(Continuación de la primera parte)
Renacimiento
Ludovico Ariosto – Orlando furioso (1516): En este poema épico, el caballero Astolfo, guiado por San Juan Evangelista, viaja a la Luna para recuperar el juicio perdido de Orlando. Aunque el método es mágico, la Luna es descrita físicamente como un mundo con ciudades, ríos y valles similares a la Tierra.
Juan de Maldonado Somnium (1541)
El viaje a la Luna: El relato utiliza el recurso del viaje onírico. El protagonista viaja en sueños al espacio exterior y aterriza en la Luna, adelantándose por completo a los grandes relatos de viajes espaciales del siglo XVII. Una utopía erasmista: Maldonado era un humanista fuertemente influenciado por Erasmo de Róterdam. Compuesto solo 25 años después de la Utopía de Tomás Moro, el texto de Maldonado une la tradición alegórica de la Divina Comedia de Dante con la naciente literatura de mundos alternativos y navegación transatlántica de su época. En su obra combina el viaje lunar con una expedición a Sudamérica. Utiliza estos escenarios exóticos para plantear una sociedad cristiana idealizada, libre de la corrupción política y eclesiástica de la Europa de Carlos V.
La sociedad lunar de Juan Maldonado (1541) y la de Johannes Kepler (1608/1634) representan dos formas radicalmente opuestas de entender el universo y la literatura.
Maldonado escribe desde el humanismo filosófico, Naturaleza de los habitantes: los Seres humanos están idealizados (reyes, doncellas, jóvenes) que cantan, danzan y viven en armonía; organización social: Una monarquía perfecta y utópica basada en principios cristianos evangélicos y erasmistas; Entorno y supervivencia: Un lugar paradisíaco, templado y limpio con estanques para bañarse; Propósito de la obra: Sátira política y moral para criticar la corrupción de la Europa de Carlos V; Método de viaje: Viaje onírico guiado por el espíritu de la difunta María de Rojas. Juan Maldonado es el pionero de la ciencia ficción social y utópica en el mundo hispanohablante.

Johannes Kepler – Somnium (hacia 1608/1634): Aunque publicado tras la muerte de su autor en 1634, escribe desde la revolución científica racional. Las Criaturas monstruosas, serpientes y monstruos gigantescos de biología alienígena; No existe sociedad organizada. Son nómadas salvajes sin leyes, ciudades ni cultura; Un entorno hostil de climas extremos (noches gélidas y días abrasadores de 14 días terrestres); Divulgación científica para demostrar el heliocentrismo de Copérnico de forma didáctica; Viaje onírico con la ayuda de un demonio invocado mediante brujería islandesa. Para Kepler, la Luna es un observatorio matemático. Su objetivo principal no es proponer un modelo político, sino hacerle entender al lector cómo se mueve la Tierra. Al mudar la perspectiva a Levania, el habitante lunar ve a la Tierra (llamada Volva) girar sobre su propio eje, demostrando de forma indirecta e incuestionable el sistema copernicano. Realiza el primer ejercicio de xenobiología de la historia. Entiende que las condiciones físicas de la Luna (a la que llama Levania) son extremas. Por ello, describe criaturas de pieles gruesas o escamosas para resistir el sol abrasador, con ciclos de vida extremadamente cortos o hábitos anfibios que los obligan a esconderse en cuevas submarinas durante el día lunar
Johannes Kepler es legítimamente el padre de la ciencia ficción dura (hard sci-fi), donde la narrativa se subordina rigurosamente a las leyes de la física y la astronomía.
Francis Bacon – La Nueva Atlántida (1627): La tecnología y el control sobre la naturaleza. Aunque publicada a inicios del siglo XVII, corona el pensamiento renacentista. Describe la isla de Bensalem y su institución central, la Casa de Salomón, que es esencialmente un laboratorio de investigación científica moderno. Vaticina inventos futuros como submarinos, aviones («máquinas para volar»), altavoces, manipulación genética de plantas y remedios mecánicos para prolongar la vida.

