Antonio García Jiménez
Cada año, desde 1948, tiene lugar a finales de febrero un debate en la República Checa y Eslovaquia sobre el período socialista checoslovaco, que comenzó en ese mismo año con el “Febrero Victorioso” y finalizó en 1989 con la “Revolución de Terciopelo”.
Una de las cuestiones que surgen en estas conversaciones es la posibilidad de que la República Socialista de Checoslovaquia se hubiera desarrollado de manera diferente si la Primavera de Praga no hubiera sido detenida por la invasión del Pacto de Varsovia en agosto de 1968. Existe un consenso bastante extendido en torno a la idea de que esta invasión no estaba justificada y de que la misma causó daño a la causa socialista en lugar de reforzarla. Ya en el momento de producirse, partidos tan diferentes entre sí como los anti-revisionistas de Albania y China; los eurocomunistas de España, Francia e Italia; o la Liga de los Comunistas de Yugoslavia, protestaron contra la intervención. Por su parte, los gobiernos de los países participantes en la invasión, así como algunos partidos comunistas, como el portugués, la apoyaron argumentando la necesidad de defender el socialismo de la restauración del capitalismo que habría tenido lugar de no ser por esta intervención. Aunque todos los actores mencionados tenían sus razones para defender u oponerse a la invasión, es necesario conocer cuáles eran los objetivos de Alexander Dubček, Ludvik Svoboda y demás reformistas de la Primavera de Praga.
Las ideas de este proceso, popularmente conocidas como “socialismo con rostro humano”, se recogen en el “Programa de acción del Partido Comunista de Checoslovaquia”, adoptado en abril de 1968 por el comité central del partido. Se trata de un documento elaborado de cara al XIV Congreso del partido, en el cuál se debatirían estas ideas y se tomarían las decisiones pertinentes, si bien, su celebración se vio frustrada por la invasión. Este programa, de unas 20 páginas, se divide en cuatro partes: una introducción en la que se presentan los problemas del país y se muestran las líneas generales para resolverlos; la segunda, que trata de la reforma en el plano político; la tercera, referida a las medidas económicas; y la cuarta, que incluye varias cuestiones, siendo las relaciones internacionales la más relevante para nuestro análisis. Naturalmente, no podemos analizar el contenido íntegro del documento, así que nos limitaremos a tratar los temas más importantes.
Superar las causas de la profunda crisis social
Entre los problemas recogidos en la primera parte destacamos dos. El primero es el uso de los medios de la lucha de clases contra el pueblo trabajador. Los reformistas consideraban que la lucha de clases había sido ganada y que Checoslovaquia debía construir la democracia socialista. Además, señalaron que los métodos centralistas y burocráticos, unidos al sectarismo que se vivió en el país en los años pasados, había suprimido los intentos de comunistas honestos para desarrollar esta democracia.
Es cierto que quedaban algunos partidarios de restaurar el capitalismo en territorio checoslovaco, si bien estos eran absolutamente minoritarios, alrededor de un 5% de la población1, según encuestas elaboradas en 1968, cuando ya se había levantado la censura y había una amplia libertad de expresión. Por su parte, el Grupo de Prensa de los Periodistas Soviéticos, en su libro “ Los Acontecimientos en Checoslovaquia” de 1968 en el que tratan de justificar la invasión, argumentan que numerosos burgueses habían huido a países capitalistas y tenían apoyo financiero y de inteligencia occidental. A pesar de esto, no tenían forma de provocar una rebelión interna debido a la falta de apoyo dentro de Checoslovaquia, pues como indican las encuestas, el 89% de la población apoyaba el socialismo. Por su parte, la destrucción mutua asegurada de ambos bloques disuadía intentos de invasión militar occidental. Por tanto, buena parte de la represión que se daba en esta época por parte del estado iba dirigida a otros socialistas, lo que abrió una brecha entre la sociedad y el gobierno, que los reformistas trataban de cerrar.
