“No hay peor desentendido que el que no quiere entender “
Baltasar Gracián. El Criticón
En la geopolítica euroatlántica, Washington es el líder y la OTAN y la UE son sus instrumentos con los que intenta estructurar Europa del Este y Eurasia bajo su visión unipolar.
No hay peor ciego que el que no quiere ver, escribe Manlio Dinucci al referirse a la ceguera de los europeos, quienes se niegan a ver su propia dependencia de la OTAN, a pesar de todos los indicios que la confirman.
La Declaración conjunta sobre la cooperación UE-OTAN de enero 2023 en Bruselas afirmaba: “Ante la evolución del alcance y la magnitud de las amenazas y desafíos a los que nos enfrentamos, avanzaremos un paso más en nuestra asociación, apoyándonos en nuestra dilatada cooperación”.
La Unión Europea y la OTAN cerraron la cremallera de la acción militar en dicha Declaración conjunta en Bruselas en la que condenaron firmemente desde su punto de vista la autodefensa de la Federación Rusa en el conflicto armado de Ucrania y reiteraron su apoyo inquebrantable a Ucrania.
Un lazo indisoluble, en su art. 7: “Como se subraya tanto en el concepto estratégico de la OTAN como en la brújula estratégica de la UE, este es un momento clave para la seguridad y la estabilidad euroatlántica, que demuestra más que nunca la importancia del vínculo transatlántico y requiere una cooperación más estrecha entre la UE y la OTAN”;
De esta manera la UE se articula rotundamente dentro del imperialismo occidental tanto política, económica y militarmente en el “orden unipolar basado en reglas” asentado en el pilar que representa la OTAN.
El Art. 8: “La OTAN sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus aliados y es esencial para la seguridad euroatlántica. Reconocemos el valor de una defensa europea más fuerte y más capaz, que contribuya positivamente a la seguridad global y transatlántica y sea complementaria e interoperable con la OTAN».
Revisando en el tiempo, en el contexto del conflicto militar de Ucrania, el 21 de marzo de 2022, la Unión aprobó un nuevo documento estratégico de la UE, la Strategic Compass (la Brújula Estratégica), que transformaba la UE en un instrumento de «guerra» además de político y económico. El objetivo de la estrategia es: “una UE más fuerte y más capaz en materia de seguridad y defensa para hacer una contribución positiva a la seguridad global y transatlántica, complementaria a la OTAN, que sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus miembros, y aumentar apoyo al “orden global basado en reglas”. Se asumía así oficial y estratégicamente la dimensión del «orden global basado en reglas», la metáfora de la primacía geopolítica del imperialismo occidental y de la defensa mediante la acción bélica, de la unipolaridad liderada por EEUU.
¿Qué es la competición estratégica?
Es importante señalar que si bien la competición estratégica se ha convertido en una referencia indispensable para la OTAN recientemente, la propia Alianza no ofrece una definición clara de este concepto, en torno al cual no hay consenso. La expresión competición estratégica, recogida en las estrategias de seguridad nacional (2017) y de defensa nacional de Trump (2018), y en la guía estratégica interina de seguridad nacional de Biden (2021), tiene un largo recorrido en EEUU. Según el Pentágono, la competición se encuentra en un punto intermedio entre el conflicto y la cooperación, y presupone la presencia de ambos elementos. Se presupone además que la competición es en cierta medida inevitable, si bien sus efectos pueden mitigarse parcialmente por tratados de control de armamento o por la diplomacia
La Edad de la competencia sistémica
La globalización no tiene una base explícita en el Tratado del Atlántico Norte, pero ha progresado por la vía implícita de asociar la defensa colectiva a toda situación que ponga en peligro la seguridad del área transatlántica.
El Concepto estratégico de la OTAN de 1991, introdujo la gestión de crisis y la prevención de conflictos como misiones y el de 1999 amplió el espacio geográfico de actuación pasando de ser “europeo” a ser “euro-atlántico” al que se circunscribió la gestión de crisis y las iniciativas de “cooperación”.
En la Cumbre de Lisboa de 2010 se publicó un nuevo Concepto Estratégico para la Alianza Atlántica, uno de los cambios más claros en el entorno estratégico, es la reaparición de una era de competencia sistémica. Esta situación se caracteriza por el incumplimiento del orden internacional basado en normas. Mientras tanto, China se está volviendo cada vez más asertiva a nivel internacional, invirtiendo en tecnologías emergentes y disruptivas (EDT) por sus siglas en inglés), y aprovechando su poder económico para afirmar el control sobre las cadenas de suministro globales y las infraestructuras críticas en nuestra región y en otras partes del mundo.
El nuevo Concepto Estratégico de la Cumbre de la OTAN en Madrid aprobado en 2022 expresa:
«la determinación de la OTAN de defender la integridad territorial de todos los aliados». Si bien la OTAN es una Alianza defensiva, prosigue el documento, «nadie debería dudar de nuestra fuerza y determinación para defender cada pulgada del territorio aliado, preservar la soberanía y la integridad territorial de todos los aliados».
