Trump ha emitido órdenes ejecutivas a un ritmo sin precedentes al comienzo de su segundo mandato, incluida la introducción de nuevos aranceles. Él mismo se considera desde hace tiempo un “tariff man” a la manera de los creadores de Marvel Comics, dispuesto a imponer amplios gravámenes a las importaciones de países que perjudican a EEUU en los déficits comerciales y en su política monetaria.
Para Trump, los impuestos o aranceles impuestos a las importaciones son la piedra filosofal de los alquimistas, todo lo convierten en oro. Obligan a los socios comerciales a seguir las normas estadounidenses, reducen los déficits (bilaterales y globales) al impedir el ingreso de importaciones baratas objeto de dumping, aumentan los ingresos, crean empleos, reactivan la industria y, en general, hacen que EEUU vuelva a ser grande, todo de una sola vez bajo su mandato.
Eswar Prasad, profesor de la Universidad de Cornell de Ithaca (Nueva York), afirma: “Estos aranceles anuncian una nueva era de proteccionismo comercial estadounidense que afectará a todos los socios comerciales estadounidenses, sean rivales o aliados, y perturbará significativamente el comercio internacional”. Ha desatado una guerra comercial global,
un día después de amenazar a la UE con altos gravámenes, anunció medidas contra tres de los principales socios comerciales después de la UE. Los últimos aranceles estadounidenses han sido un 25% sobre todas las importaciones de acero y aluminio, ampliando sus conflictos comerciales al sector de los metales, y los nuevos aranceles severos sobre Canadá, México de economías altamente integradas con EEUU el 1 de febrero, aunque luego suspendió los aranceles adicionales sobre Canadá y México con una pausa de 30 días.
La historia se repite
En las últimas décadas, el comercio internacional ha sido contemplado en el marco utilizado por Adam Smith en su obra “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” (1776), es decir, como un conjunto de flujos económicos entre países de estatus similar, que pueden beneficiarse aprovechando al máximo sus diferentes ventajas naturales. Sin embargo, el equipo de Trump ve el comercio global a través del prisma de las jerarquías de poder, es decir, como una herramienta para aumentar el dominio de los mercados de EEUU en un mundo donde los “socios” comerciales son todo menos iguales. La política comercial, por lo tanto, no es sólo defensiva ni está impulsada únicamente por objetivos internos (como traer procesos industriales al país para crear empleos); también apunta a quitarle actividad económica a los rivales y debilitarlos, por ejemplo, obligando a los productores de materias primas de otros países a reducir sus precios de exportación.
La mentalidad mercantilista de Trump no es novedosa en absoluto, el economista Albert Hirschman la describió bien en su clásico libro “Poder nacional y la estructura del comercio exterior” (1945) [1] donde señala que para los mercantilistas “un aumento de la riqueza a través del comercio exterior conduce a un aumento del poder en relación con el de otros países… [y] un conflicto entre los objetivos de riqueza y poder del Estado es casi impensable”. Vale la pena recordar que el presidente de EEUU escribió un libro en 1987 titulado “The Art of the Deal» [2], una guía práctica para negociar, el libro emerge como una lectura interesante en el contexto de un conflicto para explicar algunas de las acciones y reacciones de Trump.
Relaciones comerciales EEUU – China
Como si se tratara de estar jugando al Mahjong en el que las estrategias complejas y las numerosas variantes de las manos hacen que sea difícil dominarlo, y mucho menos ganarlo, EEUU aplicó un 10 % de aranceles adicionales a China vigentes desde el 4 de febrero. Aunque los aranceles adicionales de EEUU sobre China son menores que los anunciados para Canadá y México, muchos artículos importados ya tenían un arancel especial para China antes del segundo mandato de Trump, éste calificó de una “salva de apertura” en la renovada ofensiva comercial contra China y frustran las esperanzas de que se pudiera evitar una guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo.
Los aranceles del 10% distan mucho de los aranceles de más del 60% que Trump sugirió que podría imponer a los productos chinos durante la campaña electoral. Trump ha vinculado en gran medida estos aranceles –al menos en su retórica– al papel de los proveedores chinos en el comercio de fentanilo y no al enorme desequilibrio comercial entre EEUU y China.
Trump ha ordenado al Representante Comercial de EEUU que investigue el cumplimiento por parte de China de la primera fase del acuerdo comercial que selló con China en 2020 durante su primer mandato en la Casa Blanca, en virtud del cual Pekín acordó comprar más productos estadounidenses.
Está previsto que la USTR (Oficina del Representante Comercial de EEUU) informe los resultados de la investigación el 1 de abril, y sirva de orientación, momento en el que podría producirse otro enfrentamiento si la Casa Blanca impone más aranceles a China. Queda por ver si China anunciará más contramedidas comerciales en los próximos días, pero su respuesta inicial al arancel del 10% y los mensajes de las últimas semanas sugieren que todavía puede estar en “modo de espera” antes de profundizar demasiado su caja de herramientas de medidas de represalia.
La Respuesta china no se ha hecho esperar
China respondió imponiendo aranceles de represalia a EEUU, según comunicó su embajada en Washington, lo que afecta a bienes por un valor de aproximadamente 14.000 millones de dólares que entraron en vigor el 9 de febrero, apuntan a las exportaciones estadounidenses de gas natural licuado, carbón, petróleo crudo y equipos agrícolas, así como algunos productos automotrices con gravámenes del 10 al 15%. Medidas que han sido apreciadas como una forma de crear un “espacio para las negociaciones” y evitar un amplio conflicto comercial.