El segundo es la expansión excesiva de la industria pesada y el uso del sistema de dirección administrativa de la economía, errores que habían lastrado la economía checoslovaca desde finales de los años 50. Estos dos problemas aparecen relacionados, en tanto que la concentración de los esfuerzos en la industria pesada se derivaba precisamente de no haber permitido el control obrero de la producción, ya que las decisiones económicas eran tomadas por los elementos burocratizados del partido que tenían el poder del estado. Como consecuencia, aspectos fundamentales de la economía como la vivienda, los bienes de consumo, o lo servicios públicos, quedaron desatendidos, lo que provocó malestar en la sociedad.
Por el desarrollo de la democracia socialista, por un nuevo sistema de gestión política de la sociedad
La segunda parte del programa de acción del Partido Comunista de Checoslovaquia plantea las reformas políticas necesarias para el desarrollo de la democracia socialista. Para ellos, el sistema hasta entonces vigente había mantenido en puestos de poder a “personas que reviven constantemente los viejos métodos y hábitos, que se rodean de gente que les sigue la corriente y no de personas cuyas capacidades y carácter serían garantía del buen desempeño de sus funciones”.
Para deshacer esto, la primera medida a tomar era la detención de la “ sustitución e intercambio de organismos estatales, agencias de organizaciones económicas y sociales por organismos del partido”, de modo que las resoluciones de este afecten a los comunistas que trabajan en estas instituciones, pero no sean directrices para las instituciones en sí mismas.
Por otra parte, se pretendía fomentar la participación ciudadana a través de la revitalización del Frente Nacional, que debía formar parte de la creación de la política estatal. El Frente Nacional, era una alianza de partidos y organizaciones formada tras la derrota de los nazis para avanzar en la reconstrucción del país y estaba formado, además de por el Partido Comunista, por varios partidos, todos ellos favorables al socialismo, pero que representaban los intereses de diferentes grupos de la sociedad. Los otros partidos que formaban parte del mismo eran el Partido Popular Checo y el Partido de la Libertad en Eslovaquia, que representaban a sectores cristianos y rurales; el Partido del Renacimiento Eslovaco, que apelaba a la defensa de la cultura e identidad de esta nación; y el Partido Socialista Checoslovaco, que había gozado del apoyo de buena parte de las capas medias de la sociedad checa.
Según el programa de acción, el Partido Comunista debía ser la fuerza dirigente de la sociedad, si bien, “El Partido no puede imponer su autoridad, sino que debe ganársela una y otra vez mediante su actividad. No puede imponer su línea mediante directivas, sino mediante el trabajo de sus miembros y la veracidad de sus ideales.”
No obstante, hay que tener en cuenta que, según el programa de acción “el Frente Nacional es una plataforma política que no separa a los partidos políticos en gobierno y oposición, en el sentido de que se crearía una oposición a la política estatal como política de todo el Frente Nacional y existiría una lucha por el poder político en el Estado”. En su lugar, “las posibles diferencias en los puntos de vista de los distintos componentes del Frente Nacional (…) deben resolverse (…) mediante el acuerdo político y la unificación de todos los componentes del Frente Nacional”.
La forma concreta en la que se resolverían estas diferencias no se especifica. Más adelante, se habla de revivir el papel de la Asamblea Nacional en la producción de legislación, de modo que no se limite a aprobar todo lo que el Partido Comunista le envía, y en el control del gobierno, y se resalta que “el poder de los órganos electivos emana de la voluntad de los votantes”, por lo que podría parecer que este cuerpo legislativo elegido democráticamente podría ser el lugar donde se forme el acuerdo entre los diferentes partidos del Frente Nacional, si bien esta duda nunca se llegó a despejar.
