¿Es realmente necesario un partido feminista?

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Por Pilar Aguilar Carrasco

Muchas feministas pensamos que ya no basta con manifestar nuestro descontento. No basta porque, luego, nos vemos abocadas a votar a partidos que no atienden nuestras demandas. 

No basta, no. Hemos de dar un paso más, hemos de disputarles directamente el voto y el poder político. Debemos tener, pues, nuestro propio partido. 

Algunos nos recriminan airados: “Debilitáis a la izquierda y facilitáis que gane la derecha”. En el fondo, piensan que “lo de las mujeres” -o sea, lo de la mitad de la humanidad- es secundario y puede esperar (siempre puede esperar). Pero nosotras sabemos que si la izquierda pierde es porque ha abandonado a la militancia, ha desactivado las luchas sociales y colectivas, ha entronizado la subjetividad y el narcisismo, ha fomentado el individualismo y ha atacado al feminismo, apropiándose de la palabra para adulterarla. En resumen: se ha rendido a la ideología neoliberal que es, por supuesto, patriarcal. 

Pero también sabemos que hay feministas que no apoyan este proyecto. Citaré varios supuestos.

Algunas porque militan en un partido generalista con el que tienen fuertes lazos sentimentales. Aguantan y esperan que cambie. Aunque, como nos decía una sabía de mi pueblo cuando yo era jovencita: “No os caséis con uno creyendo que lo vais a cambiar. Buscad uno que ya esté cambiado”.

Otras feministas alegan: “Ya milito en una asociación y la vida no me da para más” ¿militas en una asociación feminista? Perfecto. Miel sobre hojuelas. Sigue militando ahí. Afiliarte a un partido feminista no supondrá una sobrecarga, pero te permitirá engarzar tu lucha y tus propuestas en un programa que abarca todos los aspectos de la agenda feminista. 

Un tercer grupo alega: “Yo es que no soy de partido”. Pero ¿qué es “ser de partido”? ¿afiliarse a un partido es, acaso, como entrar en un convento? ¿Pierdes criterio y autonomía? Las feministas venimos de la rebeldía, del juicio crítico. O sea, nada más lejos de la realidad que pensar en las feministas como un rebaño de ovejitas. 

Otras rechazan la propuesta porque tienen prevenciones hacia los partidos. Y piensan que todos son iguales. Según ellas, un partido feminista forma bloque con PSOE, Podemos, BNG, PP, Bildu, VOX, Junts, etc. Aplicando esa misma “lógica” ¿hemos de agrupar la red ecofeminista con la red de carreteras, o el frente abolicionista de la prostitución con el frente de juventudes de falange? Si practican ese el nivel de “análisis nominalista” ¿basta con autodenominarse feminista para serlo?  Un nominalismo tan pueril resulta hasta sorprendente… Olvidan que Celia Amorós insistió en la necesidad de conceptualizar con rigor y coherencia. Y, conceptualizando bien, se llega indefectiblemente a la conclusión de que un partido feminista pertenece al movimiento feminista porque su programa es la agenda feminista. 

Las antipartido nos acusan, además, de partidistas. Aclaremos: ser partidista no significa estar en un partido. Ser partidista es una condición mental: partidista es quien se aferra a lo propio y niega radicalmente lo ajeno. 

Cierto, un partido tiene programa y estatutos (construidos entre todas las personas afiliadas). Un partido busca la máxima eficacia y, por ello, tiene una estructura que reparte tareas y responsabilidades (y rinde cuentas, no lo olvidemos) porque solo así es posible marcarse metas conjuntas y avanzar. 

Y no seamos cándidas: ya Freeman hablósobre la tiranía de la falta de estructuras y señaló que los espacios sin normas claras, ni pautas explícitas, siempre favorecen a las más listillas y ególatras. 

Otras feministas no se afilian porque no creen en nuestras posibilidades. Las mujeres hemos sido educadas para sentirnos segundonas, para considerarnos irrelevantes y, como resultado, no confiamos en nosotras mismas. No nos sentimos capaces de agruparnos de forma autónoma ni de organizar una estructura independiente que se constituya en alternativa política.

Pero, en estos seis años, los gobiernos “progresistas” en vez de defender nuestras reivindicaciones, se han dedicado a minar y denigrar al movimiento feminista. ¿Y lo vamos a aceptar con resignación? No. Debemos ser valientes y debemos creer en nuestra fuerza. Debemos combatir la suspicacia de unas con otras. Debemos tener amplitud de miras y ser realmente ambiciosas. Es decir: debemos asumir directamente, sin intermediarios, la defensa de nuestra agenda. 

Por último, algunas no se deciden por pusilanimidad, pereza, puntillismo… A ellas no sé qué decirles salvo esto: “¡Contribuid al menos económicamente, caramba!”

Todas sabemos que solo avanzaremos si constituimos una fuerza feminista independiente que aúne en un programa las diversas reivindicaciones y los diversos frentes de lucha. Es decir, construyendo un partido que dé alternativa feminista a todos los aspectos de la estructura social. 

El objetivo es llegar a las Cortes. Pero, incluso antes de llegar, si obtenemos suficientes votos, ya deberán escucharnos y considerarnos interlocutoras válidas. 

Recordemos lo que dijo Simone de Beauvoir, “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente«. 

Ya es hora de atreverse con todo

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