Por Carlos Martínez, politólogo – Soberanía y Trabajo
Cuatro años llevamos ya de escalada bélica en el este de Europa y, lejos de aclararse el panorama, lo que emerge con nitidez es la podredumbre de un sistema informativo y político que ha hecho de la mentira su principal arma de combate. Asistimos a un espectáculo dantesco donde los grandes medios occidentales, esos mismos que se llenan la boca con la defensa de la democracia y los valores europeos, nos ocultan la verdad más básica: quién empezó todo esto. No fue una decisión unilateral de Moscú en el vacío, sino la culminación de décadas de expansión depredadora de la OTAN, orquestada por el sionismo más agresivo encarnado por figuras como Biden o tras él Netanyahu y la ultraderecha global que representa Donald Trump en nuestros días.
Hemos visto como el pasado 18 de Marzo llegaba Zelenzky a Madrid y era recibido por el presidente Sánchez que considera su amigo a un tipo que encarcela a los socialistas en Ucrania y le promete mil millones, cuando aquí son tan necesarios para construir de una vez vivienda pública, fortalecer la sanidad pública, hacer que los ferrocarriles funcionen… En lugar de subvencionar una guerra perdida y a la extrema derecha corrupta ucraniana que gobierna.
Pero ojo, no nos engañemos por las apariencias. Ahora que las bombas caen sobre Irán y el Líbano y la destrucción es un hecho, el globalismo mediático y sus círculos woke se ven obligados a disimular su odio profundo. Disimulan mal su desprecio por Irán y su Revolución, por el Sur Global y sus ansias de emancipación, por el mundo árabe y el islam. Les duele tener que condenar la guerra, pero lo hacen más por su visceral oposición a Trump —a quien consideran una amenaza para su propio establishment— que por verdadera solidaridad con los pueblos oprimidos. Recordemos su silencio cómplice durante el genocidio en Palestina, un genocidio que el Partido Demócrata de EE. UU. no solo no impidió, sino que facilitó con armas y cobertura diplomática.
Esta guerra imperialista, desatada por la anglosfera y su socio sionista para intentar revertir su crisis sistémica, tiene dos caras igualmente terribles. La primera, la más obvia, es la muerte y la destrucción que siembra en Ucrania, un país convertido en carne de cañón de los intereses geopolíticos de Washington. La segunda, la agresión sionista contra Irán, la que nos golpea directamente en España, por la devastación económica que se avecina. La subida del precio de los combustibles y del gas natural, provocada por las sanciones y la guerra, va a disparar la inflación y a empobrecer aún más a las clases trabajadoras.
Mientras los precios se desbocan y las familias no llegan a fin de mes, en España reina el más absoluto ultra liberalismo sustentado por un Gobierno incapaz de frenar la especulación y el abuso de los mercados. Ni el PSOE y sus socios, ni PP, ni VOX, con sus distintos matices y apoyos mediáticos, nadie del arco parlamentario está dispuesto a tocar los dogmas sagrados del “libre mercado”. En el fondo, todos comparten el mismo credo neoliberal que impide cualquier control de precios o intervención estatal para proteger a los más débiles. Prefieren que los trabajadores paguen la factura de esta guerra imperialista antes que tocar un ápice los beneficios de las grandes corporaciones y sus negocios ya sean de guerra, mercancías o servicios.
Esta crisis nos demuestra, una vez más, la naturaleza intrínsecamente violenta y depredadora del capitalismo. Las democracias liberales, en su versión más descarnada, no son más que el ariete con el que los ricos y las multinacionales machacan a los pueblos para mantener sus privilegios. El capitalismo nos machaca, sí, y lo hace con saña. Lo de Cuba es un ejemplo de libro, necesitan rendirla por hambre para acabar con una revolución que lleva décadas plantándole cara al Imperio y por supuesto dando mal ejemplo al mundo. La situación de Cuba demuestra la barbarie del capitalismo. Por eso la hemos de apoyar.
Pero detrás de esta barbarie hay una estrategia consciente. Los capitalistas de la anglosfera y sus jefes sionistas necesitan el caos global. Necesitan guerras, inflación y desabastecimiento para justificar el control social, para acelerar el empobrecimiento de la mayoría y para intentar destruir, de una vez por todas, cualquier atisbo de soberanía en el Sur Global. Quieren acabar con los procesos de liberación nacional, con los gobiernos que anteponen el interés de su pueblo al dictado de los mercados. Quieren un mundo polarizado entre una élite multimillonaria y una masa empobrecida y sin derechos. Frente a eso, solo nos queda la organización popular, la defensa de nuestra soberanía y la lucha por un mundo que ponga la vida y las necesidades de los pueblos por encima del beneficio de unos pocos… Y la alianza con el “Sur Global” y sus movimientos en defensa de la soberanía y un mundo al menos diferente.








