Estreno de A dos velas, documento de la dignidad y la lucha de los barrios obreros

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Imaginen esta escena: un edificio situado en la esquina de una barriada arde y estallan en su interior varias explosiones, como un polvorín descontrolado. ¿Es una traca valenciana? ¿Es una ciudad en guerra atacada con artillería? No, es un transformador de Endesa en uno de los barrios de la periferia sevillana, Torreblanca, Palmete, Padre Pío u otro, que está reventando y es grabado por los móviles de los vecinos.

Se estrenó en la tarde noche del pasado martes, en el mítico cine Cervantes de la Alameda sevillana, el documental A dos velas, una realización de Intermedia Producciones, financiado con aportaciones voluntarias y dirigido por Agustín Toranzo y guion de Mariano Agudo y Bibiana Baxevanos. La presentación del documental estuvo arropada de una sala superada en su aforo y con la presencia y participación de los realizadores y de las personas protagonistas.

Brillante y estimulante documento cinematográfico, logra que la hora de metraje se haga corta y desde el primer minuto consigue empatizar con el espectador. En palabras previas del director, el documental presenta un ritmo rápido e incesante que no da tregua en los sesenta minutos, tanto con aportaciones gráficas como con palabras que invitan a la seria reflexión en las personas entrevistadas.

El documento narra cómo «en el verano de 2022, el más caluroso del siglo, la empresa eléctrica Endesa maltrató a las barriadas populares sevillanas con cortes de luz indiscriminados, acusando al vecindario de robar la electricidad. De esta manera Endesa tapaba su falta de inversión criminalizando a los barrios obreros».

Se describe, con testimonios de los vecinos, la historia de la formación de los barrios de la periferia sevillana, levantados por familias trabajadoras. Algunos de ellos están hoy entre los barrios más pobres de Europa. Comenzaron en la pobreza y más de 50 años después siguen estancados en la precariedad. Así como muchos de sus bloques carecen de ascensores, tampoco a ellos les llegó el llamado ascensor social.

«Desesperados por el calor y los cortes de luz que ya duraban años, la vecindad activa acciones colectivas, planteando un pulso a Endesa y a las instituciones. Así superan el aislamiento y sufrimiento en solitario y crean un potente movimiento social en torno a la lucha por la luz».

Plataformas vecinales como Barrios Hartos consiguen organizar la desesperación de los vecinos y realizar numerosas acciones que demuestran que el problema de cortes de luz sigue una lógica clasista. Sólo la organización vecinal, a través de las acciones realizadas en los últimos años, es la única defensa con la que cuentan familias con miembros electrodependientes que llegan a perder la vida, negocios familiares que pierden su género en cortes continuados, personas que soportan las extremas temperaturas sevillanas sin poder enchufar un triste ventilador.

En la otra parte, las organizaciones políticas y sindicales del sistema, y las diferentes entidades de las Administraciones en las que sus representantes ocupan cargos, se pasan la pelota unos a otros. Ninguna de estas organizaciones se atreve a señalar al poder económico que obtiene beneficios récord en el sector energético, al mismo tiempo que muchas personas sufren. Ridículamente, las empresas del oligolopolio, como Endesa, achacan el problema a supuestas plantaciones de marihuana. Es decir, no solo se lucran de sus necesidades sino que, además, injurian la dignidad de los afectados.

En el posterior coloquio ofrecido tras la proyección, los protagonistas del documental aportaron un valioso mensaje. Los problemas a los que se enfrentan las personas que habitan los barrios obreros tienen su origen en la lucha de clases, y solo la organización podrá frenar el ansia de especulación de quienes mercadean con las necesidades más básicas: salud, educación, vivienda o la propia energía.

Se agredecen documentales como este, que está disponible a la proyección de las salas o centros vecinales, que resultan edificantes y estimulantes y logran el sentimiento de unión de los espectadores, tal como ocurrió en su estreno en la mencionada sala sevillana, en la que los presentes acabaron coreando ¡que viva la lucha de la clase obrera!. Que viva siempre.

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