Cinco características del neoimperialismo basadas  en la teoría del imperialismo de Lenin en el siglo XXI [y 9]

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Cheng Enfu y Lu Baolin (enlace a la anterior)

El  neoimperialismo es un imperialismo tardío, parasitario y en decadencia

Como afirmó Lenin:

El imperialismo es una inmensa acumulación de capital-dinero en unos pocos países… De ahí el extraordinario crecimiento de una clase, o mejor, de una capa de rentistas, es decir, de gente que vive de “recortar cupones”, que no participa en ninguna empresa, cuya profesión es la ociosidad. La exportación de capital, una de las bases económicas más esenciales del imperialismo, aísla aún más completamente a los rentistas de la producción y pone el sello del parasitismo sobre todo el país que vive de la explotación del trabajo de varios países y colonias de ultramar.

En la era del neoimperialismo, el número de rentistas aumenta considerablemente y el carácter de los países rentistas se hace más pronunciado. El parasitismo y la decadencia de un pequeño número de países capitalistas se agravan aún más, como se puede ver específicamente en los siguientes aspectos.

1° Estados Unidos utiliza su hegemonía militar, intelectual, política y cultural, así como el dólar, para saquear la riqueza del mundo, especialmente la de los países en desarrollo. Estados Unidos es el país parásito y en decadencia más grande del mundo. Como prueba de ello, podemos tomar el comercio entre China y Estados Unidos. China vende a Estados Unidos bienes producidos con mano de obra barata, tierra y recursos ambientales. Estados Unidos no necesita producir nada para comprar esos bienes; puede simplemente imprimir billetes. Con el dinero ganado, China puede entonces comprar sólo activos virtuales, como bonos del Tesoro de Estados Unidos, y proporcionar financiación para los préstamos al consumo y la expansión exterior de Estados Unidos. Estados Unidos exporta a China valores a los que no se puede agregar valor, mientras que China exporta a Estados Unidos principalmente bienes físicos y servicios laborales. El Informe Nacional de Salud publicado por el Grupo Nacional de Investigación de Salud de la Academia de Ciencias de China muestra que Estados Unidos es el país con más dividendos hegemónicos del mundo, debido a la posición de su moneda, mientras que China es el país con la mayor pérdida de dividendos hegemónicos.

Para el año 2011, los dividendos hegemónicos estadounidenses totalizaron 7.396,09 mil millones de dólares, lo que corresponde al 52,38 %del PIB del país, y el dividendo hegemónico promedio obtenido por día llegó a 20.263 millones de dólares. Mientras tanto, la suma perdida por China totalizó 3.663,4 mil millones de dólares. En términos de tiempo de trabajo, alrededor del 60 %de las horas de trabajo de la fuerza laboral china fueron efectivamente entregadas sin compensación para servir al capital monopolista internacional.

2° El gasto militar ha aumentado, lo que a su vez aumenta la carga sobre la clase trabajadora. El neoimperialismo lidera y promueve la investigación científica y tecnológica relacionada con lo militar, el desarrollo de armas avanzadas y la expansión de la producción militar. Como observó el Diario del Pueblo en 2016, “el complejo militar-industrial apoyado por el capital monopolista y la hegemonía cultural formada sobre la base del colonialismo han impulsado a los países occidentales a intervenir en los asuntos de otros países a su antojo”.  El neoimperialismo se ha convertido así en el iniciador de la agitación y la inestabilidad regionales, y en el motor de la guerra. En los últimos treinta años, Estados Unidos ha gastado 14,2 billones de dólares en librar trece guerras. Mientras tanto, la falta de dinero obstaculiza la mejora de las condiciones de vida del pueblo estadounidense en áreas como el seguro médico. El gasto militar exorbitante se ha convertido en una pesada carga para el país y su gente, mientras que los monopolios parásitos de la industria armamentística han cosechado inmensos beneficios. Según las estadísticas del Instituto Británico de Estudios Estratégicos Internacionales, el gasto militar oficial de Estados Unidos en 2018 ascendió a 643.000 millones de dólares, y en 2019 alcanzará los 750.000 millones, más que la suma del gasto militar de las ocho siguientes potencias militares del mundo. Desde el final de la primera Guerra Fría, Estados Unidos ha iniciado o participado en seis grandes conflictos: la Guerra del Golfo (1991), la Guerra de Kosovo (1999), la Guerra de Afganistán (2001), la Guerra de Irak (2003), la Guerra de Libia (2011) y la Guerra de Siria (2011). La adicción del capitalismo monopolista a la guerra es una manifestación de su naturaleza parasitaria y decadente. Esta característica bárbara del sistema va en contra de la civilización y amenaza el futuro compartido de la comunidad humana. Demuestra que el neoimperialismo es la raíz primaria de la guerra.

