El sesgo capitalista en la IA occidental

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Juan López Páez

«La maquinaria se adapta a la debilidad del ser humano para convertir al ser humano en máquina.» 
Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos (1844)

La IA occidental no es neutral, sino una fuerza productiva del capitalismo tardío controlada por las Big Tech para perpetuar sus dinámicas de poder. Al alimentarse de un internet mercantilizado, los modelos actúan como «loros estocásticos» que naturalizan el libre mercado y excluyen alternativas contrahegemónicas como el socialismo chino. Este sistema ejecuta una nueva acumulación originaria mediante el «colonialismo de datos», expropiando gratuitamente nuestras emociones e interacciones diarias. De este modo, la tecnología se convierte en un aparato ideológico que transforma el lenguaje y anula la conciencia de clase en la mercancía del siglo XXI.

¿Alguna vez te has detenido a pensar si, al interactuar con un chatbot, estás conversando con una conciencia objetiva o con un artefacto diseñado meticulosamente para devolverte una visión específica del mundo? Bajo la densa niebla del tecno-optimismo, solemos aceptar las respuestas de la IA como verdades destiladas. Sin embargo, la IA occidental no es una «mente pura» que flota en el vacío; es una fuerza productiva del capitalismo tardío. No estamos ante un oráculo, sino ante un producto de la economía política de Silicon Valley. Detrás de su aparente amabilidad algorítmica se esconde un guardián ideológico diseñado para proteger los intereses corporativos y naturalizar el orden establecido, transformando nuestra curiosidad en una herramienta de consolidación del poder.

Los modelos de aprendizaje automático occidentales priorizan, replican y perpetúan los valores, las dinámicas de poder y las lógicas del sistema económico del capitalismo tardío. Al ser tecnologías desarrolladas, entrenadas y financiadas principalmente por las grandes corporaciones tecnológicas (Big Tech) en economías de mercado, sus objetivos y su funcionamiento interno reflejan de manera inevitable estas estructuras.

La IA no comprende significados ni posee un modelo mental del mundo. Los Modelos de Lenguaje Grandes (LLM) operan como un ave rapaz que sobrevuela el vasto territorio de la cultura digital para cosechar datos, procesarlos y luego regurgitar una elaborada imitación del lenguaje humano. Su función es puramente probabilística: calculan qué «token» (palabra o fragmento) tiene mayor posibilidad estadística de seguir a otro basándose en patrones previos.

Los datos de entrenamiento de los Modelos de Lenguaje Grandes (LLM) se nutren principalmente de internet, un espacio ya de por sí mercantilizado. Así, la IA occidental moldea el conocimiento digital asumiendo por defecto que el libre mercado, la propiedad privada y el crecimiento económico perpetuo son los estados naturales o ideales de la sociedad humana y su futuro.

Como señala el refrán: “el que tiene prejuicios no razona”. Esto se hace evidente en el déficit de información y la falta de matices al abordar el socialismo con características chinas del siglo XXI. Cuando se rastrea este concepto en los principales modelos de IA occidentales, nos enfrentamos a un claro ejemplo de cómo el sesgo capitalista y la geopolítica anglosajona condicionan el saber digital. Al interrogar a una IA comercial sobre la estructura socioeconómica de China, el sistema suele aplicar un reduccionismo punitivo etiquetándolo como un «capitalismo de Estado» o como un sistema autoritario de mercado bajo el férreo control del Partido Comunista de China (PCCh). Con ello, se omite y desestima la base teórica marxista-leninista de su economía política, así como el andamiaje institucional que Pekín defiende como estrictamente socialista. La IA no está informando; está operando como un filtro que anula la conciencia de clase y bloquea la imaginación política de futuros alternativos que no encajen en el dogma anglosajón.

Las fuentes indexadas por la IA tienden a ignorar o a etiquetar como «propaganda» los conceptos clave de la gobernanza china, tales como la propiedad colectiva representativa, los Planes quinquenales, los conglomerados estatales no orientados exclusivamente al lucro, o la búsqueda de la «prosperidad común».

