Por Lola G. Luna (1)
En estos tiempos de vértigo que corren, en que todo es inmediato, en que desde hace unos años se está dando un borrado intencionado del feminismo, urge más que nunca detenerse unos minutos para hablar de historia y escribir a favor de la historia del feminismo. Me mueve a ello el desinterés que percibo por conocer nuestra historia y por continuar las genealogías feministas
No está de más recordar algunos rasgos de la historia feminista. Nació hace tres siglos en el contexto europeo de la Ilustración y de la modernidad, en las voces de mujeres inteligentes y atrevidas, que fueron precursoras de las oleadas en que iría actuando el movimiento feminista. Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Las Pankhurst, Flora Tristán, Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, María Rojas Tejada (2), etc. A partir de ahí se han dado hasta nuestros días cuatro oleadas, cada una centrada en reivindicaciones que han ido desde los derechos de ciudadanía, en la primera ola, llamada la sufragista por ser el voto la más importante; la identificación del sistema patriarcal por la crítica feminista radical, se dio en la segunda ola; la institucionalización en el estado y en los centros educativos, junto con la celebración de las Conferencias Mundiales de la Mujer, constituyen la tercera oleada; y la generalización de la lucha contra la violencia patriarcal y sus raíces (género opresor, prostitución, pornografía, vientres de alquiler, brecha salarial, transgenerismo…) es la cuarta y actual ola. En esta –me atrevo a decir- van apareciendo síntomas de separación social y sexual por las mujeres de los hombres a consecuencia de la violencia machista y otras razones, que puede que anuncien una quinta ola.
La historia masculina se comienza a escribir, según la historiadora feminista de origen austriaco Gerda Lerner en La Creación del Patriarcado (1986), cuando ya las mujeres estaban subordinadas, por lo que dicha subordinación apareció en la historia como natural. La negación a la educación en la que vivieron -hasta el siglo XIX- hizo el resto para mantenerlas en esa posición de subordinadas al varón. El patriarcado que describe Lerner, situado en Mesopotamia se mantiene mediante la dominación de la sexualidad de las mujeres. No obstante, Lerner, en La Creación de la Conciencia Feminista (2019)muestra una serie de mujeres, de posición privilegiada, que toman conciencia de su subordinación por acceder a la educación mucho antes de que se conquiste ese derecho en la primera ola.
Otra historiadora feminista, la norteamericana Joan W. Scott, una referenta como Gerda Lerner y en el mismo año de 1986 hizo una aportación importante para hacer la historia feminista, con su artículo seminal El género, una categoría útil para el análisis histórico. Scott fue más allá de la teorización del genero por Margared Mead como un constructo cultural representado por dos roles: masculina y femenino y como componente de las relaciones sociales. Joan Scott, le dio una vuelta de tuerca profundizando en su significado como un campo primario dónde se constituyen las relaciones de poder. Entendido el género como opresión, lo aplicó a la historia del feminismo en Francia en su obra sobre el sufragismo: Las mujeres y los derechos del hombre. Feminismo y sufragio en Francia 1789-1944 (3). En ella plantea el dilema que fue motivo del debate en España sobre “igualdad versus diferencia” resolviéndolo con una tercera vía de análisis: “la igualdad en la diferencia” (4).
He citado a estas dos historiadoras porque entre ambas han explicado los dos conceptos claves para llevar a cabo la historia de las mujeres desde una perspectiva de crítica feminista radical: la primera ofreciendo un ejemplo histórico del funcionamiento del patriarcado y la segunda desplegando el género como el discurso del patriarcado.
