Revolucionarios y peleles

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A la hora en que empiezo a escribir este artículo se habla en todo el mundo de la «recepción» que brindó Trump a Zelenski en la Casa Blanca. En realidad el vicepresidente Vance y Trump tendieron una emboscada al presidente eslavo para humillarlo ante los ojos de todo el mundo y que nadie dudara que el asunto de la guerra de Ucrania se va a resolver al gusto de los Estados Unidos y cuando ellos lo dicten.

Si sorprendente resulta que este tipo de decisiones y discusiones entre países se hagan ante los ojos del público, no menos sorprendente resulta la reacción de éste, sobre todo el de muchos personajes o grupos que se autodenominan «de izquierdas». ¡Como si no supiéramos desde hace siglos cómo trata el eje anglosajón a sus supuestos aliados! Cierto, al menos hasta ahora lo hacían en privado, pero fue el mismo Kissinger quien dijo hace ya décadas: Ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo es fatal. Y tenemos una larga lista de antiguos aliados del país norteamericano para comprobarlo. Curiosamente, además, casi todos han quedado en la mente popular como enemigos acérrimos de los USA: Sadam Husein, Osama Bin Laden, Manuel Antonio Noriega, Pol Pot, los talibanes… Si Zelenski tuvo en algún momento la noción de ser o poder ser algo más que un pelele de los intereses yanquis es que no tenía muchas luces.

Por cierto, quien crea que con un gobierno demócrata el comportamiento del país norteamericano hubiera sido distinto sólo tiene que mirar lo que hicieron presidentes como Lyndon Johnson, Jimmy Carter o Bill Clinton en situaciones similares. Johnson dejó esta amenaza al embajador del gobierno electo de Grecia: Escúcheme, señor embajador. A la mierda su parlamento y su constitución. EEUU es un elefante. Chipre es una pulga. Grecia es una pulga. Como estas dos pulgas sigan picando al elefante, sencillamente serán aplastadas con la trompa del elefante. Bien aplastadas. Pagamos muchos dólares americanos a los griegos, señor embajador. Como a su primer ministro se le pase por la cabeza darme una lección de democracia, él, su parlamento y su constitución no durarán mucho. Y poco después se hizo efectiva con el golpe de los Coroneles de 1967. La única diferencia respecto a la humillación de Zelenski, repetimos, es que Johnson lo hizo en privado, aunque después se haya sabido.

Aún menos entendederas que Zelenski parecen tener los mandamases de la Unión Europea, que después de décadas de ser utilizados de igual modo por los Estados Unidos están empezando a caer en la cuenta de que al país yanqui no le importa la suerte del viejo continente más allá de lo que pueda sacar de él. Tras décadas de espionaje, de sabotaje de elecciones mediante la Operación Gladio, de ser arrastrados a conflictos donde no les iba nada, finalmente los dirigentes de la Unión han caído en la cuenta cuando el humillado y amenazado ha sido el presidente de un país que no pertenece a este grupo y que tiene batallones nazis en su ejército. La firmeza que ha demostrado la política europea en defensa del pelele Zelenski no ha sido capaz de mostrarla en defensa de los civiles palestinos masacrados en Gaza, de los cubanos víctimas del bloqueo o de los sirios perseguidos por esos terroristas que ahora dominan el país asiático —otros aliados provisionales de los Estados Unidos, por cierto—.

Lo que está claro es que pintar, pintar, lo que se dice pintar algo, la Unión Europea ahora mismo no pinta nada en el mundo. Los grandes acuerdos se toman sin ellos, mendigan atención poniéndose de parte del lado menos recomendable y si Trump y su gobierno parecen al menos en disposición de conseguir sacar provecho del dinero que han invertido en su marioneta, los europeos se han quedado igual de tirados que Zelenski y ahora sólo pueden llorar y patalear al ver que sus esfuerzos por acercarse al «amigo americano» solo han servido para gastar miles de millones de los europeos en una guerra que ni les iba ni les venía.

Lo peor de todo esto es que parece que la izquierda europea es quien más perdida anda en todo este follón. Políticos de la pretendida izquierda como Alberto Garzón o Mónica García se han sumado a defender a Zelenski, jefe de un gobierno donde muy probablemente ellos serían ilegales o estarían siendo perseguidos, con un ímpetu que hemos echado de menos en defensa de muchas otras víctimas de los USA.

Lo que muestra todo esto es una deriva inquietante, en la izquierda hemos pasado de defender a revolucionarios como Allende, Lumumba o Fidel Castro a defender a jefes de gobiernos con batallones nazis. Los norteamericanos siempre han tratado igual al resto del mundo. Pero debemos ser capaces de distinguir entre los que de verdad les plantaron cara y los que intentaron arrimarse y salieron escaldados. La izquierda europea, al menos la española, parece no serlo. O quizás, y esto es lo peor, sí es capaz de distinguirlos y ha decidido que es más cómodo defender a los peleles.

La salida de Zelenski de la humillación en la Casa Blanca, que algunos quieren vendernos como ejemplo de dignidad.

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