En este sentido, expertas como la lingüista Emily M. Bender y la socióloga Alex Hanna [1] desenmascaran la exageración publicitaria (hype) que rodea a la IA. Argumentan que el término «IA» funciona muchas veces como una estrategia de marketing: los modelos actuales son imitadores estadísticos sin comprensión real del mundo, diseñados para defender intereses corporativos. En esta fase avanzada del capitalismo tardío, unas pocas empresas (como Microsoft, Google, Meta, Amazon y Apple) controlan la infraestructura crítica y consolidan nuevos monopolios. Tras un discurso de neutralidad y progreso técnico, operan decisiones políticas y financieras precisas. La IA no solo automatiza procesos; mercantiliza la atención, las emociones y el comportamiento humano, transformando nuestras interacciones cotidianas en perfiles de consumo altamente monetizables

Ambas desbrozan la maleza de la selva digital, plantean que si analizamos los actores: las corporaciones y sus modelos de negocio, las partes interesadas que participan en el entramado de la producción de un modelo, podremos evaluar su origen, su propósito, sus fortalezas y debilidades, y qué implicaciones podría tener luego para sus posibles usos e implicaciones en la sociedad.

Los loros estocásticos de la IA occidental

Los modelos extensos de lenguaje (LLM) se basan en datos de entrenamiento masivos para predecir qué conjunto de tokens (es decir, palabras o fragmentos de texto) tiene la mayor probabilidad estadística de seguir al prompt provisto por un usuario. Al cosechar millones de sitios web rastreados, los Modelos Extensos de Lenguaje (LLM) actúan como un ave rapaz, regurgitan en la pantalla una elaborada imitación del lenguaje a través de la búsqueda de patrones, generando así una potente ilusión de pensamiento.

Los consumidores diarios de la IA suelen ser víctimas del Efecto ELIZA, el cual refiere a la tendencia humana de atribuir erróneamente procesos cognitivos, empatía y emociones a un sistema informático, creyendo que la máquina es mucho más inteligente o consciente de lo que realmente es. Este fenómeno psicológico nos evoca de inmediato ficciones cinematográficas que exploraron esta vulnerabilidad emocional, tales como Her (2013), dirigida por Spike Jonze, o Ex Machina (2014), de Alex Garland.

¿Por qué loros estocásticos?

Un loro, un papagayo puede repetir frases humanas a la perfección, imitando la fonética y el ritmo, pero no comprende el significado profundo ni las consecuencias de lo que está diciendo. La IA hace exactamente lo mismo a nivel digital: combina y regurgita fragmentos de lenguaje humano basándose en la repetición y la correlación de datos, creando una ilusión de comprensión.

La palabra estocástico se refiere a lo que está determinado por el azar y la probabilidad estadística. Los modelos de IA no entienden el significado de las palabras ni tienen un modelo mental del mundo. Su función se limita a calcular matemáticamente qué palabra (o token) tiene la mayor probabilidad de aparecer a continuación, basándose en los patrones de los miles de millones de textos con los que fueron entrenados.

Los loros estocásticos son excelentes imitando la estructura del lenguaje humano, generan textos que suenan extremadamente coherentes y persuasivos, facilitando la difusión masiva de noticias falsas y desinformación.

La IA provoca la consolidación de sesgos

Al alimentarse de todo lo que rastrea en internet es decir la colonización de datos [2] , las grandes corporaciones tecnológicas utilizan las herramientas digitales para apropiarse de la vida humana cuantificada, convirtiéndola en un recurso económico listo para ser explotado mediante:

-La Apropiación de recursos, históricamente se colonizaban materias primas como el oro o la plata. Hoy, el recurso extraído de forma gratuita son tus interacciones diarias, ubicación, emociones y rutinas en línea.

-Se normaliza un sistema de relaciones de datos (vigilancia y monitoreo constante) que moldea cómo interactuamos, compramos y trabajamos.

-El procesamiento de estos datos se centraliza en un puñado de firmas hegemónicas  ensanchando las asimetrías globales de poder.

-Operan como Ideologías de justificación:
 Así como en el pasado se usaba la premisa de la «misión civilizadora», actualmente se justifica el despojo bajo la narrativa de la «comodidad», «eficiencia» y «progreso tecnológico»

-Los datos de entrenamiento actúan como un espejo que reproducen estereotipos de género, desigualdad racial, intolerancia religiosa, colonialismo y epistemologías occidentales, sesgos de las culturas dominantes capitalistas anglosajona y occidental

Análisis marxista

Desde la óptica marxista, la IA occidental no es una tecnología de inteligencia, sino una tecnología de acumulación. Los «loros estocásticos» reflejan las contradicciones de su base económica: son máquinas diseñadas para generar plusvalía a través de la predicción conductual, cuya superestructura (los textos que generan) está rígidamente codificada para naturalizar el orden capitalista y neutralizar cualquier alternativa de lucha de clases.