Beijing también anunció una investigación antimonopolio sobre Google, cuyo motor de búsqueda está bloqueado en China, y sobre Illumina, una empresa de biotecnología estadounidense. También incluir a PVH, holding de marcas de ropa estadounidenses Calvin Klein y Tommy Hilfiger, en su “lista de empresas no confiables”, una medida que podría cortar el acceso de la empresa de ropa al enorme mercado chino.
Otra medida aplicada por China ha sido reafirmar su control sobre la cadena de suministro de tierras raras (talón de Aquiles de EEUU) al restringir las exportaciones a EEUU de cinco metales esenciales utilizados en industrias relacionadas con la defensa, paneles solares, baterías para vehículos eléctricos y otros productos de energía verde. China produce alrededor del 60% de las tierras raras del mundo y representa el 90% del procesamiento en la industria.
La relación comercial entre EEUU y China ha dado forma a las economías de ambos países en las últimas décadas, pero la participación de China en las importaciones totales de EEUU ha caído notablemente desde que Trump introdujo aranceles durante su primer mandato, lo que lleva a algunos analistas a sugerir que como gato escaldado Beijing puede estar mejor posicionada esta vez para soportar las medidas del presidente Trump.
Ahora tiene a su disposición una “ley anti sanciones extranjeras” que aprobó durante el mandato de Biden que le permite contrarrestar las medidas adoptadas por otros países y una “lista de entidades no confiables” para las empresas extranjeras que considera que han socavado sus intereses nacionales. Una “ley de control de exportaciones” ampliada significaría que Beijing también puede utilizar como arma su dominio global del suministro de recursos imprescindibles, como tierras raras, China posee el 37% de las reservas mundiales de este tipo de minerales en sus yacimientos arcillosos y además es líder mundial en su obtención en los procesos de separación y purificación exigidos por el alto grado de pureza necesario, es el principal suministrador a nivel global acaparando más del 80% de la producción total del material que son cruciales en la expansión de las energías renovables imprescindibles para el futuro del desarrollo sostenible.
Las cuentas claras del intercambio comercial
Simon Evenett, profesor de la IMD Business School de Suiza sitúa el comercio de bienes entre EEUU y China en sólo el 5% del total mundial. Según datos del gobierno estadounidense, EEUU importó bienes de China por un valor de 401.000 millones de dólares, con un déficit comercial de más de 270.000 millones de dólares en los primeros 11 meses del año pasado. Eso colocó a China, detrás de México, como principal fuente de bienes importados a EEUU. Los medios estatales chinos informaron que las exportaciones del país a EEUU representan solo el 3% de su PIB y menos del 15% de las exportaciones totales de China.
Si bien EEUU ha reducido sustancialmente la proporción de sus importaciones de bienes manufacturados provenientes de China en los últimos años, la proporción del valor agregado importado de EEUU que se origina en China puede no haber disminuido tanto. Esto podría ocurrir, por ejemplo, si un producto producido en gran parte en China se envía a un tercer país para su ensamblaje final antes de ser exportado a EEUU . Esto es en parte lo que se observa en la nueva dinámica comercial de la ASEAN con EEUU.
Keyu Jin, profesor asociado de economía en la London School of Economics, entrevistado durante el Foro Económico Mundial en Davos el mes pasado dijo: “China lleva mucho tiempo preparándose para una menor exposición a EEUU , diversificándose en todos los sentidos, no sólo en términos de socios comerciales e inversiones, sino también de monedas y sistema de pagos”.
Cómo afectan los aranceles al interior de EEUU
La aplicación de los aranceles podrían afectar a la población norteamericana al impulsar la inflación general, Neil Shearing, economista jefe de grupo de Capital Economics indica que podría incrementar el índice PCE estadounidense [3] por encima del 3%, en comparación con el 2,6% actual después de haber caído gradualmente durante los últimos dos años y medio, y empujaría aún más el crecimiento de los precios en EEUU.
Si la mayoría de las empresas estadounidenses que importan bienes trasladan el costo del arancel a la persona que compra el producto, los consumidores estadounidenses se verán afectados por precios minoristas más altos. Ron Wyden, senador demócrata de Oregon singularizó los efectos: “Aplicar aranceles enormes a la gasolina, los alimentos, los teléfonos, los televisores y los automóviles significa que las familias trabajadoras estadounidenses van a pagar más por las cosas que necesitan” y añadió “Estos aranceles sólo tienen sentido como una lucha de clases, que obliga al estadounidense promedio a pagar otra ronda de exenciones impositivas para Trump y sus amigos ricos”.
James Knightley, economista internacional jefe de ING en EEUU declara que: “los riesgos son que veamos un verdadero sufrimiento para el sector de los hogares a finales de este año, especialmente si se amplía los aranceles en Europa” y agregó: “Eso es un gran golpe, especialmente para las familias trabajadoras, incluidas las personas que votaron por Trump con la justificación de que reduciría los precios»
[1] Hirschman, Albert (1950)”La potencia nacional y la estructura del comercio exterior” Ed.Aguilar, Madrid,
[2] Trump, Donald; Schwartz, Tony (1988): ”El arte de negociar” Ed. Grijalbo, Barcelona.
[3] El PCE (Personal Consumption Expenditures) es el índice de precios del gasto de consumo personal, una herramienta clave para la Reserva Federal para medir la inflación








