Por Alejandro Giménez Sánchez, @AlexGimSan
La situación en Palestina, particularmente en la Franja de Gaza, continúa deteriorándose dramáticamente a pesar del supuesto alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre de 2025. Los datos más recientes de Palestine Chronicle revelan una realidad brutal que desafía cualquier narrativa de paz o estabilización: más de 71.410 palestinos han sido asesinados, 171.304 han resultado heridos y 9.500 permanecen desaparecidos desde el inicio de la actual escalada genocida.
Contrariamente a lo que podría esperarse de un acuerdo de cese de hostilidades, las fuerzas de ocupación israelíes han perpetrado cientos de violaciones desde que el alto el fuego supuestamente entró en vigor. Según fuentes palestinas documentadas por Palestine Chronicle, Israel ha cometido al menos 439 asesinatos y ha herido a más de 1.223 palestinos mediante ataques aéreos, bombardeos de artillería y disparos directos durante el período del «alto el fuego».
El ejército israelí ha continuado realizando ataques aéreos en múltiples ubicaciones a lo largo de la Franja de Gaza, apuntando específicamente a zonas donde sus propias fuerzas de ocupación están actualmente desplegadas. Los bombardeos han alcanzado áreas al este de Rafah y Khan Yunis en el sur de Gaza, así como el campo de refugiados de Al-Bureij. Esta estrategia militar revela una intención clara: mantener el control territorial mediante la violencia sistemática, independientemente de cualquier compromiso internacional.
En un reconocimiento parcial de sus crímenes, el ejército israelí admitió haber matado a tres palestinos en incidentes separados en la Franja de Gaza el sábado pasado, alegando que representaban una «amenaza inmediata» para las fuerzas desplegadas en terreno. El ejército declaró que tropas de la Brigada 188 operando en el sur de Gaza identificaron a tres palestinos que cruzaron la denominada «línea amarilla» y se acercaron a las fuerzas de ocupación israelíes, procediendo a ejecutar un ataque aéreo que mató a un hombre descrito como «militante».
Testigos oculares citados por la agencia Anadolu confirmaron que todas las áreas atacadas por las fuerzas israelíes caen dentro de zonas de las cuales Israel supuestamente debía haberse retirado bajo los términos del acuerdo de alto el fuego. Esta revelación expone la completa falta de intención israelí de cumplir con cualquier compromiso internacional, convirtiendo el «alto el fuego» en una mera cortina de humo para continuar el genocidio con impunidad relativa.
Bebés muriendo de frío
Una de las manifestaciones más crueles del bloqueo israelí sobre Gaza es la muerte de bebés por exposición al frío extremo. El 10 de enero de 2026, un bebé de dos meses identificado como Muhammad Wissam Abu Harbid murió en la Ciudad de Gaza por exposición a temperaturas extremadamente bajas. Su muerte ocurrió apenas horas después de que otro bebé, Mahmoud al-Aqra, también falleciera por exposición al frío extremo en Gaza, subrayando el creciente impacto mortal de las condiciones invernales sobre los residentes más vulnerables de la Franja.
Estas muertes no son accidentes ni tragedias inevitables: son el resultado directo del bloqueo israelí que impide la entrada de suministros humanitarios esenciales, incluyendo alimentos, materiales de calefacción y protección contra las inclemencias del tiempo. La ocupación israelí continúa endureciendo su bloqueo sobre la Franja de Gaza, bloqueando activamente la entrada de suministros vitales mientras las tormentas invernales severas barren la región.
La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) ha advertido que los niños en Gaza están soportando condiciones que ningún niño debería enfrentar. Las restricciones israelíes en curso están obstruyendo la entrega de asistencia humanitaria vital, dejando a los niños sin refugio adecuado, nutrición o tratamiento médico.
«Los niños deberían sentir calidez, nutrición adecuada y seguridad», declaró la UNRWA. «En Gaza, están privados de las tres».
Las familias desplazadas están pasando el invierno en tiendas frágiles que se inundan durante las lluvias intensas y colapsan bajo vientos fuertes. Muchos niños duermen sin mantas, esperan durante horas por comida limitada, y sufren de enfermedades no tratadas en refugios superpoblados que carecen de agua limpia o calefacción. Los equipos médicos han reportado un aumento dramático en la desnutrición aguda entre bebés y niños pequeños, vinculando el incremento directamente al colapso de los servicios básicos y la entrada irregular de suministros alimentarios.