Para complementar el desarrollo democrático, se tomaba como requisito esencial la libertad de expresión, “en el marco de las leyes socialistas y en armonía con el principio de que las decisiones se toman de acuerdo con la voluntad de la mayoría”. Teniendo en cuenta que “los antagonistas del socialismo pueden intentar abusar del proceso de democratización”, el partido defendía que “en las condiciones de nuestro país, insistimos en el principio de que la ideología burguesa solo puede ser cuestionada en una lucha ideológica abierta ante todo el pueblo”. Todo esto, unido al levantamiento de la censura que de facto se produjo desde el comienzo del proceso reformista, muestra que esta libertad de expresión era real y efectiva.
Cerramos esta segunda parte con la mención que se hace a la necesidad de “trabajar por nuestra participación activa en la concepción de la doctrina militar de los países del Pacto de Varsovia”, lo que indica la voluntad de dejar de ser un estado satélite de la URSS, sin por ello abandonar la alianza con el bloque socialista.
La economía nacional y el nivel de vida
La tercera parte comienza describiendo los aspectos más importantes de la reforma económica, siendo estos “el resurgimiento de las funciones positivas del mercado socialista y un cambio profundo en el papel del plan económico, que dejaría de ser un instrumento para emitir órdenes y se convertiría en un instrumento que permitiría a la sociedad encontrar las tendencias a largo plazo más adecuadas para su desarrollo mediante métodos científicos.”
Posteriormente, especifican algo más en qué debe consistir este mercado socialista de la siguiente manera:
“Las empresas que se enfrentan a un mercado exigente deben tener libertad para tomar decisiones sobre todas las cuestiones que afectan directamente a la gestión de las empresas y su economía, y se les debe permitir reaccionar de forma creativa a las necesidades del mercado. Un mercado exigente, junto con la política económica, ejercerá presión sobre la producción para que sea más eficaz e introduzca cambios estructurales saludables”.
No obstante, esta libertad para tomar decisiones no corresponde, como en el capitalismo, a una persona o grupo de personas cuyo único mérito es haber heredado ingentes cantidades de capital. En su lugar, en este mercado socialista “surge la necesidad de crear órganos democráticos en las empresas, (…) los directivos (…) serían responsables ante estos órganos de los resultados generales de su trabajo. Estos órganos deben formar parte directamente del mecanismo de gestión de las empresas y no ser una organización social (por lo tanto, no pueden identificarse con los sindicatos). Estos órganos estarían formados por representantes elegidos del equipo de trabajo y por representantes de determinados componentes externos a la empresa, lo que garantizaría la influencia de los intereses de toda la sociedad y un nivel de toma de decisiones experto y cualificado.” Por tanto, cabría esperar la participación de los consumidores y de científicos expertos en estos órganos democráticos en las empresas encargados de tomar las decisiones económicas, lo cual paliaría muchos de los efectos negativos de la economía de mercado.
En este marco, los reformistas consideraban necesario “abrir el campo a la competencia económica entre empresas de todo tipo y forma, en primer lugar en el ámbito de la producción y el suministro de bienes de consumo y productos alimenticios (…). Sin embargo, no pensamos en el mercado capitalista, sino en el socialista, y no en su utilización incontrolada, sino en su utilización regulada. El plan y la política económica nacional deben presentarse como una fuerza positiva que contribuye a la normalización del mercado y se opone a las tendencias de desequilibrio económico y al control monopolístico del mercado”.
Esta propuesta, algo ambigua, ha sido objetivo de numerosas críticas, en tanto que permitiría la re- introducción de lógicas capitalistas en un país socialista. En este sentido, es necesario contextualizar la propuesta en su momento histórico, pues la referencia que muchos reformistas usaban para referirse a esta nueva política económica era Yugoslavia. En este país, las reformas relativas a la autogestión de las empresas y el socialismo de mercado habían permitido un rápido crecimiento económico a la vez que garantizaban un mayor acceso a bienes de consumo, tanto internos como importados, que en los demás países socialistas. También es cierto que los grandes problemas de la economía yugoslava (desigualdad territorial, inflación y paro crónico), aún no se habían descontrolado, como pasaría en la década siguiente, por lo que podría ser un modelo atractivo para muchas personas.