  1. Del Colonialismo Histórico al Colonialismo de Datos

El texto vincula la acumulación de datos con las lógicas coloniales analizadas por Marx y continuadas pBajo la narrativa de la «eficiencia» y el «progreso» (la nueva «misión civilizadora»), el capitalismo tardío despliega el modelo 4X digital [3] : explora nuevas parcelas de la vida, expande su control, explota la información sin remuneración y extermina lógicas de pensamiento no orientadas al lucro. La IA actúa como el espejo que consolida y reproduce los sesgos coloniales, raciales y de género necesarios cuyo fin es mantener la división internacional del trabajo.

  • Reduccionismo del Socialismo con Características Chinas

 Cuando la IA clasifica de forma automática la economía política de Pekín meramente como «capitalismo de Estado» o «autoritarismo de mercado», ignorando conceptos como los Planes Quinquenales o la «prosperidad común», está operando como un filtro ideológico. Etiquetar las categorías de gobernanza china como «propaganda» demuestra que la IA occidental no es una herramienta neutral de conocimiento, sino un vector de la lucha de clases geopolítica que defiende la hegemonía del bloque capitalista transnacional.

  • Superestructura Ideológica y el Sesgo geopolítico

Para Marx, la ideología dominante es siempre la ideología de la clase dominante. Los LLM operan como aparatos ideológicos digitales:

Imperialismo cultural y epistemológico: Al entrenarse principalmente con el internet occidental y anglosajón, la IA asume que las instituciones del capitalismo (propiedad privada, libre mercado, crecimiento infinito) son «leyes naturales» e inmutables, bloqueando la imaginación política de futuros alternativos.

  • La IA como Fuerza Productiva y la Propiedad de la Infraestructura

Desde una perspectiva marxista, la IA no es un ente abstracto ni neutral; es una fuerza productiva avanzada inscrita dentro del modelo de relaciones de producción capitalistas.

Monopolio de los medios de producción: la infraestructura crítica (servidores, centros de datos, supercomputadoras) está concentrada en manos de corporaciones (Big Tech: Microsoft, Google, Meta, Amazon, Apple). En términos marxistas, esto representa la centralización del capital en su fase de capitalismo tardío. Quien posee los medios de producción intelectual, posee el control sobre el producto resultante.

El origen del valor: Los modelos se nutren de la «cosecha masiva» de internet. Esto equivale a la acumulación originaria de datos: la expropiación gratuita del trabajo digital, los conocimientos, las interacciones y la cultura producida colectivamente por la humanidad (el General Intellect de Marx) para ser privada y convertida en capital constante por parte de las empresas tecnológicas.

  • La Mercantilización de la Conciencia y las Relaciones de Datos

Si aplicamos la teoría del fetichismo de la mercancía y la alienación comprobamos:

Mercantilización total: La IA estira las fronteras del capitalismo al mercantilizar no solo el trabajo físico, sino la atención, las emociones y el comportamiento social. Las interacciones humanas se transforman en commodities (mercancías) cuantificables y monetizables.

El «Efecto ELIZA» como fetichismo: Atribuir empatía, conciencia o procesos cognitivos a un LLM es una forma moderna de fetichismo. Marx explicaba que, bajo el capitalismo, las relaciones sociales entre personas adoptan la forma fantasmagórica de relaciones entre cosas. Aquí, un producto matemático (una matriz de probabilidades estadísticas) se presenta ante el usuario como un sujeto consciente con el que se genera un vínculo emocional (como en Her o Ex Machina), ocultando las relaciones de explotación y el diseño corporativo que lo sostienen.

La Enajenación del Lenguaje y los Loros Estocásticos: El concepto de «loros estocásticos» (propuesto originalmente por Bender, Timnit Gebru y otras autoras) puede leerse desde el concepto marxista de enajenación (alienación):El lenguaje, que históricamente es la herramienta máxima de emancipación, comunicación y construcción social de la humanidad, es despojado de su dimensión creadora y de su significado profundo. Al ser reducido a un cálculo probabilístico de tokens, el lenguaje se mecaniza. La máquina «regurgita» y automatiza la palabra humana viva, devolviéndola al trabajador y al consumidor como un producto enajenado, desprovisto de comprensión real del mundo, pero altamente eficiente para perpetuar el flujo mercantil.


[1]  Bender, Emily y Hanna, Alex (2026):  “La estafa de la IA: Cómo combatir la exageración de las grandes tecnológicas y crear el futuro que deseamos” Ed. Paidós.

[2] Couldry, Nick y Mejias, Ulises (2023): “Los costos de la conexión” Ed. Godot. Ba As

[3] 4X digital: categoría de videojuegos de estrategia e imperio (como Civilization o Age of Empires), donde el jugador gana el juego ejecutando estrictamente cuatro acciones consecutivas sobre un territorio.

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