Carta abierta a Fernando Clavijo: 30 de Mayo día día de Canarias, ¿orgullo de ser Canaria?

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Por Ana Monzón

Sr. presidente, o mejor, me dirigiré a usted como don Fernando, esa cosa tan de aquí para mostrar respeto y confianza a la vez. Lo aprendí en el periodismo, viendo a los colegas de la profesión referirse así a los políticos, como “don” en vez de “señor”, con una mezcla de servilismo y autoridad con la autoridad. Llámele autoridad, llámele colegueo. 

El caso es que le escribo esta carta, don Fernando, porque las cartas, para regocijo de gente que está ya mayor y de presidentes, están de moda, y porque quiero contarle mi orgullo de ser canaria. Hablo de orgullo por el lema de este año: “Orgullo de quienes somos”, claro que hoy en día somos quienes queremos ser y eso hay que respetarlo, que igual soy canaria porque me lo adjudicaron al nacer pero yo me siento Catellano-Leonesa y que venga alguien a decirme que no, aunque diga “sesina” o “¿ya llegahte ya?”. Mi identidad, como mi orgullo, es fluida.

Y va fluyendo y un día me siento tan orgullosa de ser canaria como otro día que no. Por ejemplo con el spot lanzado este año por una locutora, mujer y joven. Esto no es una sorpresa, toda la publicidad institucional es siempre con una voz de mujer joven y, sobre todo, muy, muy dulce. Interpreto con ello que usted relaciona a Canarias con esta idea de mujer joven y dulce. Viniendo de hombres, don Fernando, que pretenden gobernarla, no es de extrañar. Y esta mujer joven y dulce reproduce un acento que no lo habla ni la más enferma asmática con COVID en un esfuerzo por agradarle a usted, que se note que esa mujer joven, dulce y amable es canaria, canaria como la que máhh. 

Geográficamente tengo otro dilema con Canarias: somos siete, ocho o nueve, dependiendo de si lo dice Benito Cabrera, las elecciones autonómicas y el voto exterior de Venezuela, o los viajes oficiales recurrentes con eventos de los consejeros a la Graciosa para la implementación de las políticas públicas a sus setecientos habitantes. Porque a los gracioseros otra cosa no, pero ver llegar una comitiva de políticos con eventos y comidas para programas de inclusión y diversidad les hace una ilusión que yo sólo de ver cómo lo piden me reafirma en mi orgullo canario.

El orgullo de levantar esta tierra próspera, claro que sí. Esa Confederación Canaria de Empresarios donde la única mujer que hay dice “no me pisen lo fregado”. Esos hombres que han luchado por la igualdad de una tierra a la vanguardia en la inclusión de más hombres en los círculos económicos, de poder e influencia y donde no hay uno que no conozca al otro de atrás. De antes, quiero decir. Esos hombres canarios que hacen de sus empresas de futuro, innovación y nuevas tecnologías un dechado de concesiones, licitaciones y contratos menores de dinero público que no son cosa menor sino una ganancia al esfuerzo y la competitividad. Esos hombres hechos a sí mismos que cuando saludan dan la mano flácida: “hola, mi niña”, mientras ellos son don José o ya don Yeray o don Aythami.

Qué suerte vivir aquí, en una caravana o en un palomar, los canarios cada vez lo elegimos más. Esta tierra cosmopolita y abierta 24/7 con el SMI. De salitre, arena y mar con la paz de que no te llaman ni de la cita del hospital para no molestarte. Gente, nuestra gente, pidiendo por las calles con hambre de orgullo e identidad canaria. A mí me paran por la calle, don Fernando, y me dicen ¿tienes algo de orgullo canario para comer hoy? Y yo no puedo máhh que reforzar mi asento canario y decirle extasiada “¡claro que sí, mi niño!” ¡y celebramos juntos que somohh quienes somohh!. 

Bueno, don Fernando, ya me voy despidiendo que tendrá usted, como presidente, muchas cosas que hacer hoy: un paseo romero o encontrar mesa para comer con Los Sabandeños. Eso si en el restaurante no le ponen límite de hora para que se vayan pronto porque hoy llegan ocho cruceros y veintidós vuelos con turistas. Feliz Día de Canarias. 

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