La seguridad de los aliados

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El primer artículo de 2026, por desgracia, parece echar por tierra los buenos deseos para este año que les transmití por última vez. A la hora de ponerme a escribir este artículo ha ocurrido el ataque que se temía de Estados Unidos contra Venezuela. Si siguen mi columna recordarán que les dije que no creía que ocurriera. Pero sí, ha pasado.

Cuando uno escribe escribe en un medio, corre a veces el riesgo de que una vez que sus líneas lleguen al público la actualidad las haya convertido en papel mojado y, de hecho, a pequeña escala, eso ya me ha ocurrido en este artículo, que desplaza a otro que tenía pensado. Lo que quiero decirles con esto es que no me atrevo a hacer valoraciones en profundidad, porque hay muchas cosas que pueden bailar en las próximas horas. El punto principal a la hora de en que escribo estas líneas es que parece hasta que Nicolás Maduro y su mujer han sido apresados por el ejército norteamericano. Parece bastante creíble pero no me arriesgaré a valorarlo porque todos sabemos de las tácticas de desinformación y de los ramalazos impulsivos del pederasta, según todos los indicios, que ocupa la Casa Blanca. Tampoco modificaré en las próximas horas mi escrito, mantendré la impresión del momento en que escribo pase lo que pase, porque considero que reflejar bien el momento tiene valor documental.

Pero sí creo que ya se ve en las informaciones al respecto del asunto un buen tema a tratar. Me refiero a un montón de voceros de Trump a ambos lados del Atlántico que aplauden y celebran el ataque desde la seguridad que creen que les proporciona el mantenerse al lado del Nerón del Imperio del siglo XXI. Pues les informo de algo, señores celebrantes: ¿les dicen algo los nombres de Manuel Noriega, Sadam Husein o, más recientemente y a menor escala, Volodimir Zelenski? Desde diferentes épocas, continentes y posiciones todos estos políticos tienen una característica común: todos fueron títeres del gobierno de los Estados Unidos hasta que en algún momento dejaron de convenirles. Noriega fue durante muchos años una fuente de información sobre América Latina fundamental para la CIA, Sadam era un aliado contra el Irán de Jomeini y Zelenski era, y quizás todavía pueda ser ⸺seguramente por eso aún no ha acabado como los dos anteriores y sólo ha sido humillado y reconvenido en público⸺, una chinita en el zapato de los rusos.

De mayor a menor lejanía a nuestros asuntos: ¿Cree realmente el fandom argentino de economistas como Milei y Juan Ramón Rallo que el crédito que el pirómano norteamericano ha soltado en tierras gauchas es gratis? ¿Creen sus palmeros de Europa que las insinuaciones sobre Groenlandia no vana a traer problemas? ¿Creen los sectores de derechas españoles que las bases de Morón y Rota son inocuas o pueden garantizar que en algún momento los Estados Unidos no vayan a pensar que les conviene más que Ceuta o Melilla estén en manos de Marruecos? No es ningún secreto, lo ha reconocido varias veces el antiguo CESID y actual CNI, que los Estados Unidos desean, a día de hoy, tener tanto a España como a Marruecos de su lado, pero que en caso de duda siempre tirarán hacia Marruecos porque les parece un aliado cuya cercanía es más difícil de mantener, dan por sentado que España seguirá siempre a su lado. ¿A cambio de qué? Pues de una seguridad muy relativa, como pueden ver.

Hasta ahora, incluso, podía pensarse que las ingerencia de Estados Unidos en terceros países nos quedaban muy lejos, que nunca se atreverían a meterse con un país de la civilizada, industrializada y próspera Europa, pero sólo hace una semana, cuando escribo este artículo, que el pirómano norteamericano ha insistido claramente en que desea anexionarse Groenlandia. Eso con un territorio propiedad de un país de la OTAN.

Si tienen suerte, después de haber sido títeres del país hegemónico, pueden recibir una humillación en directo ante los ojos de todo el mundo como ocurrió con Zelenski. Si no, pueden acabar en Guantánamo o colgados como Sadam Husein. Personalmente, creo que, de los títeres actuales de los Estados Unidos, es Milei el que tiene más posibilidades de acabar convirtiéndose en una «amenaza para la democracia» o «narcoterrorista», las etiquetas que los yanquis ponen a sus adversarios, dado que es el que más dinero y de forma más clara y visible ha recibido del zumbado de la Casa Blanca. En buena lógica eso debería generar tensiones e intereses.

Por tanto, a todos aquellos que hoy dan palmas con las orejas viendo la agresión a Venezuela, sólo me queda decirles que, si creen que por arrastrarse ante Trump van a ser algo más que bufones al servicio del imperio, o si esperan obtener alguna ganancia, lo cuál ya es un pensamiento bastante lamentable, que es posible, incluso, que a no mucho tardar, sin salir de Venezuela, Maria Corina Machado acabe en el mismo lugar que Maduro. Porque recuerden, que incluso Donald Rumsfeld, el secretario de defensa que promovió la invasión de Irak en 2003 tenía fotos muy amistosas con Sadam Husein como aliado de los Estados Unidos unos cuantos años antes. Sólo me queda desear, mientras espero más datos e impresiones, que, cuando esta tarde vaya a comprar y hacer gestiones al centro, no esté tomado por los escuálidos del barrio de Salamanca, cuan destructivos y maleducados son, celebrando borrachos lo que creen su victoria hasta que los manden a Guantánamo.

Cuando Sadam era «bueno» en 1983, porque estaba contra el Irán de Jomeini, y Rumsfeld, en vez de capturarlo, le hacía cucamonas.

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