Maldonado y Marx comparten una raíz filosófica idéntica: la abolición de la propiedad privada y la búsqueda de una sociedad sin clases.
Aunque los separan más de tres siglos y marcos ideológicos muy diferentes (el humanismo cristiano renacentista frente al materialismo histórico), existen paralelismos asombrosos en cómo ambos pensaron la sociedad perfecta:
—El fin de la propiedad privada como origen del mal.
Maldonado establece que el gran pecado de la Tierra —y la causa de todas sus guerras— es la codicia y el apego a las riquezas materiales. Su sociedad lunar funciona de manera comunitaria, donde el oro no tiene valor y los bienes se comparten para garantizar la armonía.
Marx, teóricamente, la base del capitalismo y de la alienación humana es la propiedad privada de los medios de producción. La sociedad comunista final que plantea Marx elimina esta propiedad para erradicar la explotación del hombre por el hombre.
—De la Utopía Espacial a la Utopía Temporal
En la época del Renacimiento de Maldonado, al no concebirse aún cómo cambiar el sistema político feudal/monárquico, las sociedades perfectas se proyectaban en el espacio (islas lejanas o la Luna).
En la época de Marx, tras la Revolución Industrial, la exploración total de la Tierra y los avances técnicos, la sociedad ideal dejó de buscarse en un mapa espacial y pasó a buscarse en el tiempo: el comunismo como el horizonte futuro e inevitable de la historia humana.

China antigua
Autómatas reales y mitológicos en la antigua China, la Escuela Mohista (los seguidores del filósofo Mozi, siglos V y IV a.C.) y a los ingenieros mecánicos de su tiempo.
Durante el periodo de los Reinos Combatientes y las dinastías Han y Three Kingdoms, China fue una superpotencia en el desarrollo de protorrobótica y «máquinas que cobraban vida».

Autómatas y leyendas:
1. El pájaro mecánico de Mozi (y su rival Lu Ban)
Los creadores: El filósofo Mozi (fundador del mohismo, c. 470–391 a.C.) y el legendario artesano Lu Ban.
El autómata: Textos clásicos como el Han Feizi registran que Mozi pasó tres años tallando un halcón o cometa de madera (muque) capaz de volar de forma autónoma aprovechando corrientes de aire y mecanismos internos de palancas y contrapesos durante un día entero antes de romperse. Su discípulo Lu Ban mejoró el diseño usando bambú, logrando que un «pájaro mecánico» (o urraca de madera) volara durante tres días seguidos. Este hito se considera el origen tanto de las cometas modernas como de los primeros planeadores automatizados de la historia.
2. El autómata humano del artesano Yan Shi
Aparece en el texto taoísta Liezi (siglo III a.C.) y representa el relato mitológico de un «androide» más impresionante de Oriente:
El androide: El ingeniero Yan Shi le presentó al Rey Mu de Zhou un autómata de tamaño natural que caminaba, parpadeaba, movía la cabeza y cantaba en perfecta sincronía con la música.
El engaño biológico: El robot era tan perfecto que comenzó a flirtear con las damas de la corte del rey. Furioso, el monarca ordenó la ejecución de Yan Shi. Para salvar su vida, el artesano desarmó al autómata frente al rey, revelando que estaba hecho únicamente de madera, cuero, resina y pintura. El relato detalla de forma asombrosa cómo sus órganos internos artificiales controlaban sus funciones: si le quitaban el corazón de madera el robot no hablaba, y si le quitaban el hígado perdía la vista
3. El buey de madera y el caballo flotante de Zhuge Liang (181–234 d.C.), el brillante estratega militar del periodo de los Tres Reinos.
El invento: Para solucionar los problemas de suministro a través de terrenos montañosos hostiles, inventó el Mu Niu Liu Ma (buey de madera y caballo flotante). Eran sistemas de engranajes y ejes donde el mecanismo en la boca del animal funcionaba como un sistema de bloqueo o freno de seguridad. de transporte mecánico. Permitían que un solo soldado transportara raciones de comida para decenas de hombres sin esfuerzo y de forma automatizada.
4. Los teatros de autómatas de la Dinastía Han y Tang
Los ingenieros de la corte china desarrollaron ingenios mecánicos que funcionaban por complejos sistemas de energía hidráulica (agua). Crearon sirvientes mecánicos que servían vino en las copas de los invitados en banquetes reales y figuras de madera que tocaban tambores, flautas y danzaban imitando a la perfección la fisonomía humana.
El Nacimiento del Maquinismo y el Destino de las Sociedades Perfectas
El cruce entre el Renacimiento europeo y los anales de la China antigua revela una transición fundamental en la protohistoria de la ciencia ficción: el momento exacto en que la humanidad dejó de atribuir los prodigios a la magia de los dioses para empezar a confiar en el diseño humano, los engranajes y la razón.
Esta etapa consolida dos pilares que definen al género hasta el día de hoy:
La tecnología como motor del cambio: Tanto en los laboratorios proféticos de Francis Bacon como en los talleres de Mozi y Zhuge Liang, las máquinas (autómatas, planeadores o frenos de seguridad) dejan de ser meros juguetes de entretenimiento cortesano. Se convierten en herramientas estratégicas de logística militar, agricultura o investigación científica.
El espacio como escenario político: Al igual que en la antigüedad clásica, el espacio exterior (la Luna de Maldonado o la Levania de Kepler) continuó sirviendo como el gran laboratorio conceptual. Permitió ensayar hipótesis que en la Tierra eran imposibles de plantear por la censura, mutando progresivamente desde la utopía social erasmista hacia la especulación científica dura de la astronomía copernicana.
La prefiguración de los sistemas modernos: El debate sobre la abolición de la propiedad privada en la Luna de Maldonado anticipa por tres siglos el análisis materialista de Karl Marx. Esto demuestra que la ciencia ficción, desde su origen, usó la distancia geográfica para modelar la futura evolución social de la humanidad.
En conclusión, si el mundo clásico grecorromano aportó el mito del ser artificial, el Renacimiento y la ingeniería china aportaron el mecanismo. Juntos demostraron que toda sociedad perfecta requiere, de manera inevitable, una base técnica que la sostenga
Islam medieval
Al-Jazarí (1136–1206), el ingeniero más brillante del Siglo de Oro islámico Trabajó en la región de Mesopotamia como ingeniero jefe de la corte de la dinastía Artúquida.
Su obra cumbre, el Libro del conocimiento de los ingenios mecánicos ingeniosos (1206), es un tratado profusamente ilustrado donde detallaba cómo construir autómatas programables y sistemas hidráulicos automatizados Sus inventos no eran mitos; funcionaban de verdad y sentaron las bases de la robótica moderna.