Mientras UNRWA y otras agencias humanitarias continúan distribuyendo la limitada ayuda disponible dentro de Gaza, afirman que una expansión significativa de las operaciones sigue siendo imposible sin acceso irrestricto. Los convoyes de ayuda son frecuentemente retrasados en puestos de control militares, los camiones son devueltos sin explicación, y suministros críticos permanecen varados fuera de las fronteras de Gaza.
Las condiciones invernales han intensificado aún más la crisis. Las lluvias intensas han inundado los campamentos de desplazados, obligando a las familias a quemar trozos de madera para calentarse. Los médicos advierten que los efectos combinados de la exposición al frío, el hambre y las enfermedades no tratadas están creando condiciones potencialmente mortales, particularmente para los niños.
UNRWA ha renovado sus llamados para el levantamiento completo de las restricciones sobre la ayuda humanitaria, enfatizando que la crisis en Gaza no es causada por una falta de suministros, sino por su obstrucción deliberada. «La supervivencia de los niños de Gaza depende de si la comunidad internacional cumple con sus obligaciones legales y morales», declaró la agencia.
La agencia enfatizó que el acceso humanitario es una obligación legal bajo el derecho internacional, no una cuestión de elección, advirtiendo que cada día de demora profundiza una situación ya catastrófica para los residentes más vulnerables de Gaza.
La Cruz Roja ha advertido sobre el riesgo del colapso de edificios dañados por la guerra en Gaza, una amenaza que se suma al ya precario entorno en el que sobreviven los gazatíes. Según reportes de Naciones Unidas, 55.000 familias han sido afectadas por las recientes lluvias en Gaza, una cifra que subraya la magnitud de la crisis de vivienda y la vulnerabilidad extrema de la población desplazada.
La Defensa Civil de Gaza ha advertido que una ola de frío severa amenaza las vidas de los niños, mientras las familias luchan por sobrevivir en estructuras temporales completamente inadecuadas para protegerlos de las condiciones climáticas extremas. En ese mismo contexto, seis personas fueron rescatadas con vida después de que el techo de su hogar colapsara debido a una tormenta al oeste de la Ciudad de Gaza, evidenciando la fragilidad mortal de las condiciones habitacionales actuales.
La continuación de la represión en Cisjordania
La violencia no se limita a Gaza. En Cisjordania, las fuerzas de ocupación israelíes continúan realizando incursiones brutales. Una reciente redada israelí en Nablus dejó a palestinos heridos y periodistas específicamente atacados, demostrando el patrón sistemático de atacar a aquellos que documentan los crímenes de la ocupación.
La Sociedad de Prisioneros reportó que 40 palestinos fueron arrestados en una campaña generalizada en Cisjordania, mientras las fuerzas de ocupación israelíes detuvieron a cuatro prisioneros liberados en Tulkarm. Cuatro palestinos fueron disparados y varios detenidos en redadas del ejército israelí a través de Cisjordania, y dos jóvenes palestinos fueron asesinados en menos de 24 horas en las continuas redadas en Cisjordania.
A nadie sorprenderá ya a estas alturas que Estados Unidos se negó a condenar la violencia ilegal de los colonos israelíes en Cisjordania, revelando la complicidad directa del gobierno estadounidense en los crímenes de la ocupación. Por si eso no fuera suficiente las fuerzas de ocupación israelíes asaltaron a dos jóvenes en Hebrón, y asaltaron el vecindario oriental de Jenin, manteniendo una campaña constante de terror contra la población palestina.
La Naciones Unidas ha documentado cómo Israel intensifica su represión contra periodistas y defensores de derechos humanos en Palestina, un esfuerzo sistemático por silenciar cualquier documentación de los crímenes en curso. Más de 12.000 niños palestinos han sido desplazados por la fuerza por Israel en Cisjordania, según UNRWA, una cifra que representa una limpieza étnica silenciosa y continua.
La Expansión Colonial Continúa
Israel aprobó la creación de un nuevo asentamiento al norte de Jerusalén, mientras Egipto llamó a medidas internacionales «efectivas» para detener la expansión de asentamientos. Esta continua colonización del territorio palestino ocurre incluso durante el supuesto «alto el fuego», evidenciando que la estrategia israelí es de conquista territorial permanente, no de paz.
