Hablan los ojos de aceiteras vacías y estantes de polvo negro
Dejan en medio de las sacudidas un palafrén de mustia mansedumbre
No hay más remedio que recibir el tiempo como un latigazo directo a la espalda
Hemos de amanecer maniatados y salir a la carrera a la pata coja
Con una mano pedir un taxi
Con la otra un café hirviendo
Paladear la pausa del bocadillo
Pensar en el verano
Amartillar la cabeza para no dormirse en el segundo trabajo
Perder el último tren
Y llegar a casa andando
Una ducha fría
Un resto para el desayuno y a volver a empezar la jornada
Almas en punta
El corazón en punta
Los pies doloridos
La fe puesta en el siguiente minuto de cólera
Y así hasta que te sangren los ojos
Hasta que te dobles tanto la espalda
Que tengan que venir a buscarte en camilla
El mundo está lleno de deslealtad
Y mientras tú te esfuerzas en no rendirte
Mil humillaciones después acontecen en el desahucio
En la miseria
En la derrota total
Eres un esclavo y tan bien lo celebras.