Los autómatas más asombrosos de Al-Jazarí se estructuraban bajo tres grandes conceptos técnicos:
1. La banda de músicos flotante (El primer robot programable) Diseñado para amenizar los banquetes reales, este invento consistía en un bote que flotaba en un estanque artificial con cuatro músicos mecánicos de tamaño natural (dos tamborileros, un tocador de platillos y un flautista).
El mecanismo: El movimiento del agua hacía girar un gran árbol de levas (un cilindro con clavijas) oculto dentro del bote La programación: Las clavijas golpeaban palancas que activaban los brazos de los músicos o enviaban aire a los instrumentos de viento. Al cambiar la posición de las clavijas en el cilindro, el robot tocaba ritmos y melodías diferentes, lo que se considera el antecedente directo de la programación informática y las cajas de música modernas
2. Autómatas de servicio y lavado de manos
Al-Jazarí diseñó varios sirvientes mecánicos con un propósito tanto estético como higiénico, adelantándose a los conceptos modernos de automatización del hogar:
El sirviente de la cuenca: Un robot humanoide de pie junto a una palangana. Cuando el usuario terminaba de lavarse las manos y el agua caía al recipiente, el peso del agua activaba un mecanismo hidráulico interno. El sirviente levantaba el brazo de forma autónoma para ofrecer una toalla limpia.
El camarero automático: Un autómata capaz de servir bebidas de un depósito oculto. Mediante un sistema de válvulas de flotación y balancines de descarga, el robot llenaba una copa de vino, esperaba un intervalo de tiempo y la extendía hacia el invitado.
3. El reloj del elefante (La cumbre de la ingeniería medieval)
Este imponente reloj de más de cinco metros de altura combinaba engranajes, autómatas y energía hidráulica para medir el tiempo, rindiendo homenaje a varias culturas de la Ruta de la Seda:
El funcionamiento: Dentro del elefante de bronce había un gran tanque de agua con un cuenco perforado que se hundía lentamente (tardaba exactamente media hora)
La coreografía de autómatas: Al hundirse el cuenco, jalaba una cuerda que activaba una serie de autómatas en la parte superior. Un fénix mecánico cantaba, una figura de un rey movía los brazos, dos dragones atrapaban bolas de metal con sus bocas y un jinete sobre el elefante tocaba un tambor. Tras completarse el ciclo, el sistema se reiniciaba solo.
El Islam Medieval y la Automatización de lo Real
El aporte de Al-Jazarí en el Islam medieval marca un punto de inflexión radical en la protohistoria de la ciencia ficción: la transición del relato imaginado a la ingeniería aplicada. Mientras Grecia soñaba con sirvientas mecánicas divinas y el Renacimiento proyectaba utopías políticas en el espacio, el Siglo de Oro islámico construyó la tecnología que haría posibles esos sueños. Al introducir el árbol de levas, los sistemas de circuito cerrado y la programación analógica mediante clavijas, Al-Jazarí demostró que los autómatas no requerían magia ni conjuros (como el gigante Talos), sino leyes de la física y fluidos hidráulicos precisos. Su obra es el eslabón científico indispensable que demostró a la humanidad que la robótica era una realidad alcanzable.
El Hilo Rojo de la ficción especulativa. De la Mitología al análisis marxista.
El recorrido a través de la protohistoria de la ciencia ficción cobra un sentido científico definitivo cuando se analiza bajo la lente del materialismo histórico. Al conectar a Homero, Maldonado, los ingenieros chinos y Al-Jazarí con el análisis de las estructuras económicas, descubrimos que la imaginación humana siempre ha estado determinada por las condiciones materiales de su época.