3° La riqueza y los ingresos están concentrados en manos de una clase específica de propietarios de activos financieros, como lo refleja la formulación del 1% frente al 99%. En la etapa neoimperialista, la socialización, informatización e internacionalización de la producción han alcanzado niveles sin precedentes, y la capacidad de los seres humanos para crear riqueza es mucho mayor que en el antiguo período imperialista. Sin embargo, el avance de la productividad que se supone es una ganancia común para la humanidad ha beneficiado principalmente a la oligarquía financiera. “La mayor parte de las ganancias va a parar a los ‘genios’ de la manipulación financiera”, señala un observador. En 2001, por ejemplo, la riqueza financiera (excluidos los derechos de propiedad) en poder del 1% más rico de la población estadounidense era cuatro veces mayor que la del 80% más pobre. El 1% tenía activos en el mercado de valores por 1,9 billones de dólares, aproximadamente equivalentes al valor de las acciones en poder del otro 99%.

4° El monopolio obstaculiza la innovación tecnológica y frena su avance. La codicia y el parasitismo del capital monopolista financiero hacen que su actitud hacia la innovación tecnológica sea ambivalente. El capital monopolista depende de la innovación tecnológica para mantener su estatus de monopolio, pero los altos beneficios que se derivan de este estatus significan que el capital monopolista muestra cierta inercia a la hora de promover la innovación. Incluso si se desarrollan con éxito muchas funciones avanzadas de teléfonos móviles en el mismo año, los productores monopolistas de teléfonos móviles se dividirán estas funciones para introducirlas y promoverlas a lo largo de varios años. El objetivo es garantizar que los consumidores sigan comprando teléfonos móviles con nuevas funciones, lo que permitirá a las corporaciones obtener altos beneficios monopolísticos cada año.

5° La tendencia del capital monopolista y sus agentes a causar la decadencia del movimiento de masas se está haciendo más grave. Lenin observó que “en Gran Bretaña la tendencia del imperialismo a dividir a los trabajadores, a fortalecer el oportunismo entre ellos y a causar una decadencia temporal en el movimiento de la clase obrera, se reveló mucho antes de fines del siglo XIX y principios del XX”.  El neoimperialismo divide a la clase obrera, atacando y debilitando a los sindicatos usando la excusa proporcionada por el colapso de la Unión Soviética y los tremendos cambios en Europa del Este. También utiliza sus ganancias monopolistas para comprar el apoyo de individuos y fomenta fuerzas oportunistas y neoliberales dentro del movimiento obrero y varios otros movimientos de masas. Los resultados de tales estratagemas incluyen la caída del tamaño y la actividad de los sindicatos y otros movimientos progresistas, el declive del movimiento socialista mundial y una tendencia más obvia y grave de los trabajadores a adorar a las fuerzas del neoimperialismo o a sentirse intimidados por ellas.

El neoimperialismo es un capitalismo tardío transitorio y moribundo

El libro de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo, ha revelado la naturaleza transitoria y moribunda del capitalismo monopolista durante más de un siglo. Sin embargo, salvo en un número muy reducido de países donde se está construyendo el socialismo, la mayoría de las sociedades capitalistas no han perecido. De hecho, han alcanzado diversos niveles de desarrollo y seguirán desarrollándose. Esto plantea una pregunta muy importante: ¿cómo juzgamos la naturaleza transitoria del capitalismo contemporáneo, o su tendencia a declinar y perecer? Si utilizamos el método materialista histórico, la naturaleza transitoria del neoimperialismo puede caracterizarse sobre la base de dos puntos. Primero, como todo en el mundo, el sistema neoimperialista está cambiando constantemente. Es un fenómeno transitorio en la historia humana y no es eterno. Segundo, hay razones para creer que el neoimperialismo puede eventualmente transformarse en socialismo a través de diversas formas de lucha revolucionaria.

En la era del neoimperialismo, los países capitalistas desarrollados han experimentado muchas reformas tecnológicas e institucionales importantes que han sentado las bases para un cierto desarrollo posterior del capitalismo y han retrasado su desaparición. Las tasas de crecimiento altas y bajas se siguen sucediendo unas a otras, y el período de decadencia mencionado por Lenin se ha prolongado considerablemente. Esto se debe a que los países capitalistas han realizado muchos ajustes en sus relaciones de producción y en su superestructura, incluyendo cierto grado de regulación macroeconómica, mejoras en la distribución del ingreso y en la seguridad social, etc. En particular, no hay duda de que para los países capitalistas desarrollados las ventajas de la globalización económica superan a sus desventajas. Dentro del proceso de globalización económica, los poderosos países capitalistas desarrollados ocupan una posición absolutamente dominante, mediante la cual se proponen maximizar los beneficios que reciben. Su tendencia general a extender la globalización para expandir sus mercados no excluye, sin embargo, la posibilidad de que determinados países inviertan temporalmente el proceso en respuesta a crisis internas o como parte de los esfuerzos por perjudicar a los competidores comerciales.

“En los últimos dos años”, señala un estudio de 2019, “la administración Trump ha profundizado su tendencia a la globalización inversa a la luz de la crisis interna. Se adhiere al principio de ‘Estados Unidos primero’ y provoca disputas económicas y comerciales internacionales, tratando de deshacerse de la crisis interna y transmitirla a otros”.  El propósito de Estados Unidos al adoptar una serie de medidas proteccionistas antiglobalización es aliviar las dificultades y crisis internas que encuentra dentro de la globalización económica, a fin de promover sus intereses hegemónicos.

