Isidro López
«El capitalismo está sometido al impulso de eliminar todas las barreras espaciales, “aniquilar el espacio a través del tiempo” como dice Marx, pero sólo lo puede hacer mediante la producción de un espacio adaptado». David Harvey
A pesar del vasallaje en el terreno militar de la UE con respecto a EEUU, intenta la proyección exterior a través de dos medios:
a) Los programas de colonización como la Global Gateway (GG) impulsada por Von der Leyen. Lo que se puede intuir es que la GG se arma con fines geopolíticos hegemónicos, la propia web de la UE nos proporciona la pista, anuncia que «Iniciativas como Build Back Better World (B3W) y Global Gateway (GG) se reforzarán mutuamente». El Build Back Better World (B3W) anunciado por EEUU fue la apuesta de Biden contra la Ruta de la Seda con un proyecto de mejorar la infraestructura global “de manera transparente y sostenible, financiera, ambiental y socialmente”
b) La transnacionalización de la economía europea mediante los TLC (Tratados de LibreComercio) con terceros países como plan de extracción y expansión de las empresas europeas. Son una expresión claramente visible de las asimetrías de poder que tienen lugar en la economía mundial, sumamente agresivos en su búsqueda de imponer estándares de compromiso más ambiciosos que los alcanzados en el ámbito de la OMC.
En un pasaje de los Grundrisse, Marx daba cuenta de que la creación de plusvalía absoluta exige la ampliación constante de la esfera de circulación de mercancías en la estructura económica del capitalismo. De manera que “la tendencia a crear el mercado mundial está dada directamente en la idea misma del capital”. Lo que se puede intuir es que la Global Gateway se arma con fines geopolíticos hegemónicos.
A partir del fin de la Guerra Fría, se impuso la lógica incuestionable del libre comercio como único camino de intercambio económico, los principios del Consenso de Washington fueron expresión de ello, la UE no ha sido ajena a ello, la liberalización comercial, para garantizar la circulación de insumos y bienes. Los TLC constituyen la garantía jurídica por excelencia de la satisfacción de estas necesidades, en la medida en que contienen regulaciones que favorecen a la parte dominante, la realidad es «la acumulación por desposesión«, como la llama David Harvey [1]
Desde el punto de vista marxista los TLC son la respuesta del Capital europeo a la caída en la tasa de ganancia en dos direcciones:
i) la ampliación de mercados a través de la firma creciente de tratados de libre comercio,
ii) la ampliación de la plusvalía por la vía de una mayor tasa de explotación.
Teniendo en cuenta que los cambios tecnológicos posibilitaron una mayor fragmentación de los procesos productivos, es decir, la organización de la producción en diversos territorios, según lo más conveniente a las necesidades de la acumulación del capital en la etapa concreta. Es lo que hoy llamaríamos cadenas globales de valor, cuyas principales protagonistas son las empresas transnacionales en un escenario ideal para ellas.
Además los TLCs de nueva generación incluyen temas que impactan sobre el poder regulatorio de los Estados limitando su poder para desplegar políticas de desarrollo. Entre estos temas podemos destacar: propiedad intelectual, transferencia tecnológica, patentes industriales y científicas, sector servicios, compra pública del Estado y protección de inversiones extranjeras.
La alta exposición a los Tratados de libre comercio tiene consecuencias: concentración de las exportaciones en pocas manos, bienes con escaso valor agregado y/o contenido tecnológico; destrucción de una parte importante del tejido industrial nacional, aumento del desempleo y/o del empleo de baja calidad; pérdida de instrumentos del Estado para gestionar políticas de desarrollo de compras públicas, exigencias a la inversión extranjera de proveedores locales, transferencia tecnológica, en pocas palabras condena a las economías periféricas emergentes a un modelo de matriz económica primario-extractiva como eje de ganancias.
Los TLC
Más allá de las cuotas de apertura comercial, quedó claro que la negociación entre Mercosur y Unión Europea mantendría las características de los acuerdos neoliberales de nueva generación: es decir un ordenamiento jurídico global e inflexible, jerarquizado frente a derechos sociales e individuales locales y blandos; legislaciones nacionales desreguladas y actos soberanos cancelados por acuerdos comerciales en función de la “seguridad jurídica”; una integración subordinada y desequilibrada al mercado global, y la aceptación de la nueva división mundial del trabajo.
[1] Harvey, David (2004): “El nuevo imperialismo”. Ed. Akal , Madrid








