Queridas compañeras, tras varios días de viaje obligatorio al pasado via túnel del tiempo, como aquel maravilloso programa que veíamos de niñas en la tele franquista y que después replicábamos en nuestros juegos, no veo otra salida: hay que rendirse a la evidencia mística. Las feministas no triunfamos porque no nos encomendamos a Dios. Así, con mayúscula.
Vaya por delante mi máximo respeto a todas las personas creyentes en cosas y que entender y analizar cómo operan y qué funciones cumplen esas cosas creídas forma parte de mi profesión, lo que nunca equivale a validarlas… Pero la desbordada pasión institucional de estos días entregados al catolicismo por todos los medios, recreando todos los tics tardo-franquistas del espíritu nacional, virolai, Moreneta y TV3 incluidos, me tiene sin palabras.
Insisto, tenemos que rendirnos a la evidencia mística. No hay otra. Sí, ya sé que es un oxímoron, pero más oxímoron es proclamarse el país más feminista de la historia y cargarse por ley la categoría objetiva correspondiente al ser anteriormente llamado mujer; proclamar que la humanidad es magnífica sin contar para nada con la mitad que la reproduce; y otorgar la palabra al líder de una confesión religiosa y una institución con miles de crímenes a sus espaldas y víctimas demasiado vivas y tocapelotas, nada menos que en el Congreso; por no hablar de tirarse minutos aplaudiéndole la inmensa mayoría de representantes electos y a ver quién grita más fuerte que viva “su santidad”, como le ha llamado reiteradamente la presidenta de la cámara -lo oí en directo y lo veo escrito y sigo sin salir de mi asombro. Todo plagado de una masa de tipos con faldas y a lo loco, que es lo más moderno y convierte en un alarde de paridad sentida lo que siempre habíamos pensado que eran siniestros campos de nabos.
Que conste que me cae bien el tal Robert por eso de advertir contra el tecno fascismo y la prioridad nacional y a favor de la paz mundial, que está muy bien que se repita y su altavoz no tiene parangón, pero claro, también está todo lo demás… Incluso a la hora de escoger entre líderes de opinión misóginos de trascendencia mundial, casi lo prefiero al “cantante” millonario ultramachista -convertido recientemente en referente de la pseudoizquierda posmoderna- que va llenando casitas y estadios de niñas y sus descerebradas madres mientras las profesoras feministas se baten el cobre en aulas negacionistas acechadas por OnlyFans.
Pero nada, no nos comeremos una rosca hacia la emancipación mientras no tengamos a Dios de nuestro lado, y aquí la hemos cagado, compañeras. Había que haberse puesto mantilla y velo, todas de negro riguroso, y postrarse ante su representante en la Tierra ahora que lo teníamos a mano, rogando que se revise el Génesis y que se condene al palomo retroactivamente por violación. Cantando a coro virginal lo que antes era una canción crítica de Bob Dylan -otro converso- With God on Our Side. Una ocasión perdida.
Si lo que esperabais era una crónica o una reflexión seria, me consta que mejores plumas que la mía han escrito y escribirán textos brillantes estos días pidiendo cuentas. Yo no puedo. No sé ni qué ponerme para salir a la calle -a ver si se va a notar que no llevo sujetador en verano y me detienen- en una ciudad que yo creía todavía roja, en la que se han agotado las existencias de banderas del Vaticano para ir a la bendición de una torre de la Sagrada Familia. Eso sí, con frases en catalán (supongo que más elaboradas que el “bon dia i bona hora” que provocó ayer olés masivos ante la Catedral), y justo el día del aniversario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí. Por lo demás, un fanático integrista y misógino, conocido en el Vaticano como “el arquitecto de Dios”, al que siguen queriendo canonizar -y cada vez que lo recuerdo en público me miran peor, también los supuestos rojos.
Nada de esto me impide reconocer la labor social de la iglesia católica y sus fundaciones, donde las mujeres voluntarias son una apabullante mayoría, en un Estado con los servicios públicos agonizantes ante tanta necesidad.
Pero ahora me explico por qué no vino ningún medio a cubrir el 50 aniversario de las primeras Jornades Catalanes de la Dona hace unos días. El túnel del tiempo nos ha llevado a terra incógnita. Todo el mundo se estaba preparando para lo importante y nos hemos quedado fuera, ahí, distraídas, mientras contábamos asesinadas y violadas. No tenemos remedio.









Como mujer feminista debo reconocer contigo que la Iglesia Católica tiene una gran deuda con las mujeres, desde reconocerbla desigualdad y violencia que sufre en el mundo hasta su reconocimiento en el seno de la Iglesia.
Creo sin embargo que la visita del Papa, como Jefe de Estado y referente espiritual.para millones de personas, pero sobre todo por su posición a favor de la Paz frente a la guerra, el aumento del armamento, a favor del respeto de los DDHH, la obligación de tratar a la población migrante como seres humanos con dignidad, como hermanos a quienes debemos acoger, es el gran mensaje de humanidad, amor, y esperanza.
Me lo dijo un taxista uno de estos días: «Estamos preocupados, indignados ante líderes que fomentan guerras, la inversión de armamento, que deciden nuestra estabilidad, poderes que deciden bombardear, destruir paises y asesinar a la gente..como Gaza, Ucrania, Irán, Libano, etc y dentro del país vemos la mentira, el odio la destrucción del otro, la tensión, sin respetar el juego democrático, y viene el Papa y nos habla de amor, de Paz, de ayudar al otro, de compartir, de convivencia, dándote esperanza y confianza…me emocionó y lloré. Y no soy religioso.
Creo que ahí está el valor del Papa; Un mensaje de Paz, de amor y denuncia de las miserias y sufrimiento de la gente, que podemos solucionar entre todos los seres humanos que formamos la humanidad global.
Ha arrastrado a multitudes emocionando a católicos,.cristianos, practicantes y nó, agnósticos y a personas que simplemente le han / hemos, escuchado y visto.
Lo de las mujeres hay que trabajarlo. No pedimos Audiencia. Un error.
S.O.S