Mientras tanto, no hay ningún conflicto esencial entre el hecho de que el neoimperialismo y el capitalismo pueden esperar existir y desarrollarse durante algún tiempo, y el hecho de que una transición a una formación social superior es prácticamente inevitable, siempre que estas sociedades no degeneren en la barbarie . Los escritores marxistas clásicos evitaron establecer un calendario específico para la desaparición del capitalismo y el imperialismo. El juicio científico de Lenin es que «el imperialismo es un capitalismo en decadencia pero no completamente decadente, un capitalismo moribundo pero no muerto». Previó que era muy probable que el capitalismo moribundo prolongara su existencia durante un período prolongado. Tampoco, sobre la base de un análisis exhaustivo, podría negarse que el capitalismo vería algún tipo de desarrollo incluso durante su etapa moribunda. Al discutir la decadencia del imperialismo, Lenin afirmó: «Sería un error creer que esta tendencia a la decadencia impide el rápido crecimiento del capitalismo. No es así. … En general, el capitalismo está creciendo mucho más rápidamente que antes; Pero este crecimiento no sólo se está volviendo cada vez más desigual en general, sino que su desigualdad también se manifiesta, en particular, en la decadencia de los países más ricos en capital (Inglaterra)”.

John Bellamy Foster también subrayó que “decir que el capitalismo es un sistema fallido no significa, por supuesto, sugerir que su colapso y desintegración sean inminentes. Sin embargo, sí significa que ha pasado de ser un sistema históricamente necesario y creativo en sus inicios a ser un sistema históricamente innecesario y destructivo en el siglo actual”.

Las contradicciones fundamentales del capitalismo siguen existiendo y siguen desarrollándose. Del mismo modo, la ley de la acumulación capitalista sigue existiendo y sigue desarrollándose. Cuando el capitalismo monopolista estaba surgiendo a fines del siglo XIX y principios del XX, la ley del desarrollo económico y político desigual del imperialismo hizo posible que la revolución contra el capitalismo triunfara primero en uno o varios países, antes de extenderse finalmente al mundo.

Décadas después de que el Manifiesto Comunista proclamara que el capitalismo expiraría inevitablemente y El Capital declarara que la sentencia de muerte de la propiedad privada capitalista estaba a punto de sonar, la Revolución de Octubre trajo consigo la caída del Imperio ruso zarista. Entonces, el partido proletario dirigido por Mao Zedong en China puso fin a la sociedad semicolonial y semifeudal gobernada por el Kuomintang (Mao afirmó que China representaba un capitalismo monopolista feudal y comprador después de la Segunda Guerra Mundial). El Partido Comunista Soviético dirigido por Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin traicionó conscientemente al marxismo-leninismo, lo que dio como resultado que la Unión Soviética y los países socialistas de Europa del Este, con la excepción de Bielorrusia, retrocedieran al capitalismo. Esto demuestra los giros, vueltas y dificultades generales que experimentó el desarrollo del socialismo y su sistema económico, pero no puede cambiar la naturaleza y la tendencia general del proceso histórico.

La posición de China en las principales líneas divisorias internacionales es clara. En octubre de 1984, Deng Xiaoping declaró: “Hay dos grandes problemas en el mundo que son muy prominentes. Uno es la cuestión de la paz y el otro es la cuestión Norte-Sur. Hay muchos otros problemas, que no son de la misma importancia subyacente o significación global y estratégica que estos dos”. En marzo de 1990, reiteró: “En cuanto a las dos grandes cuestiones de la paz y el desarrollo, la cuestión de la paz no se ha resuelto, y la cuestión del desarrollo se ha vuelto más seria”. Deng enfatizó que “la paz y el desarrollo” eran las dos principales cuestiones que debían resolverse.

Del análisis del carácter del neoimperialismo se puede concluir que éste representa una nueva fase del monopolio internacional en la que se desarrolla el capitalismo después de pasar por las etapas del capitalismo de libre competencia, el monopolio privado general y el monopolio estatal. Además, el neoimperialismo representa una nueva expansión del capitalismo monopolista internacional, así como un nuevo sistema mediante el cual una minoría de países desarrollados domina el mundo y aplica una nueva política de hegemonía económica, política, cultural y militar. Si examinamos la situación actual sobre la base de las fuerzas internacionales de la justicia y el desarrollo de los vericuetos de la lucha de clases internacional, el siglo XXI es una nueva era en la que la clase obrera mundial y las masas pueden llevar a cabo grandes revoluciones y salvaguardar la paz mundial; en la que los países socialistas pueden llevar a cabo grandes hazañas de construcción y promover la civilización ecológica; y en la que las naciones progresistas pueden trabajar juntas para construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad, un mundo en el que el neoimperialismo y el capitalismo internacional dejen paso gradualmente al socialismo global.

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