A todo esto, mucho costó y sigue costando que se incluya en los currículos de la Universidad tanto la historia de las mujeres como el acceso a la cátedra de las historiadoras feministas. Por eso, es importante que el movimiento feminista se interese por escribir su historia, ya sea para que sirva de concienciación de las nuevas generaciones, ya sea porque si no se conoce la historia con sus logros y errores se está condenado a repetirla…
En estos tiempos de vértigo que corren, en que todo es inmediato, en que desde hace unos años se está dando un borrado intencionado del feminismo, urge más que nunca detenerse unos minutos para hablar de historia y escribir a favor de la historia del feminismo. Me mueve a ello el desinterés que percibo por conocer nuestra historia y por continuar las genealogías feministas
No está de más recordar algunos rasgos de la historia feminista. Nació hace tres siglos en el contexto europeo de la Ilustración y de la modernidad, en las voces de mujeres inteligentes y atrevidas, que fueron precursoras de las oleadas en que iría actuando el movimiento feminista. Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Las Pankhurst, Flora Tristán, Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, María Rojas Tejada, etc. A partir de ahí se han dado hasta nuestros días cuatro oleadas, cada una centrada en reivindicaciones que han ido desde los derechos de ciudadanía, en la primera ola, llamada la sufragista por ser el voto la más importante; la identificación del sistema patriarcal por la crítica feminista radical, se dio en la segunda ola; la institucionalización en el estado y en los centros educativos, junto con la celebración de las Conferencias Mundiales de la Mujer, constituyen la tercera oleada; y la generalización de la lucha contra la violencia patriarcal y sus raíces (género opresor, prostitución, pornografía, vientres de alquiler, brecha salarial, transgenerismo…) es la cuarta y actual ola. En esta –me atrevo a decir- van apareciendo síntomas de separación social y sexual por las mujeres de los hombres a consecuencia de la violencia machista y otras razones, que puede que anuncien una quinta ola.
La historia masculina se comienza a escribir, según la historiadora feminista de origen austriaco Gerda Lerner en La Creación del Patriarcado (1986), cuando ya las mujeres estaban subordinadas, por lo que dicha subordinación apareció en la historia como natural. La negación a la educación en la que vivieron -hasta el siglo XIX- hizo el resto para mantenerlas en esa posición de subordinadas al varón. El patriarcado que describe Lerner, situado en Mesopotamia se mantiene mediante la dominación de la sexualidad de las mujeres. No obstante, Lerner, en La Creación de la Conciencia Feminista (2019)muestra una serie de mujeres, de posición privilegiada, que toman conciencia de su subordinación por acceder a la educación mucho antes de que se conquiste ese derecho en la primera ola.
Otra historiadora feminista, la norteamericana Joan W. Scott, una referenta como Gerda Lerner y en el mismo año de 1986 hizo una aportación importante para hacer la historia feminista, con su artículo seminal El género, una categoría útil para el análisis histórico. Scott fue más allá de la teorización del genero por Margared Mead como un constructo cultural representado por dos roles: masculina y femenino y como componente de las relaciones sociales. Joan Scott, le dio una vuelta de tuerca profundizando en su significado como un campo primario dónde se constituyen las relaciones de poder. Entendido el género como opresión, lo aplicó a la historia del feminismo en Francia en su obra sobre el sufragismo: Las mujeres y los derechos del hombre. Feminismo y sufragio en Francia 1789-1944. En ella plantea el dilema que fue motivo del debate en España sobre “igualdad versus diferencia” resolviéndolo con una tercera vía de análisis: “la igualdad en la diferencia”.
He citado a estas dos historiadoras porque entre ambas han explicado los dos conceptos claves para llevar a cabo la historia de las mujeres desde una perspectiva de crítica feminista radical: la primera ofreciendo un ejemplo histórico del funcionamiento del patriarcado y la segunda desplegando el género como el discurso del patriarcado.
A todo esto, mucho costó y sigue costando que se incluya en los currículos de la Universidad tanto la historia de las mujeres como el acceso a la cátedra de las historiadoras feministas. Por eso, es importante que el movimiento feminista se interese por escribir su historia, ya sea para que sirva de concienciación de las nuevas generaciones, ya sea porque si no se conoce la historia con sus logros y errores se está condenado a repetirla…
1 lolagluna.com
@lolagluna
@LolaGLuna160195
2 María Rojas Tejada, un siglo después fue una de esas voces precursoras en Colombia, que por ser una historia no tan conocida como la de las anteriores, quiero recoger aquí como ejemplo y representante de tantas otras voces precursoras que siguen silenciadas
3 Scott, Joan. Las mujeres y los derechos del hombre. Feminismo y sufragio en Francia 1789-1944, Siglo XXI eds. 2012. Traducción de Only Paradoxes to Offer. French Feminists and the Rights of man, Harward, 1996
4 Siguiendo a Joan Scott, escribí Las Madres Comunitarias de Botogá, Colombia: la maternidad entre la igualdad y la diferencia 1988-2000(coautoría con Andrea González Rojas), Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2020









Me gusta el estilo claro y conciso. Con las palabras justas nos describe un proceso tan complejo como es el nacimiento del feminismo y su evolución hasta nuestros días.