Israel está por lanzar un proyecto de asentamiento al este de Jerusalén, aislando a las comunidades beduinas, una táctica de fragmentación territorial diseñada para hacer imposible cualquier solución de dos estados y garantizar el control israelí absoluto sobre toda Palestina histórica.
Hamas ha advertido que las repetidas violaciones israelíes del alto el fuego amenazan con colapsar el acuerdo, y ha llamado a los mediadores a actuar mientras Israel continúa violando el alto el fuego. Sin embargo, estas advertencias han caído en oídos sordos de la comunidad internacional, que parece más interesada en mantener la ficción de un proceso de paz que en obligar a Israel a cumplir con sus compromisos.
Un genocidio a plena vista que no podemos permitirnos olvidar
La situación actual en Palestina no es una «crisis humanitaria» ni un «conflicto». Es un genocidio sistemático, calculado y ejecutado a plena luz del día, con la complicidad activa y pasiva de gran parte de la comunidad internacional. Más de 71.410 muertos, 171.304 heridos, 9.500 desaparecidos: estas no son estadísticas abstractas, son vidas humanas arrancadas, familias destruidas, generaciones completas aniquiladas.
Cuando bebés de dos meses como Muhammad Wissam Abu Harbid y Mahmoud al-Aqra mueren congelados en pleno siglo XXI, no estamos ante tragedias inevitables, sino ante crímenes de guerra deliberados. El bloqueo que impide la entrada de mantas, calefacción y materiales de construcción es una elección política, una herramienta de exterminio diseñada para hacer la vida insostenible en Gaza.
Cuando Israel continúa bombardeando áreas supuestamente bajo alto el fuego, matando a 439 personas y hiriendo a más de 1.223 en una nueva violación flagrante de los acuerdos, no estamos ante «tensiones» o «incidentes aislados», sino ante la evidencia irrefutable de que nunca hubo intención real de paz, solo una pausa táctica en el genocidio.
Este genocidio tiene nombres y rostros: Muhammad Wissam Abu Harbid, Mahmoud al-Aqra, los más de 71.000 palestinos asesinados. Pero también tiene responsables: el Estado de Israel como ejecutor directo; Estados Unidos como proveedor de armas y escudo diplomático; las grandes potencias europeas que miran hacia otro lado; las corporaciones tecnológicas que censuran las voces palestinas; y cada gobierno que permanece en silencio mientras se comete este crimen contra la humanidad.
El mayor peligro que enfrentamos no es solo la barbarie en sí, sino su normalización. Cada día que pasa, cada nuevo titular que registra otra masacre, cada cifra que se actualiza con más muertos corre el riesgo de convertirse en ruido de fondo, en «una noticia más» que apenas causa conmoción. El mundo se acostumbra al horror, y en ese acostumbramiento reside la verdadera victoria de los perpetradores del genocidio.
Nos dicen que hay un «alto el fuego», y mientras tanto los bombardeos continúan. Nos hablan de «procesos de paz», mientras Israel expande asentamientos y consolida su apartheid. Nos invitan a «comprender la complejidad del conflicto», mientras bebés mueren de frío por un bloqueo deliberado. Esta es la estrategia: confundir, diluir la responsabilidad, normalizar lo inaceptable hasta que dejemos de verlo como lo que es.
No podemos permitirnos el lujo del olvido. Porque olvidar Gaza es volverse cómplice del genocidio. Cada día que no hablamos de Palestina, que no compartimos su realidad, que no exigimos justicia, es un día en que contribuimos al silencio que permite que continúe la masacre.
Ante esta situación, el sentimiento de impotencia puede ser abrumador. Pero la impotencia no es una opción que podamos permitirnos. Existen acciones concretas que cada uno de nosotros puede y debe emprender:
1. Romper el silencio informativo
La batalla por la narrativa es fundamental. Comparte esta información, difunde los testimonios palestinos, amplifica las voces que los medios corporativos silencian. Usa tus redes sociales, habla con tu familia y amigos, organiza charlas y presentaciones. Cada persona que comprende la realidad de Palestina es una victoria contra la maquinaria de desinformación.
