Por Paz Galache Payá
Por el título podríais pensar que voy a hablar de filosofía o que me he dejado abducir por Iker Jiménez. Pero no. Soy una mujer de ciencias y el feminismo materialista es lo mío. Voy a escribir sobre Florence Parpart y el Segundo Principio de la Termodinámica.
¿Sabéis quién fue Florence Parpart? Claro que no. Qué cosas más tontas pregunto. Si nos han ocultado los logros de las grandes científicas −que haberlas las ha habido−, cómo nos iban a hablar de esta ama de casa de Hoboken, Nueva Jersey. Bueno, pues que sepáis que Florence era inventora. Patentó, entre otras muchas cosas, una barredora industrial (1904) y un refrigerador eléctrico (1914), pero también ideó un barco plegable del que apenas quedan referencias.
La barredora mecánica fue todo un éxito; el aparato fue adoptado en ciudades como Nueva York, Chicago y Filadelfia y la misma Parpart se encargó de publicitarla, comercializarla y distribuirla. Lo que hoy llamaríamos una mujer emprendedora. La barredora de Florence, como señalaba su publicidad, reducía «sustancialmente las enfermedades, el sufrimiento y la consiguiente tasa de mortalidad» porque podía «mantener las calles limpias sin trabajo pesado y sin dispersar suciedad, polvo y basura al aire libre».
En 1914, Florence Parpart patentó el primer refrigerador moderno de la historia. Las cajas de hielo que se venían usando hasta entonces quedaron obsoletas y el nuevo artilugio, que permitía una nueva forma de cocinar y conservar los alimentos, ocupó su lugar en las cocinas de todo el mundo. La experiencia empresarial adquirida con las barredoras permitió a Florence vender su refrigerador por todo el país.
¿Y qué me decís del barco plegable? Porque la relevancia de Parpart no fue solo que inventaba cosas; mucho más importante es la desbordante imaginación que desplegaba en sus inventos. ¡Una mujer de principios del siglo XX pensando en embarcaciones portátiles! Cuando la industria naval solo veía grandes mamotretos para la guerra, ella veía ligeras embarcaciones para el rescate o el recreo.
Naturalmente, en todas sus patentes aparecía un tal Layman como primer firmante. Hoy se sabe que las ideas las tenía ella y que Layman era tan solo su marido; pero en aquella época una mujer inventora nunca habría sido tomada en serio, así que el mérito durante muchos años se lo llevó él.
No se sabe, o al menos no se dice en ningún sitio, si Parpart tenía nociones de Termodinámica. Quizás simplemente aplicó la experimentación práctica para diseñar su frigorífico, pero resulta que un frigorífico funciona gracias al Segundo Principio de la Termodinámica.
La Termodinámica, amigas, es la ciencia que estudia los procesos de intercambio de energía. Para la Termo, por acortar, todos los seres vivos somos sistemas abiertos, es decir, intercambiamos materia y energía con nuestro entorno. Por ejemplo, tomamos energía química en forma de alimentos y realizamos trabajo sobre nuestro entorno al movernos, hablar, caminar y respirar.
Esta ciencia se basa en cuatro grandes principios. Y ojo, que cuando los científicos usamos la palabra principio es cosa seria. Los principios en el mundo de las ciencias son verdades universales de los que derivan leyes. Seguro que habéis oído alguna vez eso de “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”. Pues eso es el Primer Principio de la Termodinámica.
Supongo que también habéis oído hablar de la entropía y que alguna vez habéis hecho algún chiste con eso de que el desorden de vuestro armario aumenta inevitablemente por culpa de una ley que dice que la entropía, que mide el desorden, siempre aumenta. Bueno, pues ese es el Segundo Principio de la Termodinámica. Como ya os he contado, cuando nos alimentamos transformamos la energía química en trabajo, pero también en calor que mantiene nuestro cuerpo calentito, aunque una gran parte de él se disipa en el ambiente que nos rodea y se pierde; es decir, aumenta el desorden y, por tanto, aumenta la entropía del Universo.
Una de las consecuencias de ese aumento de entropía es la irreversibilidad de los procesos espontáneos. Todos los procesos naturales son irremediablemente irreversibles porque todos ellos aumentan la entropía del Universo y eso es imposible de revertir.
Si quemamos un papel con una cerilla, arde, se transforma naturalmente en cenizas y nunca podremos recuperar el papel. De forma espontánea, una manzana jugosa y carnosa se oxida y se pudre. Podemos meter la manzana en el frigorífico de Florence y retrasar su oxidación, pero cuando la vayamos a comer nunca estará como cuando la compramos. Nuestra piel se agrieta y pierde densidad con los años. Envejecemos irreversiblemente y la entropía del Universo aumenta.
Sabemos que durante la pubertad se producen cambios en los sistemas esquelético, muscular, reproductivo, endocrino… Si nos fijamos solamente en el cerebro, se produce lo que se llama “poda sináptica” para conseguir conexiones neuronales más eficientes, se experimenta la maduración de áreas básicas primero y de la corteza prefrontal después para planificar y controlar impulsos, se hiperactiva la amígdala, se produce más dopamina y el proceso de mielinización mejora la comunicación neuronal, resultando un cerebro más rápido y complejo. Todas estas transformaciones se desarrollan de forma paulatina y acompasada con el resto de los cambios a lo largo de los años que dura la pubertad. ¿Y sabéis qué? Se trata de procesos naturales espontáneos, y son, por tanto, irreversibles, porque todos ellos aumentan de forma natural la entropía del Universo. Si los bloqueamos con hormonas, los cambios se detienen, y lo hacen irreversiblemente. ¿Por qué? Porque lo que se desencadena al tomar esas hormonas también es un proceso natural y es irreversible. Porque, aunque anulemos la ingesta de hormonas, ese cerebro nunca se desarrollará de la misma forma que en el proceso natural inicial. Porque la reversibilidad no existe en la naturaleza. Porque la vida es irreversible. Porque vivir aumenta la entropía del Universo.
Los Principios de la Termodinámica se empiezan a estudiar de forma muy somera en la ESO, luego en el Bachillerato y después en los primeros cursos de todas las carreras de ciencias. Y ahora vienen las preguntas: ¿Cómo puede haber profesionales de la salud que afirman que bloquear la pubertad es reversible? ¿Dónde estaban esos brillantes expedientes académicos cuando se estudiaba Termodinámica? ¿Se fugaban las clases?
No sé si Florence sabía Termo, pero todo ese personal científico y sanitario que afirma que bloquear la pubertad es reversible sí la ha estudiado. Sencillamente mienten. Mienten y esperan que tanto sus mentiras como el deterioro en esas personas sanas con las que están experimentando no se noten mucho.
Y no hace falta saber Termodinámica para afirmarlo. Es solo sentido común.