No obstante, los dirigentes socialistas están en posiciones de poder por su capacidad de ejercer como vanguardia, por lo que debemos ser más exigentes con ellos. Especialmente porque existe otra alternativa a la dirección burocrática además de la introducción del mercado al estilo yugoslavo y esta es la planificación democrática de la economía. De hecho, la teoría marxista, desde la Comuna de París hasta el sistema de soviets en su concepción original, busca la planificación económica de manera democrática a través de estos consejos obreros cuyos miembros son revocables y que van mandando delegados a instancias superiores en las que se planifica la política económica del país. Naturalmente, este modelo no se puede aplicar en un momento de guerra civil o cuando la revolución aún se está consolidando, pero, la Checoslovaquia de 1968 ya había consolidado firmemente el socialismo y no había motivo para retrasar este tipo de planificación. Por supuesto, en una economía socialista puede existir mercado para ciertos tipos de bienes de consumo no esenciales, pero la introducción del mismo en empresa de todo tipo podría tener resultados catastróficos.
Por su parte, es cierto que el programa incluye la regulación de la economía por parte del estado y el seguimiento del marco establecido por el plan, lo cual parece indicar que los líderes de la Primavera de Praga eran conscientes de algunos de los problemas del sistema yugoslavo. Debido a que este programa no se pudo poner en práctica, nunca sabremos exactamente como habría sido el nuevo sistema económico. No obstante, sabemos que, en el peor de los casos, habría un modelo similar al yugoslavo, mientras que lo más probable habría sido una combinación de este con el ya imperante de dirección burocrática de la economía debido a que este había permitido grandes avances justo en las áreas en las que los yugoslavos habían fallado, unido a algunas mejoras introducidas por la participación de los componentes externos a la empresa antes mencionados.
Estas reformas tenían como objetivo, no solo hacer más eficiente la economía socialista, cuyo atraso había causado un estancamiento del nivel de vida, sino también modificar la orientación de la producción pasando de la industria pesada a los bienes de consumo y a la modernización de la agricultura. Tal y como indica el programa de acción, “el desarrollo de la economía se centró en el pasado de manera unilateral en el crecimiento de la industria pesada, con una rentabilidad a largo plazo de las inversiones. Esto se hizo en gran medida a expensas del desarrollo de la agricultura y la industria de bienes de consumo”. Por tanto, como la sociedad demandaba más bienes de consumo, era de esperar que las nuevas empresas influidas por las leyes del mercado, produjeran mayor cantidad de estos bienes y menos industria pesada.
Este cambio, que sin duda mejoraría las condiciones de vida de gran parte de la población, se miró con recelo por parte de algunos comunistas eslovacos debido a que la región de Bohemia (zona más industrializada de la República Checa), a través de la producción de industria pesada, ayudaba a la industrialización de Eslovaquia, que estaba más atrasada. A pesar de esto, Eslovaquia también sufría los problemas de la falta de bienes de consumo, vivienda y servicios públicos.
Los reformistas también tenían ideas para el comercio internacional. Estas se expresaban de la siguiente manera:
“La experiencia derivada de los muchos años de aislamiento de las unidades económicas de la presión competitiva del mercado mundial ha demostrado claramente que esto crea (…) un retraso relativo con respecto al ritmo del progreso técnico y de los cambios económicos estructurales que este progreso condiciona (…).
También apoyaremos activamente el desarrollo de las relaciones económicas con todos los demás países del mundo que muestren interés en ellas, sobre la base de la igualdad, las ventajas mutuas y sin discriminación.”
Este era uno de los asuntos que más críticas provocó, tanto desde la URSS, como desde la República Democrática Alemana. Esto se debe a que, el principal socio comercial en el que se pensaba al tratar esta política era la República Federal Alemana. La Alemania Occidental ya había entrado en la sociedad del consumo, por lo que existía demanda de productos de consumo checoslovacos. Si bien esto hubiera sido beneficioso para buena parte de la sociedad checa, implicaría una reducción de la producción dirigida hacia la Unión Soviética y una legitimación de la RFA, lo cual era inaceptable para la RDA en ese momento.
