Jesús Carretero Ajo
la noche
ese perro gimiente
con cola de culebra
hizo que mis ojos naufragaran
en las horas de un vigilante nocturno
buscaba el sabor gris de la verdad
escondida en el libro
de tus labios
y que una vez escribimos con la sangre
de besos y retratos
menos la última página
que se llenó con nuestros escombros
y quedó atrapada en el abismo ciego
del pez que respira barro
no he vuelto a pisar el horizonte rojo
cuando las bicicletas de la mañana
corrían raudas por el aire
en busca de la nube más blanca
y tú te abrías como un almendro en flor
ahora mi cuerpo cabe en un vaso
pero las gotas van cayendo
como una clepsidra
de forma aleatoria
sobre un tremendo espesor de gatos
he dejado la puerta entreabierta
y olvidado por la lumbre
espero a que llegues
con tu brillo afilado
y tu reloj del último minuto
a cerrarme de un portazo








