciclo económico, ya que sostiene que el Estado debe gastar en moneda nacional lo necesario para que todo el mundo tenga un empleo. Por su parte, los impuestos no financian nada, sino que cumplen una función triple: dan valor al dinero (sin impuestos la moneda nacional no valdría nada), modulan las presiones inflacionarias e incentivan (o desincentivan) las diferentes actividades económicas.

Poco tiempo le faltó al acompañante de Pablo Iglesias en La Base, otro intelectual poderosísimo llamado Manu Levin, para echar mano de los tópicos del neoliberalismo que llaman a lo anterior “la maquinita que imprime billetes” y “dinero mágico”. Entre los cobardes y los enanos intelectuales así le luce el pelo a la izquierda española, aunque a decir verdad esto no sólo ocurre en España, pero ya se sabe, mal de muchos…

Bustinduy tiene razón. Lo importante es lo que podemos producir mediante los recursos a nuestro alcance. Si contáramos con moneda propia, esos recursos podrían ser movilizados para conseguir el pleno empleo, tanto humano como material. ¿Tenemos a nuestro alcance los recursos reales necesarios para asegurar que todo el mundo, sin necesidad de endeudarse, tenga un empleo y todas sus necesidades vitales cubiertas de forma digna? La respuesta es sí. Por eso, hoy más que nunca, euro delendus est.

2 COMENTARIOS

    • Exactamente. Los tratados de la UE establecen un límite de déficit público del 3% y un límite de endeudamiento público del 60% del PIB. Durante la pandemia, estos límites se suspendieron temporalmente, pero luego se volvieron a activar y para cada país se aprobó una hoja de ruta para ir reduciendo progresivamente tanto el déficit como el endeudamiento hasta volver al 3% y al 60% respectivamente. De lo que se quejaba Bustinduy es que Trump, al exigir un gasto militar del 5%, lo ha desbaratado todo.
      Tanto el límite de déficit como el límite de endeudamiento son una barbaridad que impiden políticas de pleno empleo es España. Son el mecanismo que encontró el norte de Europa para que el sur nunca se convierta en un competidor industrial.

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