El estatus internacional y la política exterior de la República Socialista Checoslovaca
La cuarta y última parte del documento trata varios temas, siendo las relaciones internacionales las más importantes. El programa declara que:
“Nos esforzaremos por mantener relaciones amistosas con nuestros aliados —los países de la comunidad socialista mundial— para continuar, sobre la base del respeto mutuo, intensificando la soberanía y la igualdad, así como la solidaridad internacional. En este sentido, contribuiremos de forma más activa y con un concepto más elaborado a las actividades conjuntas del Consejo de Ayuda Económica Mutua y del Tratado de Varsovia (…).
En lo que respecta a las relaciones con los países en desarrollo, la Checoslovaquia socialista contribuirá al fortalecimiento del frente antiimperialista y apoyará, dentro de sus posibilidades y capacidades, a todas las naciones que se opongan al imperialismo.”
Por lo tanto, el argumento en favor de la invasión de que Checoslovaquia iba a abandonar el Pacto de Varsovia, es claramente falso. Es cierto que antes de la intervención existían personas que favorecían la neutralidad del país y el acercamiento a occidente, no obstante, esta posición era minoritaria y sus partidarios eran intelectuales agrupados en algunas revistas, sin una plataforma política real, poder alguno, o base de apoyo social. De hecho, fue la invasión de agosto la que provocó un aumento masivo de estas posturas, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que los supuestos aliados de Checoslovaquia acababan de entrar con tanques en su país y secuestrado a los miembros del gobierno para llevárselos a Moscú.
No obstante, la parte más polémica era la siguiente:
“Perseguiremos activamente la política de coexistencia pacífica con los países capitalistas avanzados. Nuestra posición geográfica, así como las necesidades y capacidades de un país industrial, exigen que llevemos a cabo una política europea más activa. Partiremos sistemáticamente de la existencia de dos Estados alemanes. El pueblo checoslovaco quiere vivir en paz con todas las naciones.”
Ciertamente, es criticable el excesivo optimismo del gobierno reformista, pues los estados capitalistas gastaban millones de dólares en espionaje, sabotajes y propaganda contra los países socialistas. Además, fundaron una alianza militar, la OTAN, cuyo objetivo principal era prepararse para una guerra en contra de los socialistas. Por si esto fuera poco, tal y como señala la ya citada obra “Los Acontecimientos en Checoslovaquia”, la Alemania Occidental financiaba organizaciones revanchistas que buscaban volver a invadir los sudetes y varios de los partidos políticos gobernantes hacían propaganda a favor de la “recuperación” de este territorio que los nazis habían robado a Checoslovaquia y que esta recuperó al derrotarlos. Con todo esto, debemos recordar que la política de coexistencia pacífica fue implementada por la propia URSS en la era de Kruschev debido al miedo a una guerra nuclear entre ambos bloques que podría acabar con la vida en el planeta Tierra.
Conclusión
Teniendo en cuenta toda esta información, es posible concluir que las reformas de la Primavera de Praga no suponían la re-introducción del capitalismo en el país, ni existía un riesgo real de contrarrevolución dirigida por las potencias capitalistas. En cambio, estas reformas tenían un gran respaldo popular, un 76% de la población las apoyaba, y el socialismo, como vimos al principio, también gozaba de gran popularidad en el país. Por tanto, a pesar de las críticas válidas a los dirigentes reformistas, sus acciones iban encaminadas a la democratización del estado y a la mayor eficiencia económica, todo ello dentro del marco del socialismo, siendo la invasión un hecho injustificable que ha provocado un daño a la imagen del comunismo el cual perdura a día de hoy.
1 Halil. (2025). Czechoslovakia 1968: Public Opinion on Politics and Reforms – SlideServe. SlideServe. https://www.slideserve.com/halil/public-opinion-toward-politics-and-reforms-in-czechoslovakia-in-1968- powerpoint-ppt-presentation








