Guzmán Villardón Preciado; @GuzmanVillardon
Durante muchos años me invadía la pregunta de qué ocurría con los libros una vez que los hemos leído y releído.
Es verdad que algunos se quedan en casa haciéndote compañía durante tus días, otros los dejamos a nuestras amistades (y muchos no regresan), otros los donamos a bibliotecas públicas o asociaciones culturales y otros los dejamos en la calle para que alguien se haga con ellos y disfrute lo que nos haya hecho disfrutar o si cabe algo más.
Pero esa respuesta no es suficiente. Los datos oficiales dicen que en el Estado se venden cerca de 77 millones de libros al año. Creamos o no estos datos, son muchos millones de libros los que se venden al año. Y volviendo a mi pregunta; no hay vida para tantos libros después de su lectura.
La respuesta a mi duda casi existencial vino sola en unos días de descanso por Cantabria, en concreto en el pueblo de Isla. Subiendo la cuesta que da a la entrada del pueblo vi una librería grande que se llamaba: El almacén de los libros olvidados.
Entré como si hubiera un gran imán que me llevara al interior de la tienda. Y allí estuve largo rato hablando con el responsable. Me estuvo contando cuál es su modus operandi.
Me contó que en su inmensa mayoría se nutren de donaciones que hacen los lectores y lectoras. Después de hacer su recepción, forman parte de su enorme catálogo de unos 75000 títulos. Sí me dijo que preferían ediciones lo más antiguas posibles. Allí encontré segundas y terceras ediciones de obras de García Lorca, García Márquez,…
Luego las venden y hay que decir a módicos precios a partir de 5€.
Me marché de la librería con mi pregunta respondida, con la alegría de saber que los libros tienen vida más allá de la lectura y pensando, aunque fuera por tan solo unos minutos, que la vida, la escritura y la cultura merecía la pena sentirlas y vivirlas.