La robótica antigua y el modo de producción esclavista: En la Antigua Grecia de Homero y Apolonio de Rodas, el concepto de robot (las sirvientas de oro de Hefesto o el gigante Talos) nació bajo la forma de esclavos perfectos o guardianes inagotables. Al vivir en una sociedad cuya economía dependía del trabajo esclavo, la mitología clásica proyectó su deseo de liberación o de control absoluto mediante autómatas divinos. La tecnología se concebía como un milagro de los dioses porque las fuerzas productivas humanas aún no permitían la industrialización real.
La automatización y la democratización del recurso: La ingeniería mohista en China y los sistemas hidráulicos de Al-Jazarí en el Islam medieval marcaron el paso de la teología a la infraestructura. Sus autómatas (el buey de madera de Zhuge Liang o los sirvientes hidráulicos) ya no servían a los dioses, sino a la logística militar y al bienestar civil. Para Marx, este es el despertar de la tecnología como fuerza productiva real: el engranaje y el árbol de levas comenzaron a reemplazar el esfuerzo físico humano, prefigurando la automatización que siglos después transformaría las fábricas del capitalismo con el fordismo.
El salto de la Utopía Espacial a la Utopía Temporal
La conexión más profunda con Marx se encuentra en el Renacimiento. Pensadores erasmistas como Juan Maldonado (1541) intuyeron —tres siglos antes de El Capital— que la propiedad privada y la codicia por el oro eran el origen de la alienación y de las guerras en la Tierra. Sin embargo, al vivir en un mundo feudal y monárquico donde era imposible concebir una revolución proletaria, Maldonado tuvo que proyectar su sociedad comunista y sin clases en el espacio (la Luna).
El horizonte del futuro
La protohistoria de la ciencia ficción no es una simple colección de fantasías inconexas; es el registro de la humanidad procesando su relación con el trabajo, la tecnología y el poder. Desde el «hackeo» biológico de Medea a Talos hasta la abolición de la propiedad en la Luna de Maldonado, el género ha funcionado como el gran laboratorio ideológico de la historia.
Marx tomó esa misma base utópica y la trajo de vuelta a la Tierra. Tras la Revolución Industrial, la exploración total del planeta y el avance técnico, el comunismo dejó de buscarse en un mapa espacial (un exoplaneta o un satélite idílico) para pasar a buscarse en el tiempo: el horizonte histórico e inevitable del desarrollo humano.
Lo que los antiguos autores soñaron a través del mito y la mecánica detrás de cada androide mitológico, cada autómata hidráulico y cada utopía espacial late en última instancia, el reflejo de las fuerzas productivas de su época que el análisis marxista lo tradujo en un programa de transformación social, el deseo humano de emancipación universal.

El horizonte del futuro y la transformación de la sociedad.
Tras la Revolución Industrial, el vertiginoso desarrollo del capitalismo y la exploración total del planeta dividieron a la sociedad en dos clases antagónicas: la burguesía, dueña de los medios de producción, y el proletariado, obligado a vender su fuerza de trabajo. El avance técnico y las máquinas sirvieron en esta etapa para generar plusvalía y mantener estructuras de dominación y explotación. Sin embargo, esta agudización de la lucha de clases como motor de la historia también gestó la base material y el sujeto histórico para transformar la sociedad de raíz: liberar al ser humano del trabajo alienado y de la escasez mediante la tecnología colectivizada, el motor de la historia da el salto definitivo desde la necesidad hacia el reino de la libertad, dando vida en la Tierra a la sociedad justa y sin clases.