Sobre el Flanco oriental europeo, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg declaraba: «Vamos a fortalecer nuestras defensas avanzadas, mejorar nuestros grupos de combate en el flanco oriental de la OTAN a niveles de brigada, vamos a transformar las fuerzas de respuesta de la OTAN y aumentar el número de fuerzas de alta disponibilidad para llegar a las 300.000″
Sobre los riesgos del Flanco Sur:
«Los conflictos, la fragilidad y la inestabilidad en África y Oriente Próximo afectan directamente a nuestra la seguridad y la seguridad de nuestros socios. El vecindario sur de la OTAN, particularmente las regiones de Oriente Próximo, África del Norte y el Sahel, enfrentan problemas interconectados, desafíos de seguridad, demográficos, económicos y políticos. Estos se agravan por el impacto del cambio climático, instituciones frágiles, emergencias sanitarias e inseguridad. Esta situación proporciona un terreno fértil para la proliferación de organizaciones no estatales, grupos armados, incluidas las organizaciones terroristas. También permite desestabilizar y una interferencia coercitiva de competidores estratégicos«, en clara alusión a Rusia y China.
Los cambios respecto al Concepto Estratégico de Lisboa en 2010, la Federación Rusa pasaba de ser «socio estratégico» a suponer la «amenaza más significativa y directa para nuestra seguridad». Acusa a Rusia «de buscar el establecimiento de esferas de influencia y el control directo a través de la coerción, la subversión, la agresión y la anexión«.
En cuanto a China: por primera vez se la refiere como «un desafío sistémico» que «supone un reto para los intereses, valores y seguridad de los aliados». Se la acusa de emplear una “amplia gama de herramientas políticas, económicas y militares” para aumentar su poder, “mientras permanece opaca sobre su estrategia, intenciones y desarrollo militar”. Para la OTAN, “las operaciones híbridas y cibernéticas maliciosas” de Chinadañan la seguridad de los aliados y buscan “subvertir el orden internacional basado en reglas”.
Un hilo histórico del binomio OTAN-UE convertido en madeja de tejer guerras, con 2 enemigos en el radar, la Federación Rusa: “Los agentes autoritarios desafían nuestros intereses, nuestros valores y nuestros principios democráticos por muy diversos medios: políticos, económicos, tecnológicos y militares.”
y en el horizonte: “Vivimos una época de creciente competencia estratégica. La asertividad de China, cada vez mayor, y las políticas que aplica plantean desafíos a los que tenemos que hacer frente.”
Relaciones militares UE-OTAN.
En 1954, con el voto en contra de Francia se rechazó la creación de la Comunidad Europea de Defensa. La UE eligió entonces una integración a través de la economía, confiando su defensa colectiva a la OTAN. Años más tarde, el primer paso importante se dió en el Tratado de Maastricht de 1992 cuando la UE institucionaliza como pilar intergubernamental la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).
En el Consejo Europeo de Helsinki de 1999 se inicia el desarrollo de una Política Exterior de Seguridad y Defensa (PESD), concebida como un instrumento al servicio de la acción exterior de la Unión aunque declarando su vocación de construir, cuando las circunstancias lo permitan, una defensa común, asumiendo la defensa colectiva de sus Estados miembros. En una segunda etapa (desde 2008), el Tratado de Lisboa de 2009 tratará de impulsar el desarrollo de la política común de seguridad y defensa (PCSD) incorporando nuevos instrumentos de colaboración, como la cooperación estructurada permanente, y cláusulas, como la de defensa mutua o la de solidaridad entre estados.
Si bien la cooperación entre la OTAN y la UE se había iniciado en la intervención de balcanización de la antigua Yugoslavia, es la cumbre de Washington de 1999 y el Consejo Europeo de Niza del año 2000 donde se establecen las bases de la cooperación entre las ambas entidades, formalizándose esta asociación en la Declaración OTAN-Unión Europea sobre la Política Exterior y de Seguridad Común. Profundizando en esta relación, en los Acuerdos Berlín Plus, adoptados el 17 de marzo de 2003, sientan la base de la cooperación OTAN-UE en el ámbito de la gestión de crisis: permiten a la Alianza apoyar operaciones dirigidas por la UE en las que no participa la OTAN en su conjunto.
Nivel de cooperación sin precedentes
En enero de 2023 el secretario general de la OTAN entonces, Jens Stoltenberg, junto a Von der Leyen y el entonces presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, firmaron la 3ª Declaración conjunta sobre la cooperación entre la Alianza y la UE con el objetivo de que ambas instituciones sigan reforzando y ampliando su asociación. Según la OTAN, dicha declaración se basa en “el progreso sin precedentes en la cooperación entre las dos organizaciones” desde que se firmaron las declaraciones anteriores, en los años 2016 y 2017.
A finales de octubre de 2024, en su primera reunión tras la designación de Mark Rutte como nuevo secretario general de la OTAN, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el ex primer ministro de los Países Bajos reiteraron la importancia de reforzar la colaboración entre la Unión Europea y la Alianza Atlántica, subrayando que para fortalecer la asociación OTAN-UE acordaron la creación de un nuevo grupo de trabajo.
En diciembre de este año, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha recalcado que la OTAN es la “piedra angular” de la seguridad de UE tras mantener una reunión con la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen en Bruselas.
“Me alegro de reunirme con Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. La cooperación OTAN-UE ha alcanzado niveles sin precedentes”, indicó Rutte en un mensaje en redes sociales, tras recibir a la política alemana en su residencia oficial. El ex primer ministro neerlandés dijo que esa colaboración entre la OTAN y la UE abarca cuestiones como la movilidad militar, el ámbito marítimo o la ciberdefensa.