2. Exigir a nuestros representantes
Presiona a tus diputados, senadores, concejales y representantes políticos. Exige que tu gobierno:
- Suspenda todas las relaciones diplomáticas y comerciales con Israel
- Apoye sanciones internacionales contra el Estado de Israel
- Reconozca el genocidio por su nombre
- Apoye el derecho al retorno de los refugiados palestinos
- Exija el levantamiento inmediato del bloqueo sobre Gaza
Los políticos responden a la presión pública. Si miles de ciudadanos exigimos cambios, esos cambios pueden materializarse.
3. Boicot, desinversión y sanciones (BDS)
El movimiento BDS ha demostrado ser una de las herramientas más efectivas para ejercer presión sobre Israel. Boicotea productos israelíes, empresas que apoyan la ocupación, instituciones académicas y culturales que normalizan el apartheid. Presiona a tu universidad, sindicato o institución para que desinvierta de empresas cómplices. Las sanciones económicas funcionaron contra el apartheid sudafricano; pueden funcionar contra el apartheid israelí.
4. Apoyo directo a organizaciones humanitarias
UNRWA, organizaciones médicas palestinas, proyectos de reconstrucción: todos necesitan apoyo urgente. Tu contribución económica, por pequeña que sea, puede salvar vidas. Pero más allá de la donación individual, presiona para que se levanten las restricciones que impiden que la ayuda humanitaria llegue a quienes la necesitan.
5. Documentar y preservar la memoria
Guarda los testimonios, archiva las imágenes, preserva los datos. La historia la escriben los vencedores, pero nosotros tenemos la responsabilidad de asegurar que el registro histórico refleje la verdad. Cuando termine este genocidio —y terminará, como todos los genocidios— será fundamental que exista un archivo completo de lo ocurrido para que los responsables rindan cuentas.
6. Construir Solidaridad Internacional
El pueblo palestino no está solo. Movimientos de solidaridad en todo el mundo están luchando por la justicia palestina. Únete a organizaciones locales, participa en manifestaciones, coordina acciones de solidaridad. La fuerza colectiva es nuestra mejor herramienta.
Recordar Gaza, recordar a Muhammad Wissam Abu Harbid, recordar cada nombre, cada vida arrebatada, es un acto de resistencia contra la máquina del olvido. Cuando los perpetradores del genocidio intentan borrar no solo a los palestinos del presente sino también de la historia, nuestra memoria colectiva se convierte en un archivo insurrecto, en un testimonio indestructible de su crimen.
No olvidar es nuestra obligación moral más fundamental. Porque en el olvido reside la impunidad, y en la impunidad, la garantía de que estos horrores se repetirán. Cada vez que pronunciamos el nombre de una víctima, cada vez que compartimos su historia, cada vez que nos negamos a normalizar su asesinato, estamos honrando su memoria y afirmando que sus vidas importaron.
Gaza no es una abstracción lejana. Es un espejo que refleja la verdadera naturaleza de nuestro orden internacional, un orden que permite el genocidio cuando conviene a las potencias dominantes. Si Gaza puede ser destruida impunemente, si bebés pueden morir de frío mientras el mundo observa, entonces ningún pueblo está realmente seguro. La lucha por Palestina es la lucha por un mundo donde el derecho internacional signifique algo, donde las vidas humanas tengan el mismo valor sin importar su nacionalidad o etnia.
A pesar de la oscuridad del presente, la historia nos enseña que ninguna ocupación dura para siempre. El apartheid sudafricano cayó, el colonialismo francés en Argelia fue derrotado, los imperios que parecían eternos se desmoronaron. El apartheid israelí y su proyecto genocida también caerán, porque están construidos sobre una injusticia fundamental que no puede sostenerse indefinidamente.
Pero la velocidad a la que caiga, el número de vidas que se salven o se pierdan en el proceso, depende directamente de nuestra acción o inacción. La historia nos juzgará no solo por lo que hicimos, sino por lo que vimos y decidimos ignorar.
No permitas que Gaza caiga en el olvido.
No permitas que la muerte de Muhammad Wissam Abu Harbid sea en vano.
No permitas que 71.410 muertos se conviertan en una estadística más.

Actúa. Habla. Resiste. Recuerda.
Porque Palestina será libre, y cuando ese día llegue, queremos poder decir que estuvimos del lado correcto de la historia, que no guardamos silencio ante el genocidio, que no permitimos que el olvido fuera cómplice de la masacre.
Palestina vive. Palestina resiste. Palestina será libre.








