El Corredor de Lobito: La contraofensiva de Occidente en la nueva ruta de los minerales críticos

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Néstor Siurana, geógrafo experto en África Subsahariana

Si abres un mapa de África Central y trazas una línea recta desde las ricas regiones mineras de la RD Congo y Zambia hasta las costas de Angola en el Atlántico estarás dibujando el eje sobre el que gira la última gran batalla de la Guerra Fría tecnológica.

Durante las últimas dos décadas, el relato de las infraestructuras en el continente africano ha tenido un único y claro protagonista: China. A través de su megaproyecto de la Nueva Ruta de la Seda, Pekín ha financiado carreteras, vías de tren y puertos con un objetivo muy preciso, que consistía en conectar los yacimientos de cobre y cobalto del interior africano con los puertos del Índico para enviarlos directamente a sus fábricas asiáticas.

Sin embargo, en un giro geopolítico tan silencioso como estratégico, la Unión Europea y Estados Unidos han decidido romper este monopolio logístico resucitando una vieja infraestructura de la época colonial que promete cambiar la dirección en la que viaja la riqueza del continente. Esta ambiciosa apuesta de Occidente se conoce como el Corredor de Lobito.

Para comprender el valor de esta iniciativa, primero hay que entender el problema que afrontan las empresas tecnológicas occidentales. Elementos como el cobre y el cobalto son absolutamente indispensables para fabricar turbinas eólicas, paneles solares y, sobre todo, las baterías de los vehículos eléctricos que exigen las nuevas normativas ecológicas globales. El problema para Washington y Bruselas es que China controla casi toda la cadena de suministro, desde las minas en el corazón del Congo hasta el procesamiento final. Hasta hace muy poco, si una empresa europea quería comprar cobalto congoleño, el mineral debía viajar durante semanas en camiones por carreteras saturadas hacia los puertos del este africano, como Dar es Salaam (Tanzania) o Durban (Sudáfrica), ambos bajo una enorme influencia comercial china. Esta ruta no solo era extremadamente lenta y costosa, sino que dejaba la transición energética occidental a merced de las decisiones políticas de Pekín.

El Corredor de Lobito es la respuesta directa a este estrangulamiento geopolítico. El corazón del proyecto es una línea ferroviaria de más de 1.300 kilómetros que cruza Angola, pasa por las zonas mineras de Zambia y llega hasta el corazón de la RD Congo. La gran ventaja geográfica de este corredor es que mira directamente hacia el Océano Atlántico. Al rehabilitar esta vía férrea y modernizar el puerto de Lobito, los tiempos de transporte para los minerales críticos se reducen de forma drástica, pasando de casi 1 mes de viaje por carretera a tan solo unos días en tren.

Pero el beneficio más importante no es logístico, sino puramente estratégico, ya que esta vía permite que las riquezas del subsuelo africano viajen en línea recta hacia los puertos de Europa y Estados Unidos, esquivando por completo las rutas e infraestructuras controladas por China en el lado oriental del continente. Esta importancia explica por qué el Corredor de Lobito se ha convertido en el primer gran proyecto financiado por la Asociación para la Infraestructura Global e Inversión, una iniciativa del G7 creada expresamente para competir con el dinero de Pekín en el mundo en desarrollo. Estados Unidos, la UE y varias instituciones financieras internacionales han puesto sobre la mesa miles de millones de dólares no solo para arreglar las vías del tren, sino para construir conexiones digitales de fibra óptica, proyectos de energía solar y centros logísticos a lo largo de toda la ruta.

El mensaje político subyacente es muy potente, pues Occidente está intentando demostrar a los gobiernos de Angola, Zambia y el Congo que ya no dependen solo de los créditos chinos para desarrollar sus países, y que asociarse con las potencias atlánticas puede ofrecerles infraestructuras de alta calidad y un acceso directo a los mercados más ricos del planeta.

Este artículo se publicó originalmente en https://x.com/NestorSiurana

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