Ibrahim Traoré, ¿Thomas Sankara del siglo XXI? Parte 1: Cuando los golpes tienen legitimidad

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Adriana Franco Silva, Observatorio Latinoamericano de Geopolítica del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

Comparar a Thomas Sankara con Ibrahim Traoré es, cuanto menos, arriesgado, ya que se corre el riesgo de proyectar un pasado idealizado sobre un presente. Sankara gobernó cuatro años, desde 1983, hasta que fue asesinado en 1987. Su legado está “cerrado” debido a los intereses occidentales que vieron en su figura una amenaza para sus estrategias imperiales en la región. Traoré ha estado gobernando por poco menos de tres años, desde septiembre de 2022, pero su historia aún está “abierta”. Entonces, lo que se compara es un personaje histórico consolidado con uno proceso que está en marcha. A pesar de estos riesgos, en esta serie de entregas contrasto algunas políticas implementadas por ambos líderes para analizar sus similitudes y diferencias. En ésta, me centro en los contextos y en la forma en la que ambos gobiernos consiguen legitimidad después de llegar al poder por medio de golpes de Estado.

Thomas Sankara llegó al poder en 1983, mediante un golpe de Estado, en lo que entonces se conocía como Alto Volta, una etiqueta administrativa exclusivamente colonial impuesta por Francia a finales del siglo XIX, porque el territorio se encontraba en la cuenca superior del Río Volta. Un año después, Sankara cambió el nombre del país a “Burkina Faso”. Los términos Burkina (lengua moore) y Faso (dioula) se pueden traducir como “la tierra de las personas íntegras”, lo cual no solo plantea un cambio simbólico, sino una forma de rechazar las constantes humillaciones vividas por el pueblo burkinés a manos de los colonos franceses.

Sankara tuvo entrenamiento militar, pero también desarrolló un fuerte acercamiento al pensamiento social de izquierda. En la academia militar de Antsirabé, en Madagascar, Sankara se transformó en un estratega revolucionario. Ahí vivió las protestas obreras y estudiantiles que derrocaron al régimen neocolonial de Philibert Tsiranana. Con el acercamiento a este pensamiento y la praxis revolucionaria, tanto él como otros oficiales jóvenes estaban convencidos de que la vía armada era la única forma de romper con el neocolonialismo. Así, Sankara llegó al poder por medio de un golpe de Estado, que fue orquestado durante la etapa final de la guerra fría, cuando Francia mantenía su influencia en la zona y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas atravesaba una crisis profunda.

Por su parte, Ibrahim Traoré estudió geología, aunque posteriormente se unió a las fuerzas armadas, recibiendo educación militar en la Academia Militar Georges Namoano, fundada por Thomas Sankara en 1984. Traoré se unió al ejército en 2010, por lo que su experiencia fue moldeada por la guerra asimétrica librada contra los grupos yihadistas de la región. Esa experiencia le hizo cuestionar la jerarquía militar, ya que mientras sus compañeros eran masacrados por las fuerzas yihadistas, los oficiales superiores permanecían a salvo. Esta situación no era exclusiva de la escala nacional. A escala internacional, esta asimetría se traducía en que Francia financiaba y proporcionaba armas, mientras los pueblos africanos ponían los cuerpos. Como oposición a esta situación y al incremento de la violencia en su país, en septiembre de 2022, Traoré asumió el poder tras un golpe de Estado, en un contexto de una profunda crisis de seguridad.

Tanto Sankara como Traoré llegaron al poder en un escenario estructural similar: un Estado neocolonial que dependía del extractivismo y la ayuda externa, una clase gobernante con poca o nula legitimidad, condiciones de pobreza y desigualdad profundas, entre otras. Sin embargo, el contexto coyuntural es distinto: Sankara actuó durante el periodo de la guerra fría, su golpe fue un posicionamiento geopolítico deliberado que buscaba romper con la exclusión internacional, sus discursos y prácticas políticas eran profundamente antiimperialistas. Por su parte, Traoré actuó en el contexto del caos yihadista y de la disputa hegemónica, un momento en el que actores como Rusia, China e incluso países emergentes como Emiratos Árabes Unidos tenían más presencia en la región. El golpe encabezado por Traoré fue una respuesta a la derrota militar y al colapso de seguridad.

Sankara cimentó su legitimidad en la congruencia entre su discurso y su actuar político. En un momento donde el poder estatal se veía como un botín, Sankara impulsó la austeridad administrativa; implementó políticas de redistribución como la alfabetización masiva, el sistema de vacunación con el apoyo de Cuba, el reparto de tierras, entre otras políticas que colocaron al pueblo burkinés en el centro. Con esto, logró que el Estado llegara a donde antes no lo hacía. A la par impulsó un nacionalismo cultural y un acercamiento con el pueblo.

Aunque Sankara reforzó su legitimidad con discursos antiimperialistas, la legitimidad de Traoré descansa de manera más clara sobre el anticolonialismo. Esto es evidente tras la expulsión de las tropas francesas en un contexto en el que la población identificaba a la ex metrópoli como la causante de la inestabilidad e inseguridad. Francia intervino en Malí en 2013 con la Operación Serval y un año después amplió la misión a otros territorios, incluyendo Burkina Faso. Desde ese momento, la violencia y presencia de grupos yihadistas se han incrementado y diversificado en el país y la región.

Traoré evoca a Sankara como referencia moral y política, lo cual también funciona como estrategia de legitimación. Sin embargo, Thomas Sankara rechazó categóricamente el intervencionismo extranjero. Traoré, obligado por el contexto de inseguridad, ha permitido la presencia de Africa Corps (antes Grupo Wagner). Mientras Sankara se opuso a los intereses imperiales —lo que le costó la vida—, Traoré se opone a la presencia occidental en un contexto de disputa intercapitalista y con el apoyo de Rusia. A pesar de los constantes intentos de asesinato y golpes de Estado en su contra, Traoré se mantiene en el poder aplicando políticas soberanista, que le han permitido tener el apoyo popular y el respaldo de las fuerzas armadas en medio de una etapa de aguda crisis sociopolítica.

En ese sentido, más que el «Sankara del siglo XXI», Traoré, nacido apenas un año y medio después del asesinato de Thomas Sankara, podría ser considerado un hijo de su legado. Tras décadas de marginación y persecución a propuestas o narrativas sankaristas bajo el régimen de Blaise Compaoré, Traoré ha revitalizado el nombre y acción política de Sankara con la intención de terminar lo que el líder africano empezó años atrás. Sin embargo, el contexto nacional, regional e internacional es distinto al de la década de 1980, por lo que las estrategias no pueden ser las mismas.

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